Alejandra Pizarnik

 

Señor

La jaula se ha vuelto pájaro y se ha volado

y mi corazón esta loco porque aúlla a la muerte

y sonríe detrás del viento a mis delirios

Que haré con el miedo

Que haré con el miedo

 

Señor

La jaula, se ha vuelto pájaro

que haré con el miedo

 

(A.P. 51/53)

La idea de la luz como un símbolo positivo,

como otro elemento del mítico paisaje infantil,

centro del que emana una energía creadora,

es también tradicional y se alude a ella en

varios poemas que rememoran con nostalgia

el reino perdido:

 

Ya no baila la luz en mi sonrisa

ni las estaciones queman palomas en mis ideas.

(A.P. 51)

 

Los pasos perdidos

Antes fue una luz

en mi lenguaje nacido

a pocos pasos del amor

(T.N.21)

 

Verde paraíso

Extraña que fui

cuando vecina de lejanas luces

atesoraba palabras muy puras

para crear nuevos silencios.

(T.N. 29)

 

Pero, como los casos anteriores,

al producirse el exilio, la luz sufre

una mutilación en su naturaleza.

Absoluta y, a partir de esta, se

convierte en su contrario: la luz mala,

la luz pervertida, que, mas que iluminar,

conduce hacia la tiniebla:

 

La luz mala se ha avecinado y nada es cierto.

(E.P.L. 49)

 

Todo hace el amor con el silencio.

Me habían prometido un silencio como un fuego,

una casa de silencio.

De pronto el temple es un circo y la luz un tambor.

(I.M. 33)

 

Hacer el amor adentro de nuestro abrazo significo

una luz negra: la. oscuridad se puso a brillar. Era

la luz reencontrada, doblemente apagada

pero de algún modo mas viva que mil soles.

El color del mausoleo infantil, el mortuorio color

de los detenidos deseos se abrió en la salvaje habitación.

El ritmo de los cuerpos ocultaba el vuelo de los cuervos.

El ritmo de los cuerpos cavaba un espacio de luz adentro de la luz.

(I.M. 39)

 

Él ultimo ejemplo, en especial, tiene una sobrecogedora

significación, pues implica la definitiva pérdida de

aquella luz de la cual lodo nacía; es un réquiem para la

salvación y configura un claro testimonio de esa

celebración de los símbolos de muerte en que desemboca

la poesía de Alejandra

El cuarto elemento simbólico fundamental es el jardín,

con su tradicional connotación edénica.

Mas aun que los otros elementos que he considerado como

integrantes del "illud spatium" mítico, y en virtud de su

carácter espacial, es el símbolo por antonomasia

del reino perdido. lugar por excelencia en el cual confluyen

todos los componentes del cosmos sagrado, cada vez que se lo

nombra el poema alcanza una incomparable coloración nostálgica,

pues siempre se habla de el desde la orilla del espacio y el ser

desacralizados:

 

Y es siempre el jardín de lilas del otro lado del río.

Si el alma pregunta si queda lejos se le responderá:

del otro lado del río, no éste sino aquél.

(E.P.L. 29)

Así, su presencia poética marca, inevitablemente,

la imposibilidad de acceso por parte de quien lo nombra.

En efecto: se hablara de el, no como de un lugar donde se estuvo,

sino como de la visión de dicho lugar, o como de un espacio quo

se ha recorrido con conciencia de la inminente separación de el

 

Mi cuerpo se abría al conocimiento

de mi estar Y de mi ser confusos

y difusos

Mi cuerpo vibraba y respiraba

según un canto ahora olvidado.

 

 

yo no era una fugitiva de la música

yo sabia el lugar del tiempo

y el tiempo del lugar

en el amor yo me abría

y rimaba los viejos gestos de la amante

heredera de la visión

de un jardín prohibido.

(E.P.L. 5G)

 

jardín recorrido en lagrimas,

habitantes que bese

cuando mi muerte aún no había nacido.

