"Hemos encontrado una tierra mejor

En una lejana región del Sur,

En Patagonia.

Allí viviremos en paz,

Sin miedo a traidores ni espadas,

Y allí Gales será rey".

(canción entonada por el primer contingente de galeses que partió hacia la Patagonia)

 

No se puede hablar de la historia de la patagonia sin dedicarle una buena parte de la misma a un grupo de inmigrantes europeos que se instaló en la Argentina con el propósito de crear una colonia, el país galés.

Fueron un factor preponderante para determinar los límites en la Patagonia, sin ellos es muy probable que ese territorio tan rico en paisajes, hoy no sería nuestro. Sin embargo los libros de historia argentina los ignoran, y es muy difícil poder encontrar información acerca de sus valiosos aportes.

¿Por qué son ignorados?, tal vez porque en ese momento "quedaba más lindo" decir que la Patagonia era nuestra, gracias a la intervención de Roca con su campaña al desierto; tal vez porque la historia de nuestro país, lamentablemente, es escrita desde el poder, no siempre con la verdad sino con lo que más conviene a sus intereses.

En resumen, los galeses hicieron mucha más "patria" que Roca y todo su ejército, ya que pudieron habitar la Patagonia sin colonizarla y sin tener conflictos bélicos con los indígenas del lugar.

Como dice León Gieco en su canción "El Embudo, Himno a la Patagonia": - Allá se inventa la historia, aquí se escribe con sangre".

Los galeses supieron escribir una página en nuestra historia que los libros podrán saltear, pero que los argentinos no debemos olvidar.

 

Los galeses inmigraron a nuestro país como una forma de recuperar su identidad, ya que en sus tierras, los ingleses los dominaban, y se encontraban sin esperanzas de liberación. Estaban obligados a trabajar duramente y en condiciones inhumanas, vivían en poblaciones obreras en donde, además de todos los problemas ya nombrados debían hablar un idioma que les era ajeno (el inglés), teniendo que cambiar las antiguas costumbres galesas por las de sus dominadores. Es por esto que en la década de 1860 ya resignados al fracasar una rebelión encabezada por el más importante líder local (Owan Glendower) emigran más de doscientos mil galeses a diferentes destinos como Estados Unidos, Canadá, Australia, Brasil y....... LA PATAGONIA.

A donde quiera que fuesen, siempre guiaba a los galeses un mismo objetivo: Poder hablar exclusivamente en su lengua, porque creían que si perdían su lengua, también perderían su identidad, que dejarían de ser ellos mismos. En resumen, ellos ansiaban arribar a la "tierra prometida", en donde podrían ser galeses en idioma y espíritu.

 

La gestión inicial para movilizar un grupo de inmigrantes hacia esta lejana región del sur la efectuaron el marino Love jones-Parry, Barón de Madryn, y el joven tipógrafo Lewis Jones, quienes se entrevistaron con el ministro Rawson durante la presidencia de Mitre. Rawson, como era de esperar, no rechazó la idea; el proyecto galés comenzaba a tomar forma.

Lo que más sedujo a los galeses de la Patagonia era que la tierra era plana y para ellos, que provenían de lugares muy montañosos, hablar de una geografía plana significa hablar de una tierra llana, en donde todo crece sin esfuerzos.

De más está aclarar que la cruda realidad de la Patagonia chocó con las ideologías de los ingenuos inmigrantes.

El primer contingente de colonos galeses arribó imprudentemente en pleno invierno, en el trayecto sin escalas habían nacido dos criaturas y otras cuatro fallecieron.

Después de cuatro días no pudieron descubrir una fuente de agua potable, ya muy exhaustos y sedientos, deciden marcharse hacia el valle del río Chubut, en donde fundan el pueblo de Rawson. Así quedó establecida la Colonia del País de Gales.

 

Como los galeses venían de las minas o canteras, conocían poco y nada acerca del cultivo y demás tareas agrícolas; los fracasos se suceden uno tras otro y se producen varias deserciones. Muy golpeados pero esperanzados, reciben ayuda del gobierno Argentino y del británico, incentivados por estas provisiones, los colonos deciden quedarse por decisión propia.

Tiempo después, los Tehuelches instalan unas tolderías a pocos metros de la colonia y entablan relaciones cordiales con ellos, los galeses se ven notablemente beneficiados, ya que los indios les enseñan a manejar la hacienda, a montar y a cazar además de otras funciones imprescindibles para subsistir. A pesar de esta ayuda, los cultivos no prosperan y la paciencia se les acaba. Pero cuando ya todo parecía perdido, ingenian un sistema de riego que hace que el agua fluya hacia los cultivos y así salvan la cosecha.

