
Doña Hena es hija de Arturo Merelles Gómez, carrero en la época de la huelga. Con los años su padre llegó a tener estancia en donde Hena se crió escuchando a su padre y a muchos protagonistas de los hechos. Por razones de coquetería femenina no diremos su edad. Nos recibió en su casa en el mes de julio de 1999.
"Hay poca gente
enterada, porque de la gente que sabe ya somos pocos".
"Mi
papa me ha contado muchísimo de la huelga, y mucha gente que ha estado en la huelga
contaba y yo iba "parando la oreja" porque me interesaba, nada más porque me
interesaba, y me han quedado en la cabeza todas las anécdotas que ellos contaban.
Mi padre acá no vino en esa época, él estaba en Piedra Buena. Él se encontró con
la huelga allá, con su carro parado allí, estaba en el paso Ibañez. Aparte siempre las
anécdotas de mi bisabuelo, a él lo tenían ahí en los pescantes en los carros como
blanco para cuando venían los militares."
"Otra
de las anécdotas de las que me acuerdo es cuando mi papá me contaba que los militares
estaban del otro lado del río Santa Cruz y de este lado estaban los huelguistas, entonces
ponían todos los carros en fila, todos los estancieros venían en los pescantes de los
carros, entonces si tiraban del otro lado ellos eran los blancos.
Mi padre me contó de que cuando estaban hablando les decían:
-Levanten las manos los que no estén de acuerdo en
seguir con la huelga. Y bueno, él levantó la mano, él no estaba de acuerdo, y para
él, eso no era una huelga, si no que eran bandoleros. Por la expresión de verlos era
gente sucia, maltrecha, gente mala, era gente de mal vivir, él tenía esa impresión y
siempre me lo dijo. Decía que era gente que te daban realmente miedo.
Los que levantaban la mano eran 5 ó 6, pero resulta que a esos 5 ó 6 los estaban
apuntando, entonces mi padre se hace el "sota" y se va ... se fue al Paso
Ibañez, justamente al lugar donde tenía su carro, su campamento y otras cosas. Entonces
Otorello (Outerelo), que era uno de los cabecillas, va a buscarlo, él era chileno.
Todos los
cabecillas eran chilenos. Otorello le dice a mi padre:
-Sí, la vas a tener que seguir. Mi padre le
responde:- Sí, la voy a seguir, siempre y cuando vengas vos a buscarme acá, no
mandes a nadie, vení vos. Al otro día los de la huelga se fueron y a él no lo
molestaron nunca más, así que no estuvo en ningún momento en el asunto de la huelga,
pero siguió de lejos como iba la huelga. Él iba atrás de los huelguistas, pero muy
retirado, para ver los desastres que hacían. Porque por cada estancia por la cual pasaban
arrasaban con todo lo que podían, estropeaban todo, si a las mujeres las encontraban
solas abusaban de ellas, hacían de todo, lo que se les daba la gana, por eso mi padre
decía que no era una huelga."
"Hasta allí llega él, hasta la estancia Chonque Chico. Me contó que en una isla del Chonque acampó y cuando fue a atar al caballo ve algo en el piso, algo que le llama la atención, hace un escarbado con el pie y ve la mano de un hombre al que habían asesinado, así que ahí dió la vuelta."
"Una anécdota en Bella Vista es cuando estuvieron los militares y los huelguistas. Los juzgaban en la casa de los peones, había un palo en medio del ranchito y ahí eran atados y juzgados, en el día los juzgaban y por la noche los fusilaban. Mi papá para esto ya se había abierto, otros estaban como Colaras, que contó que estuvo tres días tirado en una zanja, en una mata, dicen que no se quería ni mover porque tenía miedo. "
Ena Merelles contándonos sus historias |
"Allí
él que salvó muchas vidas fue Hospitaleche. Salvó a un chico, se llamaba Arana y tenía
17 años; que llevaba un mensaje de un grupo de huelguistas a otro. Entonces los militares
lo agarraron e intentaron liquidarlo. Ahí intervino Hospitaleche y les explicó que el no
sabía nada sobre la huelga, solo llevaba el mensaje.
Mi papá siempre los nombraba, no me acuerdo muy bien los nombres. Uno se llamaba
Díaz y otro Camporro.
En uno de esos fusilamientos que hicieron allí un gallego, creo que se llamaba
Díaz, en la noche mientras lo fusilaban se desmayó. Y a la madrugada cuando se
despierta, se levanta y sale atontado. Se salva porque sale para el lado del cerro y no
para el lado de la estancia.
Don Soto contaba que estaba en el puesto de Las Tunas y Díaz llega allí. Llega
ensangrentado, muy mal, cuando se recupera se va del todo. Siempre contaban esa
anécdota."
"En
el Cañadón de Mallada también hay algunos muertos, 7 ú 8. En el Cañadón de los
Muertos las tumbas están al lado por donde pasaban los carros, se veían los huesos.
Cerca del alambrado había una mata donde eran quemados los cuerpos antes de llevarlos a
las fosas.
Para mi papá los huelguistas eran bandoleros, y de todos los tipos que estaban en la
huelga ninguno era de los más trabajadores ni de los que les gustaba trabajar.
Los huelguistas eran juzgados y fusilados. Había un muchacho jóven que no tenía
nada que ver con la huelga y también lo mataron."
"Mi
papa me contaba que por esta zona comenzó a trabajar entre el año 1912 y 1913, no había
nada. Él traía cosas para armar casas, alambrados, se dedicaba a eso.
Font nunca había venido, según mi padre, él dice que Font llegó hasta San
Julián. Hay otras versiones que decían que tenía carretas y andaba por acá. Colaras,
Oyarzún, ... ellos si habían venido antes de la huelga."
"Mientras transcurría la huelga los estancieros se juntaban y contaban todo lo que vivían o veían, en ningún momento mi padre me dijo que había censura, es más. Algunos después de la huelga se quedaban acá. Pero hay mucha gente que se fue, que cambió de lugar."
Hena de pequeña en el campo |
"Mi
papa vino de España, sin saber leer ni escribir, en un puesto en el que él estaba un
maestro, Romero, le enseño a leer y escribir. El tuvo la oportunidad de ver a algunos
grupos de tehuelches. Es más: mi bisabuela era tehuelche, pero yo la conocí cuando ya
estaba civilizada. Mi papá los conocía. Yo conocí a varias viejitas. Debajo de la
estancia el Porvenir tenían sus campamentos. Los tehuelches tenían buena convivencia con
los obreros. En cambio en Tierra del Fuego los Menéndez mataban a los tehuelches en los
asados, eso sí fue un desastre. También les cortaban las orejas y después el dedo
meñique. Los acorralaban en el cabo Santo Domingo y los mataban. El Padre Molina excavó
y encontró los cuerpos de los indios.
Acá teníamos un indio paraguayo; él escribía muy bien, era muy buen cocinero, él
nos contaba muchas historias, pero nunca contó que haya algo así en Santa Cruz."
"Hay gente que no se acuerda mucho de estas cosas."
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