EL RINCÓN DEL INDIO
Autor: Carlos Villegas
Un cielo despejado y un aire cálido recibía la mañana de aquel 27 de setiembre de 1.881. Los pocos hombres que componían la guarnición del Fuerte Diamante, habían despertado al toque de diana muy temprano, ya que un grupo de ellos, al mando del Sargento Mayor don Casimiro Guevara, debía marchar a las costas del Atuel y de allí dirigirse al Sur hasta el Buta-loo, porque algunos indios y gauchos alzados se habían hecho sentir por la zona, llegando hasta el puesto de don Isidro Sosa, suegro del Sargento Mayor don Adrian Illescas, en el Real del Padre, de donde robaron algunos animales.
El Sargento Guevara, hombre recio, formado en mil entreveros con los indios, era el indicado para cumplir con la orden del Teniente Coronel don José A. Salas, que se encontraba de visita de inspección del fuerte, cuando llegó el peón de don Sosa, para pedir ayuda y protección. Salas, recordó que su amigo Illescas, marchó hacia el Sur con Uriburu, y ya habían pasado más de dos años sin tener noticias suyas:
Que le habrá pasado ...? -se preguntaba- Yo mismo le aconsejé a su esposa, al verla sola con sus hijos en la Villa 25 de Mayo, que se fuera a vivir con su padre ... Y ahora me encuentro con esta noticia que me preocupa por lo que le pudieran haber hecho los indios ...
La guerra contra el indio, aparentemente tenía un escenario muy lejano; más allá del Colorado la lucha continuaba; de este lado, muy pocos eran los Araucanos que se atrevían a desafiar a las tropas. Destruídos sus toldos, perdidas sus familias, enfermos, hambrientos, harapientos, muchos a pié, solo les quedaba vivir escondíendose en el monte, aprovechándose del descuido del descuido de los puesteros que ya se atrevían a instalarse en las costas del Atuel. La mayoría sin armas y dispuestos a no entregarse a las autoridades, su consigna era sobrevivir y si podían, escapar a Chile, para terminar sus días en el lugar de origen de su raza, el misterioso Arauco de Alonso de Ercilla.
Aquella mañana, el soldado de guardia debía despertar a la partida cuando saliera el lucero, y aunque los preparativos para el viaje se hicieron el día anterior, escogiendo los caballos más gordos, charqueando carne y preparando armas, éstas últimas debían ser retiradas del rancho destinado a la comandancia, único con puertas y de adobe cocido, construído a unos metros al NE del fuerte y lugar elegido por Salas para pasar la noche.
Ya estaba lebantado el Teniente Coronel Salas y se encontraba saboreando unos amargos cebados por su asistente, cuando llegó Guevara:
-Buenos días mi comandante ...
-Con el permiso de su señoría voy a retirar unas tralcas y moras pa'dir de descubierta ...
-Buenos días Sargento ... Adelante y llévelas no mas ...-respondió Salas-, invitándolo a pasar ofreciendole un mate.
-Mi Coronel -Dijo Guevara- Andaba pensando que vendría bien llevarlo al Quesadita ... Ha andado mucho tiempo en los toldos y habla bien en paisano ...
-Y bueno- respondió Salas, no muy convencido- Si le hace falta el chico, vaya y dígale que se prepare. Pero cuídemelo ... Mire que aún es pichón y el padre está por venir a buscarlo ...
Guevara que se había levantado con ganas de hablar, contestó:
-No se priocupe mi Comandante ... Yo lo voy a cuidar'e los infieles ... Y a propósito ... ¡No le decía yo ...! Cuando creíbamos que los chinos estaban ya retiraos o vencíos, aparecen estos pa' meterle miedo a los puesteros que están queriendo asentarse por estos laos ... Fíjese ...!! -El encargao e los Bombal en la Estancia Rincón Grande, don José Yañez, me contó que un tal Parejas está haciendo corrales pa'l lao'el Curru-Huaca, lo mesmo que otro, don Manuel Diaz ...! ¡Se ve que se las aguantan pa'irse tan lejos! ¡Si están casi por el paso'el Loro! ¡... y que me dice del de la Media Luna?. Don ...como es que se llama? ... -Bueh ...!!!-interrumpió Salas ... se le va a hacer el medio día y usted me va a seguir con el parloteo ...Ah!!! ...No se olvide que es por eso que le envío en esta misión ... por toda esa gente que se quiere venir para estos lados a vivir sin peligros, usted sabe que estamos en noviembre y siempre fue época de malones y que por siglos los indios nos han venido atacando entre la primavera y el verano ... aunque no me olvido de lo que nos hizo Purrán en el invierno del 71, cuando no dejó nada en pié en la Posta de Ovejería ... Pero .... volviendo a estos tiempos ... aunque el General Roca haya dicho en Choele-Choel, que ya no quedan indios de este lado del Colorado ... algunos se han filtrado y va a tener que cortarles la rastrillada ...! Y no hablemos más ... Está por aclarar y hay mucho por hacer. Así que le deseo buena suerte Guevara y cuídese ...!
-Ta bien mi Coronel- respondió Guevara - He tomao seis hombres ... los mas baquianos y hasta el Buta-loo no paro ... pero vamo' a dir por el camino e' la costa pa'l poniente ... hasta llegar al Corral del Orca.
