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Tango 
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Los millones de
inmigrantes que se precipitaron sobre este país en menos de cien años, no sólo
engendraron dos atributos del nuevo argentino que son el resentimiento y la tristeza sino
que prepararon el advenimiento del fenómeno más original del Plata: el tango. Este baile
ha sido sucesivamente reprobado, ensalzado, satirizado y analizado, pero Enrique Santos
Discépolo, su creador máximo, da lo que yo creo la definición más entrañable y
exacta: |
ERNESTO SÁBATO (de su libro "Tango, discusión y clave"
El tango fue tocado originariamente por un
músico solitario: guitarrista o acordeonista. Después se fueron formando tríos de
guitarra, violín y flauta, o clarinete; pero siempre con la guitarra como instrumento
base. Ya en el siglo XX fue reemplazado por el piano. Esos tríos fueron enriquecidos con
el bandoneón que eliminó totalmente al acordeón y fue sustituyendo a la flauta o
clarinete. Los tríos más famosos de este siglo se integraron con guitarra, violín y
bandoneón.
El tango habitó burdeles y "cuartos de chinas", academias, casas de baile,
bares de hombres solos, bailes de Carnaval, teatros, varietés y, secretamente, salones
privados donde lo bailó la "aristocracia".
Desde sus comienzos hasta 1920 es la época de la llamada "Guardia
Vieja", integrada por quienes son considerados como los precursores y fundadores del
tango. Las máximas figuras de la Guardia Vieja fueron: Rosendo Mendizábal, Angel
Villoldo, Carlos Posada, Alfredo Bevilacqua, José Luis Roncallo, Enrique Saborido,
Alfredo Gobbi, Manuel Campoamor, Juan Maglio, Luis Teisseire, Roberto Firpo, Domingo Santa
Cruz, Ernesto Ponzio, Prudencio Aragón, Manuel Arostegui, Vicente Greco, Juan Carlos
Bazán, Francisco Canaro ("Madreselva", "La última copa", "Pinta
brava"), Augusto Pedro Berto, José Martínez, Arturo Vicente de Bassi y Eduardo
Arolas. Los primeros tangos célebres fueron, entre otros, "La Morocha" de
Saborido, "La Payanca" de Berto, "Hotel Victoria" de Latasa y "El
Choclo" de Villoldo, quien además compuso en esa época "El
porteñito" y "Cuidado con los cincuenta".
La orquesta típica nace en 1911 como "orquesta típica
criolla": orquesta porque la integraban seis músicos, típica por ser una
determinada música -el tango- y criolla por ser una música autóctona. A partir de
entonces las orquestas típicas serían un clásico de nuestra música ciudadana.
Según cuenta José Gobello en El Diario del Tango (colección de la
Revista Noticias) "la letra del tango desciende del cuplé. Por eso, las aue se
consideraban las letras comienzan con "Yo soy..." A partir de Villoldo los
letristas hacen cuplés de compadritos (...) luego los cuplés malevos, los de
canfinfleros; ésas eran las cosas que cantaba el viejo Gobbi. Pascual Contursi introduce
el sufrimiento, las desdichas de la vida (...) Lo más importante de Pascual
Contursi es que cambió la estructura literaria de lo que hasta entonces se cantaba como
tango. De la primera persona del cuple (Yo...) pasó a escribir en segunda persona
("Percanta que me amuraste") y profundizando el cambio introduce el tema
narrativo, que algunos llaman argumento, escrito en tercera persona." En este
tipo de letra hay que ubicar "Mi noche triste" como el primer tango de
argumento, escrito por Pascual Contursi y estrenado por Carlos Gardel en 1917.

A los primeros nombres de
Maglio, Firpo, Canaro, Greco, Gardel-Razzano -duo que se forma en 1911 y perdura hasta
1925-, Corsini, Osvaldo Fresedo y Julio De Caro, y con el aporte de éste y de Juan Carlos
Cobian, Pedro Laurenz, Eduardo Arolas o Rosendo Mendizábal el tango se despliega por toda
la ciudad. Con Gobbi, Villoldo, Canaro y De Caro el tango llega a París y ya en los años
veinte se instala plenamente en el centro de Buenos Aires con Firpo, Maglio, Canaro, De
Caro, Cobián, Bardi, Arolas, Corsini entre otros.
En referencia a las letras José Gobello continúa diciendo que "después
de Contursi, llego Celedonio Flores, que tenía una cultura más amplia. Su poesía es de
un tono más sobrador (...) Las letras de Celedonio son más bien conversadas (...)
José González Castillo, el padre de Cátulo, tiene algunos temas bellísimos
("Griseta", "Silbando", "Sobre el pucho") y ya a mediados de
la década del veinte aparecen Enrique Santos Discépolo, Homero Manzi y Enrique
Cadícamo".
A Discépolo corresponden tangos como "Esta noche me
emborracho" (1927), "Yira, yira" (1930), "Cambalache" (1935),
"Uno" (1943) y "Cafetín de Buenos Aires" (1948). Nadie como él
describió en sus tangos la crítica vida de los años treinta.