 

En el año 1874 llega desde Estados Unidos un nuevo contingente de inmigrantes galeses, entre los que se encuentran agricultores expertos que logran modernizar las técnicas de la producción agropecuaria. Se establecen negocios que dan principio a una provechosa comercialización de lo producido y se hace el primer embarque de cereales. Al año siguiente se funda el pueblo de Gaiman.

En el año 1878 se realiza un censo que obtiene los siguientes datos:

En la colonia hay setecientos cincuenta y nueve habitantes, se registraron cuarenta y ocho nacimientos; la hacienda se compone de dos mil cuatrocientos vacunos, setecientos equinos y ochocientos cincuenta y nueve lanares; el campo sembrado superaba las quince mil hectáreas. Dos años más tarde se construirían dos molinos harineros.

El sueño Galés ya era una realidad.

 

Imprimieron un pequeño periódico y construyeron una escuela; si bien el único texto en galés era la Biblia, les fue suficiente para conservar y difundir su idioma.

En 1877 ya existían en la colonia tres escuelas, y el gobierno argentino editó cinco libros de texto en galés para que los niños conozcan algo acerca de nuestro país, y que de esta manera vayan asimilando nuestras costumbres.

 

El 28 de mayo de 1885 el coronel Luis Fontana, designado gobernador, inicia en Chubut un período progresista, extendiendo los dominios de la colonia hacia el oeste. Para poder realizar esas expediciones, crea la Compañía de Rifleros del Chubut que constaba con treinta voluntarios.

EL MALACARA, UN CABALLO PATRIOTA

En el año (1883) John Evans organizó una expedición en busca de oro junto dos galeses y un australiano. Cuando se encontraban acampando en la confluencia de los ríos Lepa y Chubut, dos Araucanos invitaron a los expedicionarios a que los acompañasen hasta las tolderías, los galeses rechazaron la invitación, pero Evans quedó muy intranquilo, presentía algo acerca de las intenciones de los indígenas. Es así que deciden levantar campamento y viajan durante todo el día y la noche, tratando de cabalgar sobre suelos pedregosos para no dejar rastros, cuando creían que los araucanos habían desistido de la persecución, al pasar por el lecho seco de una laguna, escuchan unos alaridos y en un instante ya estaban rodeados por indígenas, la lluvia de lanzas comenzó, y ahí es donde empieza la leyenda del valiente caballo de Evans: El Malacara.

Evans ve a sus tres compañeros lanceados, y él, desesperado, sólo alcanza a clavar las espuelas en su caballo y esperar a que este haga un milagro. Malacara rompe el circulo hecho por los indios y logra huir, pero estos corren tras él. De pronto aparece frente a ellos un zanjón de aproximadamente cuatro metros, no quedaba otra alternativa, y Evans tienta a su caballo para que lo salte, el Malacara logra la hazaña y gracias a esto escapa del acecho de los indios. Esta expedición que en principio sólo se hizo para buscar oro, fue de gran importancia para el país, ya que Evans informó haber llegado hasta los andes y no haber visto allí ninguna bandera. Al obtener estos datos el coronel Fontana organizó una expedición con los rifleros del chubut y fundó allí una nueva colonia argentina (En la actualidad la ciudad de Esquel). Por esto es que podemos afirmar que gran parte de la Patagonia fue ocupado antes por argentinos gracias al accionar de un caballo: EL MALACARA.

 

Los galeses entablaron muy buenas relaciones con los aborígenes y si bien no sirvió de mucho, pidieron reiteradas veces que traten a los Tehuelches (a quienes consideraban sus "hermanos del desierto") con toda la benevolencia y ayuda.

La colonia galesa pudo convivir en paz no sólo con los Tehuelches, sino también con, por ejemplo, los araucanos, quienes organizaban la mayor cantidad de malones contra las estancias de Bs. As. los indios sabían que los galeses estaban desprotegidos y que toda ayuda de Bs. As. llegaría a destiempo; pero sin embargo, nunca los atacaron. Aún después de la sangrienta campaña del desierto, los galeses supieron entender las actitudes de los indios, como se puede apreciar en una carta que escribió Eluned Morgan, en la que dice: "Los pocos indios que lograron refugiarse en las montañas estaban tan enloquecidos por el miedo, que no tenían más que un anhelo llenando su corazón: El de vengar la sangre de sus seres queridos. ¿Qué galés los puede culpar?.