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Los Combustibles Fósiles y la Protección del Clima: La Lógica del Carbono

Sin mediar políticas de reducción de emisiones, en 30 años habremos emitido suficiente dióxido de carbono como para producir cambios climáticos irreversibles y devastadores. Los “limites ecológicos” propuestos por los científicos obligan a reducir emisiones rápidamente e iniciar el abandono de los combustibles fósiles.

1 - El hombre está modificando el clima del planeta. A pesar de las incertidumbres que existen acerca del comportamiento climático de la tierra, los científicos estan previendo profundas modificaciones en ella durante el próximo siglo problablemente excederá cualquier otro ocurrido en los últimos 10.000 años.

2 - En 1995 el IPCC (Panel Intergubernamental sobre cambio climático) de las Naciones Unidas halló que la temperatura  promedio global ya se ha elevado entre 0,3-0,6ºC en comparación con los niveles  pre-industriales. Las tasas de crecimiento de las temperaturas globales debido al nivel actual de emisiones de gases de invernadero y los pronósticos de emisiones futuras tienden  a ser de 0,2,-0,3ºC  por década para los póximos decenios.

En 1995 el IPCC halló que el nivel del mar se había elevado entre 10 y 25 cm en los últimos 100 años. Tal incremento está fuertemente asociado el incremento de la temperatura global.

3 - Los combustibles fósiles son los grandes responsables de las emisiones de dióxido de carbono, el principal gas que acentúa el denominado “efecto invernadero”. Por mucho tiempo se creyó que el uso de petróleo, gas y carbón tendría un límite: las reservas existentes. Hoy podemos comprobar que la crisis climática antecede el anunciado agotamiento de las reservas.

Esta crisis pone límite claro y urgente al uso de esos combustibles.

4 - El mundo científico ha establecido ciertos “límites ecológicos” más allá de los cuales resulta extremadamente riesgoso pasar. Según los expertos, si la temperatura media global se eleva  en cantidad superior a 1ºC respecto de los niveles de los niveles pre-industriales, se va a haber alcanzado uno de esos límites. Además, no sólo importa el aumento de la temperatura sino también la velocidad de ese incremento (0,1 grado por década es la “velocidad máxima” a la que el planeta puede calentarse). También se estableció que una elevación del nivel del mar de 20 cm respecto del nivel de 1990 también es un límite  ecológico que no debe ser superado.

5 - Teniendo en cuenta los “límites ecológicos” mencionados se puede establecer cuál sería la cantidad máxima de dióxido de carbono que podría emitirse. Esa “cuota de carbono” oscila entre 145 y 265 GtC (giga toneladas de carbono), dependiendo de la contribución  al total de dióxido de carbono atmosférico proveniente de la deforestación. Siendo de 225 GtC la “Cuota de Carbono”  más realista.

6 - Si se mide las reservas de hidrocarburos en unidades equivalentes de emisión (GtC) se tiene que existen unas 638 GtC de carbón, 240 GtC de petróleo y 175 GtC de gas. En tanto, la base de recursos potenciales asciende a unas 4000  GtC. El PICC estima que el consumo de combustibles fósiles hasta el 2100, si no se adoptan políticas de reducción de emisiones, llegará a unos 1500 GtC. Dada la actividad exploratoria y los nuevos desarrollos técnicos para la explotación es improbable que haya escasez de combustibles fósiles.

7 - Sin embargo, la conclusión de mayor importancia es la que la cantidad máxima de combustibles fósiles que el mundo puede quemar sin superar los “límites ecológicos” (o “Cuota de Carbono”) es apenas del 25% de las reservas conocidas de petróleo, gas y carbón y solo de un 5% de los recursos potenciales. Contando sólo las reservas de petróleo y gas, la “Cuota de Carbono” permitiría quemar solo la mitad.


Al actual ritmo de consumo de combustibles fósiles habremos quemado esa “Cuota de Carbono” en los próximos 25 o 30 años, es decir para el 2025 o el 2030. Luego de esa fecha estaremos emitiendo gases que producirán cambios climáticos mas allá de los “limites ecológicos” aconsejados por los científicos.

Esto es lo que denominamos la “lógica del carbono”. Debemos disminuir de manera urgente las emisiones si no queremos consumir la “Cuota de Carbono” permitida en solo tres décadas. No podremos quemar la totalidad de las reservas conocidas si queremos evitar el colapso climático. Los combustibles fósiles deben ser abandonados.

Superar esos límites tendría enormes consecuencias. Muchos ecosistemas cambiarían radicalmente y se resentirían económicamente numerosas regiones provocando graves crisis sociales. El nivel del mar pondría en riesgos a millones de personas y al suministro de agua potable en muchos sitios. La expansión de enfermedades junto a fenómenos meteorológicos más extremos impactarían fuertemente en la salud humana en diversas regiones.

La existencia de dicha “Cuota de Carbono” establece un límite incontrastable que obliga a la comunidad internacional a actuar de manera urgente para disminuir  las emisiones que afectan al clima. Además de limitar la cantidad de dióxido de carbono a emitir se debe tener  en cuenta el ritmo para efectuar esas reducciones. Si no se efectúan reducciones progresivas desde ahora, las reducciones que deberán realizarse en el futuro (más allá del 2010) deberán ser muy importantes y difíciles de llevar a la práctica. Haciendo un análisis acerca de cuales deberían ser los niveles de reducción  en el corto plazo se llega a la conclusión  de que es necesario reducir en un 20% las emisiones de dióxido de carbono hacia el año 2005 comparado con los niveles de 1990.

Las conclusiones de la lógica del carbono son ineludibles. Greenpeace reclama una inmediata acción por parte de los gobiernos de las naciones industrializadas para:

 ·         Adoptar un compromiso legalmente vinculante para reducir sus emisiones de  CO2 en un 20% sobre los niveles de 1990 para el año 2005 en la Tercera Conferencia de las Partes de la Convención Marco sobre Cambio Climático en Kyoto en diciembre de 1997.

·         Adoptar políticas nacionales para reducir sustancialmente las emisiones de  CO2 y otros gases de invernadero.

·         Detener los planes que permitan la expansión de la exploración de reservas de gas y petróleo.

·         Detener los desarrollos tecnológicos para acceder a la explotación de las reservas no convencionales de petróleo y gas.

·         Iniciar  el abandono del uso del carbón en las plantas de generación de electricidad y detener la minería del carbón.  

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