Es un animal muy extraño, semejante a un reptil
con un solo ojo en la frente redondo y sin párpados. Dice la leyenda que nace de los
huevos pequeños y sin yema que ponen algunas gallinas y en algunas regiones se comenta
que de los huevos puestos por gallos viejos.
El basilisco puede esconderse en cualquier recoveco de la casa y la persona que lo vea al
ojo puede morir de inmediato o quedar ciega. Una forma de combatir a este prodigio es
lograr que se observe en un espejo y muera del espanto.
Hay que tener cuidado de destruir los huevos antes de que el animal nazca, pues su
gestación dura alrededor de un día.
Se dice que es un niño que murió sin ser
bautizado o un niño malo que golpeó a su madre. Es muy pequeño, lleva un sombrero
grande y llora como una criatura. Tiene una mano de hierro y otra de lana, cuando se
acerca a alguien le pregunta si con cuál mano desea ser golpeado. Algunos dicen que, sin
importar la elección, el duende golpeará siempre con la de hierro. Otros, en cambio,
aseguran que los desprevenidos eligen la de lana y que es ésta la que en realidad más
duele.
Posee unos ojos muy malignos y dientes muy agudos. Suele aparecer a la hora de la siesta o
en la noche en los cañadones o quebradas. Tiene predilección para con los niños de
corta edad, aunque también golpea sin piedad a los mayores.
En la zona de los Valles Calchaquíes existen dos historias muy curiosas con respecto al
duende:
Una cuenta que un arqueólogo, internándose en el cerro a horas de la siesta escuchó el
llanto de un niño. Al acercarse vio un párvulo en cuclillas y con la cabeza gacha.
Cuando le preguntó si qué le sucedía, el niño alzó su maligno rostro y mostrando sus
agudísimos dientes al tiempo que sonreía, le dijo:
- Tatita, mírame los dientes...
El "gringo" salió corriendo tan veloz como las piernas le daban y nunca
regresó.
La otra historia, narrada por Lucindo Mamaní, de Tafí del Valle, cuenta que se vió al
duende conversando en un zanjón con un niño que estaba a su cuidado (actualmente un
prominente médico). Al acercarse don Lucindo, el duende -llamado "enano del
zanjón" por los lugareños- salió huyendo.
Según se dice, el Familiar es el demonio mismo,
y por lo general se lo ha visto o se tiene conocimiento cabal de él en zonas de grandes
establecimientos fabriles o ingenios.
Es comentado que los dueños de estas fábricas, realizan un contrato con el Diablo por el
cual éste puede comerse unos cuantos peones para que la industria tenga un año
próspero.
Mucha gente asegura que el familiar, la mayoría de las veces con forma de gigantesco
perro negro sin cabeza y que arrastra una pesada cadena, se pasea por las noches en medio
de los cañaverales a la espera del que será su próxima víctima.
En otras provincias se dice que el Familiar tiene también forma de víbora negra y con
pelos o tal vez de persona.
Como a la mayoría de estos seres, la forma de contrarrestar su ataque es con un rosario,
una cruz, mucha valentía o Fe.
Nuestro interior provinciano es muy lindo en
paisajes y bellezas naturales, pero más bondadosa ha sido la naturaleza con el hombre que
habita en esas "soledades"; en esa eterna quietud y paz. Soledad que se
convierte en compañía para el espíritu, que le infunde melancolía y le fortifica el
alma. Pero no siempre hay tranquilidad en esos parajes; las corridas, los velorios,
las fiestas religiosas y las supersticiones mantienen inquieto al hombre de cerro y de
campo y le tornan divertida su monótona vida.
La riqueza cultural de nuestra gente es inimaginable; resultado de la fusión de las
antiguas culturas aborígenes, del cristianismo, de las soledades y desventuras que en el
marco geográfico se desarrollaron a través de años y años. Un tesoro que el hombre de
la ciudad por su vida agitada y sofocante muchas veces no conoce, y que forma parte de
nuestra tradición.
Entre las supersticiones y leyendas de la gente del campo o de los cerros está la de la
"luz mala" o "Farol de Mandinga", mito con trascendencia religiosa que
se extiende por casi todo el Noroeste Argentino.
En algunas épocas del año (generalmente las más secas) se suelen ver de entre las
pedregosas y áridas quebradas de los cerros del oeste tucumano (Mala Mala, Nuñorco,
Muñoz, Negrito, Quilmes, etc), a la oración - de tarde -, o cuando los últimos rayos
del sol iluminan las cumbres de los cerros y el intenso frío de la noche va instalándose
en los lugares sombreados, una luz especial, un fuego fatuo; producto de gases exhalados
por cosas que se hallan enterradas conjugados con los factores climáticos; a ella - con
terror y morbosidad - los lugareños denominan "luz mala" o el "farol del
diablo".
