FRANCIA E INFLUENCIA FRANCESA
Las singulares relaciones con Francia han tenido una profunda influencia en el desarrollo histórico argentino desde principios del siglo XVIII. Al desaparecer la dinastía Habsburgo y colocarse a un príncipe Borbón francés (Felipe V) en el trono español (1700-1746), todas las colonias hispanas, inclusive el Río de la Plata, sintieron la influencia francesa en la centralización de la autoridad política, así como también en otros cambios de esa misma índole, en el establecimiento de las Academias Carolinas y en la implementación de las ideas económicas, políticas y culturales de los filósofos franceses y de la frustración; durante las guerras imperialistas de los siglos XVII y XIX, en gran medida libradas entre Inglaterra y Francia, el pacto de familia existente entre los soberanos Borbones de Francia y España mantuvo a esta última y a sus colonias involucradas; para Argentina, ello implicó elevar su controversia limítrofe con Brasil, en relación con la región misionera guaraní y la margen este del Río de la Plata (actualmente Uruguay) a un nuevo nivel internacional, ya que los portugueses del Brasil se hallaban tradicionalmente aliados a Inglaterra; las guerras, la demarcación del límite (1777), el establecimiento del virreinato con capital en Buenos Aires, los comienzos de la disputa de las Islas Malvinas, las invasiones británicas al Río de la Plata (1806-1807) fueron acontecimientos afectados en su totalidad por ese vínculo; por otra parte, cuando los Borbones franceses fueron despojados del trono por la Revolución, ocupando el poder Napoleón, las invasiones francesas a España llevadas a cabo con el fin de evitar que Inglaterra atacara a Francia desde allí, dieron lugar a la alianza entre los gobiernos patrios españoles e Inglaterra para derrotar a Napoleón; ello se vio reflejado en Argentina por las concesiones que contribuyeron a establecer las bases de la futura relación de la nueva nación con Gran Bretaña; la invasión francesa a España y el subsiguiente colapso del gobierno español proporcionó la chispa que encendió a los movimientos de independencia hispanoamericanos, incluyendo a la Revolución de Mayo en Argentina. Con posterioridad a la derrota de Napoleón y a la
restauración de las monarquías borbónicas en España y Francia, este último país inclinóse a apoyar los intentos españoles para recuperar sus colonias; después de que la independencia hubo sido claramente lograda, Francia continuó presionando a los gobiernos bonaerenses mediante el pretexto de que los ciudadanos franceses estaban siendo objeto de malos tratos y obligados ilegalmente a cumplir servicios militares. etc.; embarcaciones francesas incendiaron buques de guerra argentinos en el puerto de Buenos Aires durante la revolución que colocó a Rosas en el poder, y continuaron hostilizando tanto a Buenos Aires corno al gobierno de Rosas, proporcionando asistencia militar y económica a sus enemigos, tanto en Buenos Aires como en Montevideo; todo esto culminó en el bloqueo de Buenos Aires y sus ríos por parte de la armada francesa (1838-1840) en coordinación y alianza con Juan Lavalle, quien llevó a cabo su último intento unitario para derrocar a Rosas; los franceses se replegaron luego de ser redactado el tratado AranaMackau, finalmente se concedieron a los ciudadanos franceses los mismos privilegios de los que gozaban los británicos conforme al tratado de 1825; durante el siglo siguiente, Francia ocupó el segundo lugar (después de Inglaterra) en el respaldo económico y diplomático proporcionado a Argentina envió el primer buque refrigerado (Le Frigorifique) a Buenos Aires dando inicio a una revolución en la industria de carnes; Francia también contribuyó con una porción menor en la financiación de los ferrocarriles y, posteriormente, con una mucho mayor en la financiación y experiencia técnica para la industria vitivinícola del oeste; gran
parte de los gastos invertidos para el desarrollo del puerto de Rosario fue solventada por capitales franceses, así como también para muchas otras empresas. Las contribuciones francesas más importantes se dieron en el hábito cultural e intelectual; durante un siglo y medio desde fines del siglo XVIII hasta la década de 1940 los argentinos consideraron a Francia, especialmente a París, como modelo para sus ideologías, pautas literarias, sus modas y estilos de vida; París se constituyó en la Meca cultural de Argentina y los ciudadanos prominentes y adinerados llegaron a considerar a esa ciudad como su segundo hogar; comenzando con las ideas e instituciones de la Ilustración, la influencia francesa continuó su rumbo al traer Esteban Echeverría a Buenos Aires el movimiento romántico de París, y posteriormente, a través de los miembros de la Asociación de Mayo y de otros exiliados unitarios argentinos; dicha influencia pasó a ser dominante a mediados del siglo XIX que los intelectuales franceses que se hallaban en exilio político en Argentina fueron empleados tanto en la Confederación como en Buenos Aires, y posteriormente, por el presidente Mitre para establecer un moderno sistema de educación secundaria a lo largo de toda la República; a pesar de que éste fue, de alguna forma, modificado luego por la introducción por parte de Sarmiento de maestros estadounidenses y de escuelas normales, el prestigio internacional de París se mantuvo tan elevado, que los intelectuales argentinos continuaron haciendo del francés su segundo idioma así como también inspirándose en esa ciudad, gastando los adinerados miembros de la oligarquía argentina gran parte de su tiempo y dinero en ella. La depresión económica de la década de 1930 y la Segunda Guerra Mundial modificaron esta situación, la decadente posición de Francia, tanto económica como internacionalmente, la prominencia, poder y riqueza de los Estados Unidos, los cambios tecnológicos que daban lugar a nuevas oportunidades, así como también la competencia existente entre el comercio argentino y el de Francia, coincidieron con el nacimiento del sentimiento
nacionalista de Argentina que quería disminuir la estrechez de este vínculo, ya que el país, de población heterogénea, comenzaba a dar fin a su dependencia de Europa Occidental para establecer nuevos vínculos internacionales más acordes con sus modernos intereses.