Energía eólica
Industria automotriz
Dengue
Residuos peligrosos
Residuos hospitalarios

Debido a la amplitud del tema, sólo trataremos algunos de los temas presentados como Acciones negativas del hombre o Posibles soluciones.

ENERGÍA EÓLICA

La energía eólica se basa en a utilización del viento como energía primaria. Este ha sido un recurso usado desde tiempos remotos en diferentes partes del mundo y para diferentes propósitos.
En Argentina su utilización para el bombeo de agua ha sido muy común en la zona rural, adaptándose a las más diversas condiciones climáticas del país. Los molinos para bombeo de agua, ya sea para riego, bebederos de ganado, etc. se difundieron en el país desde el siglo pasado, constituyendo, aún hoy, un paisaje común en la zona rural de las provincias argentinas.
La Secretaria de Energía y Puertos de nuestro país, estimó en más de 500.000 el número de molinos multipala instalados, especialmente en la región patagónica y pampeana.
Otro uso de la energía eólica ha sido la utilización de “molinetes” o cargadores de baterías. Estos servían básicamente para cargar baterías y/o acumuladores que hacían funcionar radios y otros equipos valvulares de antaño. Con la llegada de los equipos a transistores y portátiles, estos cargadores fueron quedando en desuso.
Este tipo de aerogeneradores volvieron a hacer su aparición en los ’79 para ser usados en zonas aisladas, sin suministro eléctrico, revalorizando, además, la utilización de fuentes de energía no tradicionales.

La energía eólica tiene una amplia gama de aplicaciones, y su rol será, cada vez, más importante. Estas aplicaciones van desde los pequeños generadores para brindar suministro eléctrico a instalaciones de bajo consumo en sitios donde no llega la red eléctrica comercial, hasta los grandes parques para generación de electricidad a ser entregada a redes de distribución.
La generación eólica, a nivel mundial, crece desde 1990 a un promedio anual de un 20%. Los precios de generación han caido un 75% en los últimos 10 años. La generación eólica se ha convertido en la más importante de las fuentes no convencionales de energía. Pese a esto Argentina ignora un recurso natural disponible y no tiene programa alguno para aprovecharlo.
El desarrollo de las fuentes energéticas no convencionales no ha estado en la prioridad de los organismos nacionales de gobierno, los cuales se han concentrado casi exclusivamente al fortalecimiento y ampliación del programa nuclear, sobre todo durante los gobiernos militares.
Con el advenimiento de la democracia, se crean en 1985 tres centros de investigación y desarrollo: el Centro Regional de Energía Solar (Salta), el Centro Regional de Energía Geotérmica (Neuquen) y el Centro Regional de Energía Eólica (Chubut).
El Centro Regional de Energía Eólica (CREE), creado por convenio entre la Provincia de Chubut, la Universidad Nacional Patagónica “San Juan Bosco” y la Secretaria de Energía de la Nación, tiene como objetivos básicos:

Ø      Concentrar el conocimiento sobre el tema.

Ø      Realizar acciones para su aplicación.

Ø      Asesorar técnicamente en la materia.

Ø      Mantener un intercambio permanente de información con otras entidades técnicas-científicas.

Ø      Capacitar profesionales.

En febrero de 1989 finalizaron exitosamente negociaciones con el ministerio Alemán de Investigación y Tecnología para instalar un parque eólico de cuatro turbinas de 30 kW cada una en la localidad chubutense de Río Mayo (localidad con un promedio anual de vientos de 8mts/seg), las cuales se complementarían con un equipo diesel que generaría un 60% de la producción - hoy en día la actual tecnología permite diseñar sistemas híbridos eólicos-térmicos con una participación muy superior de los generadores eólicos-.
Este parque se puso en funcionamiento a comienzos de 1990 y constituyó la primera instalación eólica de mediana envergadura en Argentina. Esta instalación fue la primera que permitió generar electricidad a partir de viento, volcándola a una red de servicio
público.

 

 

INDUSTRIA AUTOMOTRIZ

En la región metropolitana de Buenos Aires se concentra el 25% del parque automotriz del país. Según estimaciones, el 80% de la contaminación del aire en la región se origina en los gases emanados por lo escapes de los automotores (Mufarrege, 1996).
Durante años se ha creido que Buenos Aires se encontraba en una situación privilegiada con respecto a otras ciudades como México y San Pablo, debido a que se halla en una llanura y a la posibilidad de los vientos de “limpiar” más fácilmente el aire urbano. Sin embargo, el aumento del parque automotor registrado en los último años, la permanencia de vehículos viejos y en mal estado, la ausencia de medidas preventivas, los crecientes congestionamientos y la falta de controles eficientes sobre las emisiones muestran que lo que originariamente se consideró como un privilegio de Buenos Aires hoy se nos vuelve en contra por haber servido para justificar la falta de acciones correctivas y preventivas.

