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| Si bien
el comercio era un arma de doble filo, se podía estar en la cumbre como en total quiebra,
fue un elemento que permitió a muchos la prosperidad, y por lo tanto la ascendente
movilidad social. Por otra parte los comerciantes trataban de casar a sus hijas con otros comerciantes para consolidar su empresa. Pero para elevarse también fue importante tener un cargo administrativo. |
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Con la aparición del virreinato surgieron cargos que fueron ocupados, en un principio por españoles venidos especialmente de la península, y posteriormente por los criollos. | ![]() |
| El ascenso en la administración era muy lento, pero mucho más seguro que el que permitía el comercio. |
| Por otra
parte pertenecer a la Iglesia daba jerarquía y un buen pasar. Por eso muchos optaban por
incorporarse a ella. En casi todas las familias se veía con buenos ojos que un hijo o hija tomara los hábitos. |
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En Buenos Aires, las aspirantes podían entrar al Monasterio de Santa Catalina de Siena, de las monjas catalinas, al de Nuestra Sra. del Pilar de las monjas capuchinas. |
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Los estancieros, en realidad pequeños productores rurales, en general fueron analfabetos, pocos tenían casa en la ciudad, la mayoría eran criollos. En la ciudad, el comerciante sabía leer y escribir. |
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Según los resultados del censo de la ciudad de Buenos Aires de 1774, había 7.580 hombres y mujeres blancas, y 1150 negros, 99 mestizos, 188 indios 330 mulatos y 221 pardos. |
En la campaña en ese mismo año se documentaron 6.055 hombres y mujeres blancas, 327 negros, 180 mulatos, 40 mestizos, 431 indios y 123 pardos. |
En 1778 la población de la ciudad aumentó notablemente. 24.083 blancos, 524 indios, 3837 negros, 2997 mulatos, 627 mestizos, mientras que en la campaña había 9439 blancos, 1620 indios, 495 negros, 760 mulatos, y 263 pardos. |
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Las familias pudientes tenían esclavos. Al Río de la Plata llegaron los negros de Angola y del Congo. Hasta 1783 en que se prohibió a los negros se los marcaba en la mejilla con un hierro caliente como se hacía con el ganado. |
Tanto el tráfico legal como el contrabando de negros fue un comercio muy productivo, que enriqueció a muchos. Tan próspero resultó el negocio que en muchos casos se daba permiso para el tráfico como recompensa por algún servicio a la Corona. Así tanto Liniers como Álzaga pudieron traer un contingente de 2000 negros como premio a su labor durante las invasiones inglesas. A pesar de ser esclavos, en el Río de la Plata los negros tuvieron bastante libertad. |
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En muchos
casos, además del trabajo en el servicio doméstico, realizaban artesanías o eran
vendedores ambulantes. Fue muy común que los sirvientes trabajaran afuera de la casa cuando su amo moría, a fin de ayudar a la viuda, o cuando la familia por circunstancia de los negocios se empobrecía. |
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| Fue tanta la identificación de los esclavos con sus patrones que en muchos casos adoptaron el apellido de éstos. | |
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En
muchas casas existía una puerta y un pasillo lateral por donde entraban a sus
habitaciones los sirvientes. Una vez obtenida la libertad, los pocos negros que sobrevivieron a las epidemias y a las Guerras, continuaron sus vidas en dichas casa en forma independiente. Todavía se pueden ver en Buenos Aires dichas casas que conforman hoy en día los terrenos más angostos de la ciudad. |
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