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El siguiente es el relato original que desarrolla en su libro "La Patagonia Trágica", un curioso protagonista de Rio Gallegos en aquellos años como lo era José María Borrero.
últimas tolderías tehuelches (foto de 1890) |
"Los únicos, los verdaderos primeros pobladores de Santa
Cruz y Tierra del Fuego fueron los indios onas y tehuelches, a quienes ellos se encargaron
de destruir y hacer desaparecer por medio de las balas, del veneno y del alcohol para
quedar a sus anchas dueños y señores, como hoy son, dc las inmensas extensiones de
tierra que explotan y que alcanzan a varios millones de hectáreas.
A cambio de unas cuantas botellas de whisky, ginebra, caña y aguardiente, de la peor
especie, licores adulterados y de ínfimo precio se obtenían de pieles variadas y ricas,
cerda, plumas de avestruz, oro también en polvo y pepitas y toda clase de productos, que
los indios les entregaban!
Los primeros codiciosos pronto se dieron cuenta de que las numerosas tribus que poblaban
la Patagonia y Tierra del Fuego, constituían para ellos un doble y grave peligro;
primero, el de que les comieran las ovejas, de carne siempre más exquisita que la del
guanaco y los mariscos, que constituían la base de su alimentación; segundo, el de que
civilizados los indios poco a poco por contacto con ellos mismos merced a la tenaz y
humanitaria labor de los misioneros salesianos, que ya para esa época realizaban su
epopeya de evangelización en aquellas apartadas regiones, y apegados al terruño, como
eran, reclamaran su parte de tierras acordándose de que eran argentinos, y amparados en
sus antecedentes, historia y tradiciones, la consiguieran de los respectivos gobiernos,
privándoles a ellos una gran parte del fruto de sus depredaciones.
Entonces resolvieron destruirlos en masa y los destruyeron, antes de que el mundo
civilizado se apercibiera de su nefasta labor.
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foto del tehuelche "Soldado Viejo" quien frente a su toldería tocaba la diana vestido con el uniforme recuerdo de haber sido el primero en hacer la conscripción. |
En las proximidades del río Santa Cruz y explotando una estancia
de su propiedad, estancia que para mayor sarcasmo se denomina "El Tehuelche",
vive un inglés viejo, muy viejo ya, cuyo nombre no tengo escrúpulo alguno en decirle,
porque él mismo, con la mayor naturalidad y como "chiste" especial refiere en
algunas ocasiones, principalmente cuando está "tomado", los hechos de que me
hago eco; se llama Mister Bond.
Míster Bond cuenta, en ocasiones con orgullo y siempre como "chiste" especial
que él personalmente fue "cazador de indios" y que por
"méritos" propios ascendió a capitán de una cuadrilla de cazadores. Que al
principio les pagaban a él y a sus compañeros de "faena" una Libra esterlina
por cada "par de orejas" de indio que entregaban. Que como entre los cazadores
había algunos demasiado blandos de corazón, que a veces se conformaban con cortar las
orejas a sus víctimas sin matarlas, y como los "patrones" se apercibieran de la
trampa por haber visto algunos indios desorejados se cambió el sistema y desde entonces
no se pagaba la libra esterlina, sino a cambio de la cabeza, los testículos, los senos o
algún otro órgano vital de eso que constituía la "gran caza" de la Patagonia.
Este míster Bond hizo asesinar en un solo día durante las masacres del año 1921,
acusándolos de bandoleros, a diecisiete honrados trabajadores de campo, a algunos de los
cuales adeudaba fuertes sumas en concepto de salarios por trabajos, que habían verificado
en su estancia; fue una macabra "liquidación de cuentas" coma tantas otras que
idénticamente se produjeron y que se detallarán en la segunda, parte de esta obra
titulada Orgía de sangre.
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| dibujo de
navegante de 1670 en el estrecho de Magallanes |
En cierta ocasión y en un punto de Tierra del Fuego, que se
denomina "Spring Hill", quedó varada una ballena. No se sabe si la marea la
arrastró o si fue llevada de propósito. Lo cierto del caso es que fue vista primero por
los perseguidores de indios y manipulada por ellos con toda clase de venenos.
