" En aquel tiempo era común que el culpable de homicidio u otro delito viniera a entregarse. EI comisario me dijo que poco antes habían llegado así dos indios; él los había encontrado a algunas millas de la población. Y era costumbre en tales encuentros - por demás raros - detener el caballo para un rato de conversación.

cueva de las manos

- ¿Paseando? - había preguntado el comisario para abrir el intercambio.
- No - contestó Ojo Verde, uno de los indios- ... voy a decirle a la policía que he matado un hombre.
- ¡Mire ... ¿Y usted? - inquirió al otro, de nombre Kopajulio.
- Yo vengo a decirle que es cierto.

    El comisario se reía al contármelo; por regla general el delincuente trataba de traerse algún testigo favorable, pero Ojo Verde se venia con Kopajulio como comprobante de que se trataba de asesinato y no de simple riña. Yo conocía bien a los dos indios, y también al difunto, y hubiera sido el último en condenar a aquéllos por haber eliminado a un mal sujeto, traficante de aguardiente. La policía encontró al muerto con toda la plata encima - varios centenares de pesos -; no habían intentado robarlo, sino tan sólo librarse de una plaga." 

                     (fragmento de Andreas Madsen: "Patagonia Vieja").

A PÁG. ANTERIOR:
TEHUELCHES 3

UD. ESTÁ RECORRIENDO:
NOTAS DE COLOR

RECOMENDAMOS RECORRER LA :
SEMANA TRÁGICA