Entre la
finalización de la Segunda Guerra Mundial y los años sesenta a nivel mundial, estuvieron
vigentes dos tendencias. La primera, caracterizada por una ola de prosperidad económica,
expansión del consumo, deseos de normalidad, de paz y fe en el futuro; y la segunda,
englobó a los diferentes movimientos "contestatarios", es decir, aquellos que
cuestionaban el orden capitalista vigente en Occidente.
Tanto en los países más desarrollados como en los
periféricos la "contestación" tuvo como protagonistas a los jóvenes. Estos se
enfrentaron de diferentes maneras con sus "mayores", a quienes atribuían la
construcción de la sociedad de consumo y contra la cual se alzaron.
De allí entonces que durante la segunda mitad del siglo
XX, en el mundo y en la Argentina, se fueron configurando dos horizontes culturales: el de
la sociedad de consumo o sociedad adulta y la cultura juvenil.
Ambas generaron espacios de interacción que hemos denominado fronteras
generacionales, porque tanto uno como otro horizonte cultural, a
pesar de sus diferencias, puede ser definido como el conjunto de personas que habiendo
nacido en una misma época, comparte además principios, ideales y concepciones de vida
comunes. (ALONSO y otros : 1995)
El contexto que enmarcara a las fronteras generacionales se
caracterizó por la expansión de empresas transnacionales - principalmente
norteamericanas cuyos excedentes de capital se transfirieron a Europa Occidental, Japón y
América Latina - e implicó fuertes cambios a nivel socio-económico y cultural.
En cuanto a las transformaciones socio-económicas, las
empresas transnacionales, requirieron cada vez más de profesionales y empleados
especializados. Así se expandió una clase media asalariada: los trabajadores de
"cuello blanco" (camisa y corbata) con relativamente buena capacidad de consumo,
tanto de bienes durables - automóviles y artículos para el hogar - como de servicios.
Vinculada a la expansión económica de los años 50,
se produjo una multiplicación de las matrículas universitarias. Esto debido a que las
empresas comenzaron a demandar una mejor formación para sus empleados y a que los
jóvenes de la próspera clase media descubrieron de que para desarrollarse
profesionalmente era necesario realizar estudios superiores. También durante este
período se produjo el ingreso masivo de las mujeres a la universidad.
De esta manera, el sistema universitario se vio colmado de
jóvenes y en países como Francia y Estados Unidos, se recurrió a la descentralización
de las unidades académicas a fin de resolver el problema de la masividad de la
enseñanza. Por su parte en la Argentina - el gobierno de Frondizi - rompió el monopolio
estatal de la enseñanza universitaria y autorizó la creación de universidades privadas,
tanto laicas como confesionales.
Otro aspecto de los cambios culturales asociados a la
trasnacionalización económica fue la internacionalización de pautas culturales. Los
hábitos cotidianos y las costumbres de cada sector social - horarios, maneras de decorar
una casa, de alimentación, formas de traslado hasta el lugar de trabajo, entre otras -
mostraron similitudes en casi todas las grandes ciudades del mundo capitalista.
Un ejemplo de esta internacionalización,
fue la difusión del jean en los años 60. El jean es un pantalón de trabajo
y de descanso, de jóvenes y de adultos, de pobres y ricos, de hombres y mujeres. Esta
última característica - un mismo tipo de ropa tanto para varones como para mujeres -
devino en un nuevo estilo : el unisex. La uniformización de la indumentaria cubrió
también las diferencias de géneros : las mujeres se masculinizaron
al cortarse el cabello y los hombres se feminizaron al dejarse el
cabello largo. Otro cambio explosivo en la vestimenta femenina fue la rápida difusión de
la minifalda, tal vez porque se adaptaba bien a la liberalización de las costumbres.