Actualmente, y a pesar de la legislación que estipula los niveles máximos “permitidos” de emisión de gases contaminantes en el orden nacional y municipal, los sistemas de medición de la calidad del aire son casi inexistentes.
Desde el ámbito no gubernamental, la Fundación Argentina Siglo XXI realiza mediciones de concentraciones de monóxido de carbono.
Las políticas implementadas en los últimos años han priorizado el crecimiento del transporte individual sin evaluar sus costos ambientales y sanitarios. Se continua publicitando el crecimiento del número de autos como una medida de crecimiento económico, sin tener definidas políticas efectivas que permitan prever y prevenir los inevitables daños producidos por la contaminación, los congestionamientos, los accidentes y los tiempos invertidos en transporte lo cual se traduce en una mayor exposición a una concentración de contaminantes durante un periodo de tiempo más prolongado de los habitantes de las grandes ciudades.

Más allá de cualquier interpretación económica o política, el PLAN CANJE, implementado desde principios de 1999, permite la renovación de unidades de más de 10 años de antigüedad, con el beneficio ambiental que ello implica.

 

 

 

DENGUE

El Dengue es una enfermedad de los primates que se originó en los bosques tropicales de África y Asia. Acerca de los humanos, el principal vector en las áreas urbanas es el Aedes Aegypti, una especie africana que se ha acercado a las zonas habitadas por el hombre. La mayoría de los casos son limitados pero una pequeña proporción se convierte en una enfermedad seria, la fiebre hemorrágica del dengue o el síndrome de dengue, que puede poner en peligro la vida. En el presente no existe una vacuna en contra del Dengue.
El dengue se ha dispersado por el mundo y se ha convertido en tema común. Presuntamente por esta razón es que ha recibido tanta atención como una combinación de vector/enfermedad que se dispersará por las altas altitudes y latitudes si la temperatura sigue aumentando.

Dengue en la Argentina.

Aedes Aegypti fue introducido a América en la época de los esclavos. Actualmente está esparcido y es común en muchas áreas urbanas, excepto en las altas altitudes, desde el sur de los Estados Unidos hasta Argentina.
Hoy, el dengue es una enfermedad endémica en el Caribe, México, América Central y Sur América. Muchas personas viajan desde las zonas infectadas a Argentina cada año, y muchos casos importan la enfermedad. Esta vía de contagio no puede ser atribuida a las variaciones en el clima, porque los veranos de las zonas donde habita el Aedes Aegypti son mucho más calurosas y húmedas que las zonas endémicas de dengue de los trópicos. Observamos que la mera presencia del vector y del clima adecuado no garantizan que la transmisión vaya a ocurrir. Lo que queda claro es que algunas localidades de la Argentina tienen las mismas condiciones de vida que las zonas endémicas y hay otras que no; lo que se sabe es que la enfermedad se transmite por el contacto directo entre el vector y el huésped.
Climáticamente, el borde no tiene ningún  significado y el Aedes Aegypti ocurre de los dos lados de la línea, porque mucha gente se traslada de las zonas con la enfermedad a otras zonas que no la tienen llevando con ellos el virus.
A medida que las zonas cálidas y húmedas se desplazan hacia el sur debido al cambio climático, también lo hacen las zonas endémicas del Dengue llegando a altas latitudes como la Argentina y Estados Unidos y a las altas alturas.
Un alto porcentaje de la población  son de clase media y baja y el aire acondicionado se usa escasas veces, mientras que las ventanas permanecen abiertas durante la mayoría del día en el verano. Muchas actividades públicas ocurren en al aire libre, como balcones, casas de fin de semana y restaurantes al aire libre, lo cual es un lugar ideal para que el vector tome contacto con su huésped.

 

 

RESIDUOS PELIGROSOS

Argentina enfrenta un grave problema causado por los enormes volúmenes de residuos peligrosos generados, en su mayor parte, por la industria. Las únicas respuestas que ha dado el gobierno han estado relacionadas con la instalación de las llamadas plantas de tratamiento de residuos. Sin embargo, la experiencia internacional ha demostrado que no existen tratamientos que logren hacer que la mayoría de los residuos peligrosos dejen de serlo. Al final de esos tratamientos los residuos son enterrados o quemados, y tarde o temprano pasan a contaminar el suelo, el aire o las aguas.
La incineración es un método creado para disponer de la basura. Todos los incineradores liberan residuos al medio ambiente, ya sea por la emisión de desechos sin quemar o bien por la generación de nuevos compuestos en le mismo horno. Si los residuos quemados contienen cloro, entonces los compuestos formados son dioxinas o furanos. Según la Agencia de Protección del Medio Ambiente de EEUU, la exposición a dioxinas provoca alteraciones en el sistema inmunológico, malformaciones congénitas  y probablemente cáncer.

