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JUAN FACUNDO QUIROGA

Fue grande. Estaba hecho de la sustancia de los grandes conductores, con su intuición incomparable, el conocimiento de sus paisanos que le había dado un intenso comercio con los hombres, su valentía y ese magnetismo que le infundía calidades de jefe nato.

Juan Facundo Quiroga pudo ser la gran figura de la organización nacional. Lo traicionó su salud, lo domesticó Rosas, y Buenos Aires gastó su impulso vital.

EL Tigre de los Llanos fue un hombre excepcional. Descubrir esta condición fue el gran mérito de Sarmiento. El sanjuanino plagó su "Facundo" de errores, infundidos y mentiras pero acertó en lo sustancial al revelar la naturaleza impar del personaje y lo demoníaco e infernal de su índole secreta. Lo demoníaco en los imprevistos, que es una de sus singularidades mágicas: aparecer a diez cuadras del campamento de Lamadrid cuando todos lo hacen a cien leguas, o caer de improvista en la fiesta donde los unitarios de La Rioja celebran su derrota de La Tablada.

Facundo nació en 1788 en San Antonio, un caserío situado al pie de la sierra de los Lanos de La Rioja (esa región no es una llanura, sino una comarca, el nombre le viene de la Sierra de los Llanos que domina la zona, cuya toponimia deriva de una vieja familia pobladora).

Su padre era un importante hacendado de la región: durante varios años fue capitán de las milicias de la comarca y su hijo empezó su carrera militar heredando el cargo. Esto ocurrió en 1816 cuando Facundo tenía 28 años. Hasta entonces había sido un mozo andariego y jugador. También estuvo en Buenos Aires, según parece como enganchado del Regimiento de Granaderos a Caballo, siempre guardó una particular consideración por San Martín.

Pero hacia 1817 terminan las andanzas juveniles de Quiroga, ahora es capitán de las milicias de los Llanos, contrae matrimonio y se dedica a las tares rurales.

Su personalidad, sus aventuras juveniles y su cargo lo han convertido en un hombre importante dentro de la política provincial.

Las facciones oligárquicas que pugnan por el poder en La Rioja la halagan y lo llaman para contar con el apoyo del cuerpo de "llanistas" que comanda. Así contribuye a deponer el gobernador Ocampo y a instalar a Dávila, al que derrocará dos años después en 1823. Para esa época había reforzado sus milicias con una parte del batallón de Cazadores de los Andes, que venían desde San Juan sublevado y al que Quiroga derrotó quedándose con parte del contingente. Para esa época, también había ayudado a sofocar la sublevación de los españoles prisioneros en San Luis.

Su fama se extendía por Cuyo y el Noroeste como el hombre fuerte de La Rioja.

Dueño virtual de la situación provincial, Quiroga declina la gobernación y se dedica a enriquecerse. Aumenta el giro de sus negocios, funda una empresa local para la explotación de las minas del Famatina y acuñación de monedas y obtiene de la Legislatura catamarqueña la concesión de los yacimientos mineros de esa provincia.

Las cosas que están pasando en el país lo obligan a asomarse al escenario nacional.

Los desaciertos de los unitarios, empeñados en organizar el país en un sistema de centralismo y la torpe política de Rivadavia le hacen comprender que los hombres como él deben defenderse para no ser barridos. Le informan que Rivadavia ha concedido la explotación del Famatina a una compañía inglesa que él mismo ha promovido; con el pretexto de la guerra con Brasil, Lamadrid, que fue enviado por el Congreso a Tucumán para enganchar soldados, ha derrocado al gobernador federal y se prepara a liquidar todas las situaciones provinciales que pueden resistir el plan unitario. El cordobés Bustos, el santiagueño Ibarra y el riojano Quiroga serán los primeros destinatario del golpe, todos lo saben pero el Congreso aparenta ignorarlo.

Quiroga intuye que los pueblos desprecian ese régimen que ataca la religión tradicional, roba fuentes de trabajo al interior, agrede las autonomías conquistadas el año 20 y estafa los anhelos de Constitución. Se lanza sobre Tucumán. En la primera campaña fuera de su provincia que afirmará el naciente mito de Facundo. En pocas semanas deshace al gobernador de Catamarca (aliado deLamadrid), y derrota al jefe unitario en el Tala. Luego ocupa Tucumán por uno o dos meses para retornar hacia Cuyo.

Basta su aproximación a San Juan para que caiga el gobierno unitario local: basta los mendocinos sepan que Quiroga está en la provincia vecina para que su gobierno se pronuncie contra su Constitución unitaria que acaba de sancionar el Congreso. En cuatro meses, Quiroga a sublevado todo Cuyo y el Noroeste contra Rivadavia, tal como Ramírez seis años antes, todo el litoral contra el Directorio.

