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Bach. Polivalente 1
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EL BERRADOR
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La Teogonía Guaraní comienza,
personificando el Poder Ordenador, infinito, Universal y Eterno, en TUPÁ. Es decir, que
es el mismo, la totalidad pródiga de los bienes necesarios para subsistir. Habita en los
dominios de CUARAJHI, el Sol, origen de la luz, morada de la madre de la luz. A su vez
este genera una personificación ya canalizada en el sentido de ámbito universal: ARA,
que significa día, espacio de cielo, tiempo, y por consiguiente, luz. Sigue YACY, la
luna, a la que se considera madre de la raza, y que por ello conserva un sentido sexual
perfectamente determinado (mujer, hembra, fuente fecunda, etc.). |
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A YACY, siguiendo ese concepto se
la considera "madre de las plantas", de los frutos que germinan y las flores de
todo orden. Por consiguiente, el sentido vital de su influencia se hace sentir en el curso
de las aguas y mantiene su gravitación sobre las estaciones y sobre la estabilidad
productora del suelo. |
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EL CURUPÍ
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De alli que en el ejercicio de
los antiguos ritos, el guaraní daba un sentido oculto al que se destinaba a honrar a
YACY, y tenía caracter marcadamente orgiástico en medio de la espesura de la selva. YACY
al mismo tiempo da origen a las estrellas a las YACY TATA (fuego de la luna), y que por
consiguiente, son desprendimientos de la pálida hoguera lunar. Distinguen no obstante, a
la radiante Venus, de tanto fulgor, designándola YASY TATÁ GUAZÚ, o sea "fuego
grande de la luna".
LA VIA LACTEA O TAPÉ - CUÉ.
Como el guaraní consideraba que sus antepasados habían residido
alguna vez en las alturas celestes, La Via Lá,ctea era en todo caso un camino que fue
transitado (TAPÉ CUÉ) por un tapir gigante (MBOREVÍ RAPÉ). La Cruz del Sur indicaba a
su vez el recorrido de un animal sugestivo. el Avestrúz, desde las alturas a la Tierra, y
lo denominaban ÑANDUÍ-PO. Como siempre. los animales participan naturalmente de la
cosmogonía tan particular y la tan particular teogonía eminentemente panteista. |
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EL NEGRO
PASTOREO
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Creyendo el Guaraní en la
inmortalidad del alma, ésta se desprendía del cuerpo del hombre al morir, y adquiría un
caracter especial, yendo a refugiarse en una región denominada AÑARETÁ (-morada del
demonio del AÑA) y que es una especie de Campos Eliseos lleno de silencios.
Curiosa es tambien la interpretación del "andros" lugar o del "avá"
racial, que tiene una extraña connivencia con el génesis bíblico guaraní, segun su
tradición es producto del fugáz connubio de un hijo de la tierra con YACY, la luna.
Los fenómenos atmosféricos son explicados y denominados con el dulce idioma de clara
onomatopeya. El cielo, como anota Natalicio Gonzalez. está constituído por una
"materia quebradiza" que se raja en las tormentas y produce el rayo (ARA-TIRI)
despidiendo la gran luminosidad del relámpago (ARA VERÁ).
El viento (IBYTU), es el aliento, la "respiración" de la tierra. ¿Puede
concebirse una imágen más poética?
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EL LOBIZÓN

EL POMBERO
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LA MITOLOGIA GUARANÍ
El vasto solar guaranítico, que va desde las extendidas
campiñas, serranías airosas, arroyuelos, grandes rios, y sobre todo, selva inmensa, es
escenario propicio para una rica mitología.
Las creencias se hacen carne. El "ava", el indio, es un ente que vibra con el
medio y responde instintivamente a sus sugestiones. Y las personificaciones vagas por el
amplio escenario, alertando los íntimos resortes del alma Indígena explicando asi
fenómenos comunes, cuando no modelando un caracter distintivo.