Esta tendencia a la uniformidad tuvo como
contrapartida, la fragmentación interna de la sociedad, que no se correspondía con la
división en clases sociales. Por ejemplo, en 1963 un joven rokero de Buenos Aires tenía
más elementos en común con un joven rockero londinense que con su padre porteño; y un
universitario cordobés podía entenderse mejor con un universitario parisino antes que
con sus profesores locales.
Sin embargo, la uniformidad de las pautas culturales tuvo
en los 60 su contrapartida en la difusión de las marcas o sellos distintivos de
cada producto, como elemento de distinción y status socio-económico. Así cada marca que
aparecía en el mercado tendía a superar a las anteriores.
Este proceso de difusión y homogeneización de las pautas
culturales fue promovido por la televisión y la publicidad. En cuanto a la primera, su
gran expansión se dio en los 60 y coincidió con la vigencia de condiciones
favorables tales como: emisoras, capacidad industrial para producir miles y miles de
aparatos y poder económico de la gente para comprarlos.
En cuanto a la publicidad puede reconocerse que sus aportes
se hallan en relación a los estudios de mercado. Estos permitieron identificar segmentos
sociales -varones, mujeres, jóvenes, amas de casa, etc- de acuerdo a su capacidad
adquisitiva; detectar gustos, deseos, opiniones de los posibles consumidores y determinar
cual era el medio más apto para promocionar un producto destinado a determinado público.
A todo ese conjunto de técnicas de
investigación y penetración del mercado se las denominó con el término inglés marketing.
Pero fundamentalmente, la publicidad desarrolló un complejo sistema de comunicación de
símbolos que permiten asociar a los productos con determinados beneficios. Esos
beneficios no son necesariamente de utilidad; suelen estar asociados con el placer, el
bienestar, la seguridad, la sensualidad. Por lo tanto cada producto es un símbolo y
consumirlo es a la vez, satisfacer un deseo personal y dar una señal a la sociedad.
En síntesis, la cultura hasta aquí descripta impulsaba
como patrón de comportamiento la american way of life -
popularización del fast food, del jean-; pero halló la oposición de la juventud a
través de la música rock y de movimientos políticos originados en las universidades.
De esta forma, en el seno de las sociedades
capitalistas la cultura juvenil, fue fragmentándose en diversas "tribus"
de jóvenes urbanos. Por ejemplo, mientras algunos jóvenes argentinos se sumaban al rock
nacional, otros lo hacían a la militancia en los partidos de izquierda. Si bien unos y
otros compartían el pelo largo y la ropa informal, al mismo tiempo expresaban tendencias
culturales diferentes.
Así los jóvenes rockeros se congregaban en torno a los
movimientos juveniles ingleses y norteamericanos; escuchaban según la "tribu" a
la que pertenecieran a los norteamericanos Bob Dylan, The Doors o a los grupos ingleses
como The Beatles o The Rolling Stones.
También el rock apareció asociado al movimiento hippies,
cuyos miembros abjuraban de la política, reemplazaron la organización familiar por la
vida comunitaria, rechazaron la incorporación al sistema laboral; optaron por
indumentarias informales e incorporaron el uso de drogas. Todo ello como una manera de
liberarse del sistema capitalista que consideraban opresor.
Por su parte, los jóvenes de izquierda eran estudiantes
universitarios, militantes de partidos políticos, y su principal preocupación durante
los 60 fue luchar contra el imperialismo y las formas autoritarias de dominación.
Estaban
influidos por los slogans del Mayo francés, tales como "La imaginación
al poder", "la política pasa en la calle", Prohibido
prohibir", "Cambiar la vida, transformar la sociedad", entre
otros, que los estudiantes franceses erigieron durante 1968 en su lucha contra el
autoritarismo de cátedra vigente en sus universidades. También otros focos rebeldes
impactaron fuertemente en el imaginario juvenil de entonces : la Revolución Cubana
-liderada por Fidel Castro y el "Che" Guevara- y los movimientos
anticolonialistas africanos; concentrados en lograr la autodeterminación de sus pueblos.
