Relato del Sr. Ángel Vargas (testimonio extraído del cuarto tomo de "Los Vengadores de la Patagonia Trágica"):
Soto que era un hombre joven muy alto -y que hablaba muy bien- nos dijo también que en las estancias que recorriéramos debíamos tomar como rehenes a los administradores, capataces, contadores y patrones. Si había mujeres en las estancias entonces había que dejar a un peón o dos para que les picara leña y carneara para que tuvieran carne. El compañero Pintos se hizo cargo de la columna. Él designaba las comisiones que iban a recorrer las estancias y a alzar la gente. Yo, recién llegado de Chile, no entendía nada de la huelga. Yo me plegué a la columna porque no había otra posibilidad.
En el camino, en una pampita encontramos unas carritos con turcos mercachifles. Eran dos, uno se llamaba Emilio Ardo. Iban barbudos. Allí, nuestro grupo les hizo desatar los caballos de los carros y obligó a los turcos a acompañarnos. Uno de ellos iba a ser muerto después por las tropas del Ejército.
" Dieron la voz de alarma al grito de ¡vienen los carabineros! Nos confundimos, porque era el Ejército. Los soldados venían en descubierto. Nos empezaron a tirar y nosotros teníamos apenas 4 winchester. Me acuerdo que yo corrí hasta donde había árboles y los balazos que nos tiraban cortaban las ramas. Yo me defendía dando tremendos saltos. Un tiro me rajó la bota y me hizo una huellita en el pie. Todos nos fuimos entregando, manos arriba y así nos llevaron hasta el corral. Vi al comisario Douglas que tenía revólver y espadín. Los dos turcos se habían escondido entre los árboles y de allí los trajo Douglas y les gritó: "¡Ah, hijos de dos matreros!" y mató a uno."
en la foto
puede verse un almacén por donde pasaron los huelguistas. Es importante notar que se han
llevado los alimentos pero no han tocado las bebidas alcohólicas a las que Soto repudiaba |
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