 

   

 

LOS RESIDUOS HOSPITALARIOS

Existen dificultades para la obtención de información precisa respecto de las cantidades producidas en las distintas provincias y municipios.
Estas complicaciones están relacionadas con el hecho de que la cantidad de residuos depende de la clase de hospital y las especialidades que se efectúan en él. A menudo no son cifras reales sino simple aproximaciones.
En algunos estudios, sólo los residuos infecciosos son considerados. En otros, se incluya el total de residuos generados en un hospital o centro de salud.
Algunos hospitales cuentan con incineradores in situ donde queman sus propios residuos. Según información el porcentaje activo es muy bajo. Para los incineradores que funcionan no existe prácticamente control sobre las emisiones aéreas que producen.
Cuando no se incineran o se deriva a otros incineradores, son enviados con la basura común a los rellenos sanitarios o a los basurales a cielo abierto.
Existen legislaciones sobre el tema, en el ámbito nacional, provincial y municipal. Las normas reconocen la necesidad del tratamiento de estos desechos, aunque pocas advierten la importancia de realizar una importante separación de los distintos tipos de residuos y de darle tratamiento y destinos diferenciados según sus características. En este sentido, por ejemplo, la ley 11.347 de la provincia de Buenos Aires con su decreto reglamentario propone el tratamiento de vendas usadas, material descartable con contaminación sanguínea y otros residuos potencialmente infecciosos junto con drogas y fármacos. (Decreto Reglamentario Ley 11.347). A pesar de admitir otras alternativas además de la incineración, la inclusión de las drogas y los fármacos junto con los residuos infecciosos sugiere que esta sea la tecnología elegida debido a que los métodos de esterilización empleados –como autoclave y microondas- no suelen ser útiles para la gestión de residuos químicos peligrosos.
A pesar de que algunas de las normas reconocen métodos de tratamiento de los residuos hospitalarios distintos de la incineración, es sorprendente la atención que se le presta a esta tecnología en particular, en detrimento de cualquiera de las otras. Sin embargo, en relación a las emisiones de esas plantas, sólo se dice que no puede superar las emisiones máximas permitidas por la autoridad competente. En ese sentido, con respecto a las dioxinas, existen parámetros presentes no solo en la legislación de la provincia de Buenos Aires sino también en una reciente ordenanza municipal de la ciudad de Rosario que mencionan como límite máximo de emisión de dioxinas a 0,0311 fg/Nm3. Vale aclarar que los niveles máximos permitidos, por ejemplo en Alemania donde existe una mayor preocupación por las dioxinas, son de 0,1 ng/Nm3, es decir alrededor de 7 órdenes de magnitud más laxos que en nuestro país. Evidentemente, se trata de un error en la legislación local, o los parámetros se fijaron para no ser cumplidos. En cualquier caso, deja en evidencia la absoluta falta de preocupación por parte de las autoridades sanitarias en relación a las dioxinas.
En la Argentina, las inversiones necesarias para instalar los incineradores hacen que la única manera de recuperar rápidamente el capital invertido sea a través de la instalación de plantas más que precarias, con dispositivos de control de la contaminación prácticamente inexistentes. La falta de controles por parte de las autoridades sumada al hecho de que un verdadero monitoreo suponía grandes gastos en capacitación, equipamiento y tecnología- gastos que los municipios no siempre están capacitados para hacer- conduce a aumentar enormemente los riesgos asociados a la instalación de incineradores en la Argentina, así como los márgenes de ganancia de las empresas incineradoras.
La separación de los objetos punzantes en contenedores rígidos es una práctica común en muchos hospitales de Argentina. Por lo tanto, en lugar de incinerarlos se trataría de dirigir esos contenedores hacia el lugar de esterilización.
Es claro que, en la Argentina, el factor limitante en muchos casos –aunque no en todos- es el dinero y prima como criterio de elección de los materiales y productos aquellos que son más económicos. Sin embargo, con la información que se cuenta actualmente sobre las consecuencias ambientales, sanitarias y finalmente económicas de muchas de las prácticas empleadas, los hospitales y los organismos administrativos relacionados con la salud tienen la obligación de tener presente estos problemas e ir estableciendo políticas graduales de cambio hacia las soluciones propuestas para los criterios de elección de los productos.

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