Las tertulias en las casas

Por aquella época en las amplias casas coloniales las reuniones fueron el eje de la vida social.

Casa de Sarratea, donde luego vivió Liniers. Venezuela 469.

Famosas resultaron las tertulias en la casa de Escalada, de Balbastro, de de Luca, de Sarratea. Allí se reunían los comerciantes para discutir sobre religión, política, e inclusive para jugar a las cartas, al billar o truque, al ajedrez y al chaquete y resolver adivinanzas y acertijos. En general se daban una vez por semana. Después de la charla o los juegos era muy común que se bailara hasta tarde.

Las mujeres por entonces tuvieron gran participación en la vida política, también realizaban tertulias en las casas.

Las más activas fueron Casilda Igarzábal de Rodríguez Peña, Melchora Sarratea y Ana Riglos.

Además tuvo gran relevancia Ana Perichón de Vandeuil, una mujer que nació en las Islas Maurice, en el Océano Índico, esposa de Tomás O’Gorman.

María Guadalupe Cuenca, esposa de Mariano Moreno, sufrida mujer, que sin saber que su marido había muerto en alta mar, siguió enviándole cartas a su destino en Europa, al que nunca llegaría, fue una de las más activas mujeres de la época.

Casa de Rodriguez Peña (hoy demolida). Rivadavia 867.

Casilda Igarzábal de Rodríguez Peña, esposa del patriota Rodríguez Peña fue una de las más notables luchadoras durante los días de Mayo. Se reunía con otras damas en su quinta de la actual Av. Callao al 900 o Rivadavia 867, y se cree que fue ella la que más instó a Saavedra a pronunciarse el 25 de Mayo de 1810.

 

También fueron muy importantes las reuniones que se efectuaron en la casa de Vieytes, un próspero comerciante de jabones.

Posible casa de Vieytes. México 1050-1068

Esa casa se piensa que estuvo ubicada en México 1050-1068, o en la esquina de Lima y Venezuela.

Esquina de Lima y Venezuela. Se cree que allí estuvo la jabonería de Vieytes.

 

En la casa de la calle Reconquista de Ana Perichón se dice que se armaron las intrigas y los contrabandos más importantes de la época.

"Salón Porteño". Léonie Matthis. Dotada de gran habilidad, inteligencia, fortaleza, fue desterrada por el Alcalde Álzaga a Río de Janeiro.

A su vuelta en 1810, y ya fusilado Liniers de quien era su amante, se recluyó en su casa y poco participó de las reuniones sociales de entonces. Fue la abuela de la triste y famosa Camila O’Gorman.

 

En una de esas tertulias inmortalizada en la pintura, en la casa de Mariquita S. de Thompson de la calle San José, se cantó por primera vez el Himno Nacional Argentino.

Allí ese día estuvieron Vicente López y Planes, Blas Parera, Esteban de Luca, Bernardo de Monteagudo, el tío de Mariquita Domingo Trillo, los Escalada con su hija Remedios, su novio el coronel San Martín, Mercedes Losada de Riglos, Carmen Quintanilla, el coronel Juan Ramón Rojas, Balcarce y Fray Cayetano Rodríguez. "El Himno Nacional en la casa de María Sánchez de Thompson donde se cantó por primera vez". Óleo de Pedro Subercasseaux

Se supone que ocurrió entre marzo y julio de 1812 ya que estaba San Martín quien llegó a Buenos Aires en marzo, y además la madre de Mariquita, Magdalena Trillo falleció en julio de ese año, por lo tanto por el luto riguroso que en esa época se llevaba no pudo haber una tertulia en la casa después de ese mes.

Según algunas cartas que una de las hijas de Mariquita Thompson, Albina Thompson de Tresserra envió a su hermana Florencia, desde Barcelona la música, del Himno fue escrita por Blas Parera en la casa de su madre ya que éste no tenía piano ni clavicordio. Y que perfeccionó su música en casa de Esteban de Luca.

Años más tarde otro amigo de los Thompson, Juan Pedro Esnaola, hizo el arreglo del Himno.

 

"Dama Porteña". Léonie Matthis.

Las visitas a las casas eran de dos tipos, las de amistad y las de etiqueta. La de amistad debía confirmarse enviando a una criada con cierta anterioridad.

La visita sabía que una vez servido el chocolate con bizcochos se debía retirar.

La de etiqueta (cumpleaños o Pascua), se hacía por la mañana. A la 11 se servían licores, frutas en aguardiente y vinos añejos.

"Tertulia porteña". Acuarela de Carlos F. Pellegrini.

 

 

Las tertulias en los cafés

Además de las tertulias en las casas fueron comunes las reuniones en los Cafés como el de Los Catalanes, en la esquina de San Martín y Cangallo, a los fondos de la casa de Mariquita Sánchez, o el Café de la Comedia, donde aprendían a cocinar los negros.

La sala de billar estaba conectada con el Coliseo Provisional, inaugurado en 1804. Se encontraba a una cuadra del anterior.

 

El Café de los Trucos, en la calle del Cabildo.

Sobre la calle del Cabildo (hoy Hipólito Yrigoyen) se hallaba el Café de los Trucos, uno de los primeros de la ciudad.

 

Enfrente de la Iglesia de San Ignacio estaba el Café de Marco, lugar de reunión de los jóvenes de avanzadas ideas independentistas.

A una cuadra se hallaba el Café de la Victoria, un centro de suculentos banquetes.

"Día de Mantel Largo". L. Matthis.

 

N. Rodriguez Peña, J. H. Vieytes y M. Belgrano.

En todos estos lugares se reunieron aquellos que a partir de 1803 gestaron la Independencia de España, como Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Saturnino y Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito Vieytes, Feliciano Chiclana.

En realidad todos ellos trataban de difundir las ideas económicas y culturales del liberalismo.

Buenos Aires a principio del siglo XIX estaba embellecida, había prosperidad comercial y era cosmopolita. Fue muy atractiva para los extranjeros. Llegaron muchos inmigrantes españoles y también ingleses.

Entre los ingleses, además de comerciantes vinieron espías, que intervinieron en las tertulias que se hacían en los cafés y en las casas de las familias más renombradas de la ciudad. Uno de ellos, Santiago Florentino Burke, coronel inglés, inteligente, y seductor se alojó en La Fonda de los Tres Reyes. Llevó una importante vida social. Frecuentó la casa de Liniers, de los O’Gorman e inclusive se hizo muy amigo del virrey Sobremonte.

 

"La Pulpería". César H. Bacle.

Las pulperías fueron el lugar de reunión de los sectores populares y el de las compras.

Las construcciones eran precarias, donde además del aguardiente se vendía aceite, yerba, azúcar, sal, jabón, tabaco... y, se discutía de política local.

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"Tertulia". Collage digital