El día de San Bartolomé (24 de agosto) es el más propicio para verlos, ya que es cuando
parece estar más brillante el haz de luz que se levanta del suelo y que, por creencia
general, se debe a la influencia maligna, ya que popularmente estiman que es el único
día en que Lucifer se ve libre de los detectives celestiales y puede hacer impunemente de
las suyas (Ambrosetti, "Supersticiones y leyendas").
La luz es temida también por que imaginan ver en ella el alma de algún difunto que no ha
purgado sus penas y que, por ello, sigue de esa forma en la tierra.
Generalmente nadie cava donde sale la luz por el miedo que ésta superstición les ha
producido, los pocos que se han aventurado a ver que hay abajo de la luz siempre han
encontrado objetos metálicos o alfarería indígena - muchas veces urnas funerarias con
restos humanos, lo que aumentó el terror- que al ser destapada despide un gas a veces
mortal para el hombre, por lo que los lugareños aconsejan tomar mucho aire antes de abrir
o sino hacerlo con un pullo - manta gruesa de lana - o con un poncho, de suerte que el
tufo no llegue a ser respirado.
Debido a la continua migración a las ciudades y centros poblados, y por constante
progreso estas leyendas van quedando reservadas solo para los mayores; la juventud se
preocupa por otras cosas que estima más importante.-
También llamada Alma-mula, este engendro es una
mujer condenada por pecados muy graves en contra del pudor. Galopa por los campos haciendo
un ruido metálico estruendoso - como si arrastrara cadenas -; echa fuego por la
boca, los ollares y los ojos y mata a la gente a dentelladas o a patadas. Se la ve sólo
de noche y su apariencia es la de una mula envuelta en llamas..
En Tafí del Valle se ha encontrado, en la "Ruta de Birmania" (camino que lleva
al Ojo de Agua y que pasa por detrás de la Loma del Pelao), una piedra con una pisada de
este animal.
Se comenta que sólo un hombre con mucha Fe o muy valiente puede escapar de su infalible
ataque. Para repelerla o defenderse se debe repetir tres veces "Jesús, María y
José".
Algunas personas dicen que el Alma-mula es el Diablo mismo.
Es una fiesta organizada en honor al macho
cabrío en algún socavón de roca alejado del poblado. En ella se sirven exquisitos
manjares y bebidas y se baila y canta hasta la primera luz del amanecer.
En la Salamanca se encuentran brujas, almas condenadas, y demonios de los infiernos.
En Tucumán se han encontrado Salamancas en las localidades de Las Cejas, Monteros, Tafí
(Salamanca del Siambón) y en otros lugares no tan conocidos (Valles Calchaquíes). Se
dice que a la Salamanca pueden ingresar todos aquellos que deseen hacer un pacto con el
Diablo o adorarlo. Al ingresar al socavón se debe besar los cuartos traseros de un
carnero y luego entregarse a la orgía.
En las noches suele oírse el estruendo de la música y carcajadas de los condenados. Si
alguien pasa cerca de la Salamanca y no desea ser tentado a ingresar, debe llevar un
Rosario en la mano o bien ser un hombre de mucha Fe. La gente que participa de la
Salamanca puede estar varios días sin dormir y no se les nota el cansancio, además son
"agraciados" con algunas virtudes como la ejecución de instrumentos, la
capacidad de canto, la oratoria, etc. signos estos característicos de haber firmado un
contrato con el Diablo.
Es un ser con apariencia de hombre petiso y panzón. Tiene el cuerpo todo cubierto de pelos con manos y pies muy grandes. Se dice que posee una fuerza extraordinaria y que sus gruñidos ensordecen. Se lo ha visto en la zona de pedemonte, por lo que se piensa que vive en cuevas de las montañas.
Es un hombre que vendió su alma al Diablo para convertirse en "tigre". Para convertirse en el animal, extiende un cuero de tigre sobre el piso y girando sobre él dice unas palabras mágicas. Posee una gran fuerza y ferocidad y por su inteligencia ataca a los hombres sin que ellos se den cuenta siquiera. Devora todo tipo de animal, por lo general los más grandes y gordos. Cuando se lo mata recobra su forma humana. Otra forma de romper el encanto o combatirlo es quemando el cuero que le da el poder.