Libro de invitados

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Hace unos ochocientos años, un pueblo de  agricultores  emigró  del lago Titicaca hasta el valle peruano de Cusco.

Allí estableció un pequeño reino que creció  en   medio  de sus rivales hasta formar,  casi tres siglos después, un formidable imperio llamado Tawantinsuyo.

Todos  los    reinos  y   comunidades  andinas  entre  Ecuador,   Noroeste  de la República Argentina y Chile fueron conquistados, combinando las victorias militares con sagaces medidas políticas y económicas, quedando así  bajo    el      control      de  la   civilización       mas   meticulosamente   planificada   y  organizada   que  conoció  América:  " El   imperio de los Incas, los dueños del mundo andino".

Describiremos   el proceso en el Noroeste argentino, específicamente Catamarca, el cual llevó   desde   el     estado  de cazadores y recolectores de los primeros habitantes hasta los tiempos  incaicos,  numerosos  siglos  de  relación   del   hombre con la naturaleza que no había  producido   hasta la    Conquista  española   un    desequilibrio  que   amenazara la estabilidad  del ambiente. Los sistemas de creencias elaborados junto con la evolución de las   técnicas,  tendían  a  asegurar   la preservación de la "Pacha Mama". Tanto el suelo como  los   productos de la naturaleza se regulaban y cuidaban basados en un sistema de organización     social   que   no   utilizó     dinero.   Con   la    conquista     se   interrumpió violentamente, y  no    sabemos en    que  podría haber desembocado, sin embargo,  muchas de la  técnicas tan   inteligentemente empleadas podrían ser reinterpretadas y reimplantadas en    el  árido, a  fin  de   producir  en  sus   propios  medios,     aunque  esto resulta un tanto utópico, en   un   país que se  rige por imposiciones de los mercados, donde se elaboran las pautas  de  la cultura dominante, donde  las   regiones   no  son  tomadas en cuenta, y se consideran  a   las técnicas de producción autóctonas totalmente despreciables por el sólo hecho  de   haber  sido  elaboradas  por  pueblos   aborígenes,   y en ámbitos que no poseen jerarquía  universitaria, con  la    Pampa    húmeda   como   ombligo   del   mundo    y   elemento   de   comparación, sin considerar    que    a      la  llegada   de   los  españoles una población sumamente  numerosa vivía en estas áreas, se vestía, alimentaba y crecía sin destruir el medio,   en  función  de una  optimización de los recursos y considerando al árido en sus propios términos.

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