Descubierta la ballena por varias tribus de onas, y golosos como son éstos de la grasa
del cetáceo, se dieron el gran banquete y allí quedó el tendal de muertos, como si se
hubiera librado una gran batalla; se calculan en unos quinientos o más; fue un día de
"caza máxima" (un descendiente e historiador de la familia Braun argumentará
años después que en realidad fue por causa del botulismo ya que era demasiado difícil
el hecho de encontrar una ballena, ir por el veneno y "prepararla" en medio del
oleaje).
.Por lo demás estas atrocidades se cometían con tan cínico desparpajo que esos
mismos abnegados misioneros salesianos, cuya obscura y maravillosa obra de civilización
no acabará nunca de admirar y agradecer la Humanidad, pudieron sorprender a una
"cuadrilla" de cazadores de indios, tal vez la misma a que se refiere el
episodio anterior; retratarla con una cámara fotográfica en actitud de acecho y caza y
con el cadáver de un indio al pie.
esta es una de las fotos mas crueles que puedan verse. Poper con otros cazadores en plena faena. A su pies yace asesinado un ona. (gentileza Sr. Luis Paez) |
La fotografía del caso, precioso
documento que constituye una prueba indubitable de la verdad de los acontecimientos que le
relato, fue publicada sin escrúpulo alguno, con la valentía propia de quien no teme
investigaciones ni elude responsabilidad en un álbum editado por la Orden Salesiana en la
"Tipografía Salesiana" de Turín, durante el año 1907, con la siguiente
inscripción al pie: Esta instantánea de algunos cazadores de indios en
la Tierra del Fuego- hace comprender mejor que nada las miserables condiciones en que
viven los fueguinos y la grandeza de los beneficios allí aportados por los Misioneros
Salesianos.
El fundador de las estancias de José Menéndez, en Tierra del Fuego, era un inglés
llamado Mac Klenan, a quien se conocía más por el sobrenombre de "Chancho
Colorado".
Hombre de alma atravesada y de perversos instintos, resultaba "Chancho Colorado"
cl tipo ideal para fundar estancias en aquellas épocas, en que el primer trabajo a
realizar -trabajo de "roturación"- era la destrucción y exterminio de los
indios, como para formar una "chacra" se extirpan y destruyen previamente
árboles, raíces y malas hierbas.
Él fue quien organizó el trágico banquete de Cabo Domingo, cuyos horrorosos detalles
erizan el cabello y espantan el ánimo del hombre mejor templado.
A este fin
y valiéndose de diversos astutos emisarios, que suavemente se introducían en las
"tolderías" de los indios, siempre mansos y confiados, les prometió cesar en
la persecución sangrienta que tenía iniciada, ofreciéndoles al mismo tiempo una paz
duradera en condiciones, al parecer, ventajosas. Él los proveería de "guanacos
blancos" (así llamaban los indios a las ovejas), en cantidad suficiente para que
pudieran comer, a condición de que verificaran sus correrías en pos de los verdaderos
guanacos, que constituían la base de su alimentación, más al Sur, sin penetrar en las
tierras por él ocupadas y sin perturbar, en consecuencia, la vida de las majadas en los
campos en que pastaban.
| tehuelche lisiada por las calles de Rio Gallegos. Nótese la curiosidad de los caminantes y el nombre en inglés del comercio al fondo (foto Casa Roil).- |
Aceptaron alborozados esta
proposición y para sellar el convenio organizó "Chancho Colorado" una fiesta
pantagruélica, que para los infelices indios debió vestir caracteres de verdadero
banquete.
Después de algunas horas de comer y beber sin tregua, encontráronse los cuatrocientos o
quinientos indios, que entre hombres, mujeres y niños habían concurrido a la
"fiesta", ahítos, cansados, hartos y borrachos, sobre todo borrachos, hasta no
poder tenerse en pie.
Había llegado el momento propicio, la ocasión tan solícitamente buscada; en ese mismo
instante comenzó y con toda rapidez se verificó la espantosa carnicería tan
diabólicamente concebida. Apostados Mac Klenan (a) "Chancho Colorado" y diez o
doce de sus satélites en los cerros y montículos cercanos, a que antes me he referido,
abrieron fuego contínuo y graneado con sus armas de repetición sobre aquel montón de
seres indefensos y embrutecidos
-¿Leyenda? -dirán muchos-; ¿cuento? ¿calumnia? -Tal vez; pero si de poco tiempo a esta parte no han sido enterrados, ahí están, en Cabo Domingo, formando un verdadero hacinamiento los huesos "pelados" de las víctimas.
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