Estas rebeldías juveniles también captaron la atención
de los jóvenes argentinos, pero éstos hicieron su propia lectura. Por entonces se decía
que las rebeliones europeas no tenían estrecho parentesco con las propias; allí los
jóvenes estaban expuestos al hartazgo del exceso de consumo, mientras que los países
dependientes eran víctimas del infraconsumo, de la pobreza y necesariamente debían
afirmar su "ser nacional" frente a las influencias de la internacionalización
cultural.(CARO FIGUEROA : 1990)
Frente a esta postura, en la Argentina se inició a
comienzos de los 60, la nacionalización del rock a través de la producción del
"Club del Clan"; luego hacia fines de la década y comienzo de los 70, a
medida que se acentuaba el clima de lucha social las canciones de protesta, es decir,
canciones con connotaciones políticas comenzaron a difundirse. Ambas producciones -Club
del Clan y canciones de protesta- pueden consultarse en las páginas de este trabajo
correspondientes al rock nacional.
Las más representativas del clima
social y político de entonces fueron "La marcha de la
bronca","Hombres de Hierro", entre otras canciones; que
sufrieron junto con el movimiento de rock en general, la censura ejercida por el gobierno
de la Revolución Argentina.
Este gobierno llegó por medio del Golpe de Estado de junio
de1966 y colocó en la presidencia al General Juan Carlos Onganía; éste y sus
colaboradores anunciaron que se desconocía la autoridad constitucional e inmediatamente
inciaron la intervención de las radios y canales de televisión.
El nuevo gobierno declaró que el país debía acceder a la
modernización económica gracias a tecnócratas que podrían trabajar sin impedimento
alguno, ya que las fuerzas armadas garantizarían sus decisiones y adecuarían la realidad
a la teoría. (GRIECO y BAVIO : 1995) A partir de allí la economía se orientó hacia la
expansión de las exportaciones, a mantener estable las finanzas y a aumentar las
inversiones en energía e infraestructuras, pero dejaba de lado la política
industrialista impulsada años antes por Frondizi.
La oposición a esa visión técnica de la realidad
sustentada por el gobierno, provino del ámbito universitario y gremial. Por este motivo
la primera en sufrir la intolerancia fue la Universidad de Buenos Aires, que intervenida y
ocupada violentamente luego de la "Noche de los bastones largos" -en la que la
policía golpeó y expulsó de las facultades a alumnos y profesores- vio resentida su
autonomía y padeció la emigración a los Estados Unidos y otros países occidentales de
sus mejores cuadros docentes.
En el campo gremial, la sucesión de huelgas tuvo su
momento más álgido en mayo de 1969 con el estallido del Cordobazo. Durante dos días las
calles de la ciudad de Córdoba - sede de la nueva industria automotriz - estuvieron
dominadas por una revuelta en la que participaron obreros y estudiantes, en protesta
contra el desempleo, los recortes al presupuesto universitario y demás efectos del
programa de austeridad del onganiato.
En los movimientos hasta aquí comentados - rock nacional,
protestas universitarias y el Cordobazo - es posible identificar el actuar de los jóvenes
como una manera de enfrentarse a los intentos modernizadores de la sociedad argentina;
impulsados desde el Estado, al estilo de las sociedades de consumo de los países
capitalistas centrales y por medios autoritarios.
Frente a ello los jóvenes, unos desde la música otros
desde la política, denunciaron la brecha entre la realidad y las propuestas de cambio
patrocinadas por el Estado, la debilidad de aquel por lograr un consenso social; así como
defendieron el derecho a la libertad y a la posibilidad de llevar a la práctica sus
ideologías.
Estos movimientos, reprimidos durante los últimos años de
los 60, sembraron en la sociedad civil la conciencia de defender sus derechos, sus
libertades y lograron el restablecimiento de la democracia en 1973. Entre tanto desde el
presente, las distintas generaciones los recuerdan de maneras diferentes; de acuerdo al
compromiso político y a la práctica social desempeñada por cada una de ellas en aquel
entonces.