-Bien ... bien ... -contestó Salas- Pero no me tarde más de cinco o seis días, por que voy a entrar a preocuparme, y a la vuelta no se de tanto rodeo, desde Las Moscas, véngase derecho para el fuerte, pasando por el Zuco ...
Los soldados esperaban a Guevara alrededor de un fogón que habían encendido contra la pared Este del duerte, donde estaba el rancherío; tomaron unos amargos más ... guardaron los vicios y a los pocos minutos se perdían en la penumbra del amanecer, rumbo al Oeste, por el camino de la costa.
Aclaraba cuando pasaron por ovejería, todavía se podían ver algunas paredes en pié, de los ranchos que quemó Purrán ... ahora solo servían para ... para ... para nido de los jotes.
Antes del mediodía pasaron por el Corral de la Horca, sin novedades, y tomaron allí la dirección Sur rumbo al Atuel. Como no existían huellas o camino, la travesía de más o menos siete leguas que lo separaban del Diamante, se hizo lenta y dificultosa ... altos jarillales y montes cerrados de algarrobos y chañares, amenazaban con deshilacharles las únicas pilchas que tenían los pobres soldados. Botas de potro ... chiripá de lana y chaquetilla de invierno ... casi sin botones y que junto con el kepi desteñido, eran lo único que los identificaba como soldados.
A las dos de la tarde estaban a mitad de la travesía, y como el día se había puesto medio pesado por el calor, Guevara ordenó hacer alto para comer algo.
El día anterior se había carneado en el fuerte y cada hombre traía, además de charqui, su provisión de carne fresca, y , como la descubierta hasta el Salto había andado boleando avestruces por los Pasos del Tila, cada hombre contaba con alones de choique como reserva ... claro, que como dos chocos del fuerte seguían la partida, estos habían atrapado por el camino a varios piches gordos, que hicieron las delicias del almuerzo ... sin tener que recurrir a lo que llevaban.
Luego de tomar mate, se pusieron rápidamente en camino, y faltaba poco para las cuatro, cuando los animales comenzaron a apurar el tranco, corriendo allá abajo, majestuoso, entre sus medanosas barrancas ...
-Estamos en la Bajada de las Yeguas- indicó uno de los soldados -Ahora el río toma pa'l Sur hasta toparse con el Chalileo- pensó en voz baja otro de los integrantes de la partida. -Allá ... lejos ... se ve el Real del Padre- comentó Quesadita, que estaba desandando el camino por donde lo había traído Guevara cuando lo rescató de los indios.
Luego de bajar al río para abrevar los caballos, los soldados tomaron el camino que se estaba haciendo con el pasar cada vez más frecuente de las carretas hacia el Sur ...
Cerca de las cuatro y media ... el torear de los chocos indicó la proximidad del puesto. Sus pobladores no se habían dejado ver y estaban espectantes, a la defensiva, porque el polvo levantado por las cabalgaduras, indicaba la presencia de jinetes, pero no, si eran indios o soldados ...
Ya más cerca del puesto, el ruido de los caroneros, le llevaron cierta tranquilidad a don Isidoro Sosa, que dejó a un lado su carabina, cuando reconoció al frente de la tropa a Guevara.
-¿Que anda pasando don Isidoro ...? -preguntó el Sargento- ¡¡Como le va mi amigo ...!! -respondió Sosa, y agregó- ¡Usté no sabe lo que hemos vivido en estos últimos días ...!! ¡¡Si no juera porque les mostré la garabina ... y por que los chinos andan medio pobretones y sin balas ... nos jueran hecho dijuntos ... fijese ... -y mientras don Sosa hablaba, de a uno, y con caritas de asustados, fueron saliendo los retoños del Sargento Mayor Illescas ... en tanto que la esposa del militar ausente ... los llamaba desde adentro ...
-¿No ha lamentao ninguna desgracia ... don Isidoro??- preguntó Guevara- ¡¡No ... no ... Gracias a Dios ...!! -respondió Sosa, y agregó- ¡¡Pero no mian dejao hacienda estos juna ... gran ...p ...!!!. ¡¡¡Pa colmo ... andan porai no más ...!!! ¡¡Si hace ratito no más ... les vi hacer humos desde el Rincon de la Holla.
-¿¿Como dice ...?? ¿¿Que están ai nomás ...?? -preguntó Guevara- ¡¡Como lo oye mi Sargento!! -y agregó- Si usté se le va por atrás'el médano ... entrandoles por el naciente ... de siguro que los achura ai no más ...!!!
El Sargento Guevara sin perder tiempo, mandó a la tropa a ensillar los caballos de pelea y prepararse para el ncuentro; pocos minutos más tarde, sosa veía perderse en el monte a los soldados, que no pudiendo acortar camino por el bajo del río, por temor a ser vistos, debían realizar una amplia curva en su marcha; la misma que dibujaba la costa del río.
Media hora más tarde, desde el Real del Padre, don Sosa y sus familiares, escucharon varios disparos de Remington, y despues ... un prolongado silencio.
Luego vieron llamas frente al Rincón de la Holla, que consumían gran parte del pajonal ... Y se quedaron mirando por largo tiempo ... .¿Que habrá pasao ...???- se preguntaba el puestero- pero la respuesta, la escuchó al detalle, al otro día ... cuando, utilizando la única mesa que había en el puesto ... el Sargento Guevara ... se puso a escribir un parte para su superior, y mientras escribía, repetía en voz alta cada párrafo.
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