(A.P. 41)

 

Detrás de un muro blanco

la variedad del arco iris.

La muñeca en su jaula

esta haciendo el otoño.

Es el despertar a las ofrendas.

Un jardín recién creado,

un llanto detrás de música.

(E.P.I.. 33)

 

Por el contrario, la sensación de "presencia",

de "estar" en un jardín, siempre se dará respecto

de un jardín corroído por el tiempo, no ya absoluto

sino ruinoso o petrificado duplicación degradada del

edén primitivo e inalcanzable:

 

Aun que la voz (su olvido

volcándome naufragas que son yo)

ofician en un jardín petrificado.

 

Recuerdo con todas mis vidas

Por que olvido.

(T.N. 51)

 

Si vieras a la que sin ti duerme en un jardín

en ruinas en la memoria. Allí yo, ebria de mil muertes,

hablo de mí conmigo solo por saber si es verdad

que estoy debajo de la hierba. (... )

En un muro blanco dibujas las alegorías del reposo, y es

siempre una reina loca que yace bajo la luna sobre

la triste hierba del viejo jardín.

(E.P.L. 50)

 

La noche, de nuevo la noche, la magistral sapiencia

de lo oscuro, el cálido roce de la muerte, un instante

de éxtasis para mí, heredera de todo jardín prohibido.

 

Leyendo a Pizarnik

 

alejandra alejandra

debajo estoy yo

alejandra

 

Alejandra, Alejandra. Debajo de ese nombre se esconde

una poesía febril, aguda, exagerada, llena de deseo y

de muerte. Como la adolescencia.

Vivir rápido, escribir más rápido todavía y morirse

antes de descubrir para qué.

puertas que no cierran o no abren, muñecas con ojos

eternamente abiertos y una mujer que no quiere serlo.

Así es el universo Pizarnik.

La maestría, la sensibilidad y la sensualidad brutal

de la belleza condensadas en un poema de dos versos.

Es la poesía de la sangre, de la desesperación, de la

interminable búsqueda del ser, del que no asoma en el

espejo pero que desborda la mirada. Esa mirada de

Alejandra que nos asalta desde las fotos y que nos

espera entre sus versos.

 

Llamé, llamé como la náufraga dichosa

a las olas verdugas

que conocen el verdadero nombre

de la muerte.

He llamado al viento,

le confié mi deseo de ser

 

Cuando las palabras son filosas y cortantes

como son las palabras de Alejandra, el lector

no puede ser indiferente. Hay que asomarse a

esa poesía desnudos,es inútil protegerse.

Todo es intenso: el dolor y la felicidad.

Leer a Pizarnik no es fácil, pero es una

experiencia única.

En un poema Baudelaire dice que el poeta es

como el pelícano,que se despelleja su propio

cuerpo para darle de comer a sus hijos.

Pocas cosas tan bestialmente honestas como

la poesía hay en este mundo.

La poesía es como un espejo, un espejo

profundo al que el maquillaje no puede engañar.

Escribimos lo que somos y leemos buscando

la respuesta.

Alejandra forzó esa búsqueda al límite,

las palabras no le bastaron y se llevó su vida.

Leerla es enfrentar sus demonios y los nuestros,

leerla es buscarla y buscarnos y enfrentar el

espejo que separa la niñez de la juventud.

 

En la noche

un espejo para la pequeña muerta

un espejo de cenizas

 

Gabriela Torrado Méndez

 

BIBLIOGRAFIA: Historia de la Literatura Argentina, tomo 4

"Los proyectos de la vanguardia",

Centro editor de América Latina, primera edición, 1968.

 

                                          ir a menu de obsesiones.gif (793 bytes)             volver a escritores.gif (599 bytes)             Volver a Inicio.gif (904 bytes)

Sitio desarrollado por Escuela República Argentina(Diegep 3935). Córdoba 1527. Morón.Bs. As. 4696-0769