Juan de Dios Filiberto, autor
de "Caminito" (1926) y "Quejas de bandoneón", creó en 1932 la
Orquesta Nacional de Música Argentina. Estos son los años de éxito de Carlos Gardel, ya
en 1928 había debutado en París y en 1931 inició su carrera cinematográfica.
Homero Manzi fue autor de tangos como "El Pescante" (1934),
"Malena" (1942), "Barrio de Tango" (1943) y el entrañable
"Sur" (1948). Manzi le aportó al tango cultura, lenguaje e imaginación.
A ellos deben sumarse como excelentes letristas Enrique Cadícamo,
Cátulo Castillo y Homero Expósito. En la línea de éstos, décadas más tarde, brilló
con sus letras Horacio Ferrer. A partir de las últimas décadas Eladia Blázquez es quien
mejor refleja en sus letras el espíritu de la música urbana actual.
A propósito de mujeres, éstas no fueron ajenas a la evolución y al
éxito del tango en nuestro país. Basta mencionar a quienes brillaron en las décadas del
treinta y del cuarenta, Ada Falcón y Sofía Bozán; desde los años cuarenta Tita Merello
y Nelly Omar; desde los años sesenta en adelante Susy Leiva, María Graña, Susana
Rinaldi, Beba Bidart, Virginia Luque, Rosana Falasca, Nelly Vázquez y Adriana Varela.



Si pensáramos en una selección de los mejores directores de orquesta
de estos primeros cien años de tango, seguramente deberíamos incluir a Anibal Troilo
"Pichuco", Osvaldo Pugliese, C. Di Sarli, Mariano Mores,
Miguel Caló, José Basso, Osvaldo Fresedo, Alfredo De Angelis, Francisco Canaro, Juan
D'Arienzo, Raul Garello y Astor Piazzolla.


Anibal Troilo constituye
el perfil del bandoneonista inolvidable, mito de Buenos Aires. En los 38 años que estuvo
al frente de su orquesta tuvo cantores como Fiorentino, Alberto Marino, Floreal Ruíz,
Roberto Goyeneche, Edmundo Rivero y Tito Reyes. Se cuenta que los cantantes de tango
aspiraban ser cantores de la orquesta de Troilo porque era seguro que así vendría el
éxito y la fama.
En tanto, Juan D'Arienzo fue el director de la orquesta más popular en
la década del '40 -llegó a grabar 239 temas-. La orquesta de Osvaldo Pugliese se
caracterizó por la permanencia de sus músicos en ella y de su propio permanencia: la
orquesta se mantuvo durante 55 años; tuvo la particularidad de ser una cooperativa y
de que Pugliese trasladase su espíritu solidario al funcionamiento de la orquesta.



Astor Piazzola significó una revolución en la forma de componer la música urbana porteña. Su estilo y sus temas son el sonido que representa al Buenos Aires de hoy. Quizás el tango que lo simboliza sea "Adios Nonino". Decía Piazzolla "fue el mejor tango que escribí. Tiene un misterio especial: el ritmo, la melodía y ese glorioso final triste". Otros temas que compuso fueron "Verano Porteño" y "Libertango" entre muchos. Piazzolla le dió a la música de Buenos Aires una trascendencia internacional que no tenía desde Carlos Gardel.

Entre los cantantes de tango más
importantes, además de Gardel, debemos recordar a Floreal Ruíz -quien cantó con las
orquestas de Alfredo De Angelis, Troilo, Rotundo y José Basso-; Agustín Magaldi; Angel
Vargas "el ruiseñor de las calles porteñas" -que grabó entre 1938 y 1959 con
D'Agostino y Lacava-; Alberto Castillo "el cantor de los cien barrios
porteños", de enorme éxito en los años cuarenta y cincuenta, es el cantor más
arrabalero que tuvo el tango -el mismo reconoce alguna de sus innovaciones: "yo
fui el primero que empezó a caminar por todo el escenario, a cantar con todo el cuerpo.
Antes, los cantantes de orquestas se paraban ante el micrófono, cantaban el estribillo y
se escondían detrás del piano"-; Hugo del Carril -por su estampa y estilo
gardeliano hicieron pensar que podía ser su sucesor tanto como cantor como en el cine-;
Roberto "el Polaco" Goyeneche -su mejor época fue con las orquestas de Salgán
y de Troilo, fue quizás el último gran ídolo del tango, que transmitió su emoción
cantando y después contando: contaba lo que cantaba-; Edmundo Rivero -de quien alguna vez
se dijo que era el último payador argentino porque cantaba temas sureños y también
tangos-; y también Roberto Rufino, Alberto Marino, Alberto Morán, Julio Sosa "el
varón del Tango"-¿quién como él para interpretar "Cambalache"?-; y en
tiempos más recientes Argentino Ledesma, Jorge Sobral, Nestor Fabián, Ruben Juárez,
Enrique Dumas, Raúl Lavié, Chico Novarro y Cacho Castaña.

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