Si dijimos que antes existía un extraño parentesco con los orígenes bíblicos,
ya que el guaraní sostiene la existencia de un Diluvio con destrucción de comunidades,
es evidente que el "hábitat" y las peculiaridades idiomáticas del
"Ava-fiee), del idioma autóctono, son generadores directos.
PORÁ, ya de por sí, significa "fantasma", alma en pena que anda por las
picadas, los escondrijos montuosos, los caminos...
Y ya encontramos el invisible YACY-YATERÉ, el rubio enano, el duende típico acechando en
las siestas; la CAÁ-PORÁ, extraño y proteiforrne fantasma femenino de las selvas; el
POMBERO, el extraño tambien, sigiloso y velludo personaje, que desde
situaciones estratégicas acecha la vida silvestre ; el I-YARA, dueño de las aguas; el
CUARAJHI-YARA, dueño del Sol, dispensador genitrix de las sementeras, dios
fecundante, patrón del "avati", (maiz).
Luego, el CURUPÍ, el sátiro racial, enano y deforme, de sensualidad permanente, emblema
de la poderosa fecundación natural de los desbordes dionisíacos, ladrón de
pequeñuelos y raptor de doncellas. . . La CAÁ-YARI, dueña o abuela de la
Yerba Mate, espléndida diosa rubia, a la que entregan su alma los hombres del yerbal para
obtener sus favores y el rendimiento de su trabajo, . .
El guaraní otorga a sus entidades míticas la condición de "dueñas o
protectoras" de tal o cual elemento animal o vegetal. Es como haber hallado un modo
consciente de evitar la depredación y los despojos arbitrarios e innecesarios del
"hábitat"que es tablado de su existencia.
Arboles, plantas, sementeras, ríos, manantiales, todo tiene su duende familiar. Todo esta
sujeto a las ocultas leyes del mito, y que el indio respeta mas que a su propia vida. |
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LA CAA-YARI

EL YACY
YATERE
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LOS
MITOS ANTROPOMORFOS
Siguen después los mitos antropomorfos, las
extrañas coincidencias con otros de tipo universal, como el LOBIZÓN, el hombre que se
convierte en perro-lobo, el YAGUARETÉ-ABA, transformación del hombre en tigre, todo ello
después de rituales mágicos de relieve diabólico.
El "Ava-ñee", el dulce idioma, sigue tejiendo incansablenlente sobre la
sensibilidad del indígena, las sugestiones de su onomatopeya. Quizás el idioma, por su
grafismo casi pictórico-musical, contribuya en gran parte a la sugestión de los mitos.
Ha dicho Max MULLER: "Se ha demostrado cumplidamente que la mitología es solo una
fase, y una fase inevitable en el desarrollo del lenguaje, tomado el lenguaje en su
verdadero sentido, no solo como símbolo exterior del pensamiento, sino como el ´unico
medio posible de darle cuerpo. Mientras el lenguaje atraviesa esa fase particular, todo
puede trocarse en mitología".
He aquí entonces, resumiendo, que el sentido guaraní de sus mitos raciales, comprende
una interpretación panteista de los fenómenos totales del orbe, y en especial de los
elementos de su "hábitat" solariego.
Como individuo primitivo, el "avá", el "andros" universal de esta
raza, no puede menos que explicar con sentido anecdótico, y luego, totémico, esos
elementos naturales. En ello, cumple una identidad implícita con otras culturas primarias
de otras latitudes, incluso orientales y africanas.
Pero lo que despierta nuestro interés, es el sentido ingénuo y poético de todos sus
mitos, transitando los movimientos de una fé en la existencia del alma y las fuerzas
espirituales.
Finalizando, todo ello es un himno continuado a los dones circundantes, a su paisaje, a
sus necesidades satisfechas, al sol que brilla, a la lluvia bienhechora, a la sombra que
sobrecoja, al animal amigo y al enemigo... Todo engarzado en la dulce trama de su
imponderable idioma. |
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