Pero Lamadrid ha vuelto a hacerse fuerte en Tucumán: se prepara a atacar Santiago, contando con la ayuda de unos mercenarios colombianos. Quiroga descansa en San Antonio y luego se abalanza sobre Lamadrid. En julio de 1827, con la batalla del Rincón, el régimen presidencialista desaparece: Rivadavia renuncia, el congreso se disuelve, la provincia de Buenos Aires recupera su autonomía. Con una bandera negra que dice "Religión o Muerte", el riojano ha destruido el plan unitario. Se ha convertido en el jefe virtual del partido federal y su influencia es decisiva en una liga de once provincias creada para integrar un nuevo Congreso que constituya el país bajo el sistema federal.

Pero un año después el país se ve de nuevo convulsionado. Los unitarios inducen a Lavalle a tomar el poder por asalto. El fusilamiento del gobernador de Buenos Aires indigna a la nación y enajena todo apoyo popular al golpe: pero los unitarios cuentan con un hombre inteligente y resuelto, el General José María Paz. El manco marcha al interior para reducir a las provincias mientras Lavalle, en Buenos Aires, se va enredando en las intrigas de Rosas.

En el invierno de 1829 avanza Quiroga desde La Rioja para enfrentar a Paz, otra vez la parte más pesada en la lucha contra los unitarios. Hábilmente elude Quiroga el ejército enemigo, lo deja atrás y ocupa Córdoba sin disparar un tiro, mediante un convenio con defensores. Luego espera al manco en las afueras, conforme al compromiso contraído con la guarnición rendida. En La Tablada se traba la lucha tremenda y agotadora, dura tres días, participa en ella: el Chacho, enlazando los cañones enemigos. Es el primer desastre. Quiroga retorna a su provincia. Cuando llega a La Rioja se entera que los unitarios festejan su derrota. Su rabia se desata: hace fusilar a diez caracterizados vecinos. Luego organiza un nuevo ejército. Mientras tanto Lavalle termina por exiliarse vencido por las intrigas en que durante un año lo envolvió Rosas. (mapa nº9).

Ahora es el Restaurador de las Leyes quien domina la primera provincia del país…y su pingüe aduana. Por su parte, Estanislao López entra en tratativas con Paz un agravio que facundo no olvidará. Se instala en San Juan, enfermo, lo acompaña su familia, y desde allí dirige la reconstitución de su ejército. Todos los medios son buenos para reconstituir el mismo: contribuciones forzosas, amenazas. Baja luego a Mendoza para concentrar sus efectivos y seis mese después de La Tablada está en condiciones de volver a dar batalla al jefe unitario. A fines de febrero las tropas de Quiroga están de nuevo a pocas leguas de Córdoba, en Oncativo esperando el resultado de una comisión mediadora. Súbitamente el campamento es atacado por Lamadrid, segundo de Paz, que ardía en deseos de venganza. Cada cual escapa por donde puede. Facundo toma el camino de Buenos Aires: Paz le había infligido una nueva derrota. Ahora, todo el interior queda a merced de los jefes unitarios.

Cuando llega a Buenos Aires, Rosas le recibe triunfalmente, y comienza un asedio que termina por rendir al riojano ante su astucia. Durante el año 30, vive Facundo en Buenos Aires, preocupado por su mujer y sus hijos, que debieron pasa a Chile ante la aproximación de los unitarios, y furioso por el saqueo que Lamadrid hace en San Antonio, y por las vejaciones que tiene que sufrir su madre. Durante su estancia su aspecto personal se modifica. Se afeita la barba, usa trajes cortados por los mejores sastres y alterna con la sociedad porteña sin problemas. Su figura es habitual en el juego donde pierde cantidades de onzas de oro. Hace la vida sosegada y divertida de un hacendado rico en la ciudad pero anhela enfrentar de nuevo a Paz.

Sin embargo no tiene ejército, sus recursos se están agotando, su salud no es buena; entre tanto Paz, sigue ocupando provincias y persiguiendo a los amigos de Quiroga.

El riojano decide salir, en la que va a ser su más increíble campaña. En enero de 1831 los gobernadores de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos firman el "Pacto Federal": que expresa el propósito de constituir la nación bajo el sistema que desean los pueblos, para ello la única fuerza adversa que había que desaparecer era Paz. Ésta será la misión de Quiroga…

Rosas y López arman lentamente sus tropas y avanzan sobre Córdoba. Facundo en Buenos Aires recluta un centenar de voluntarios y unos doscientos forajidos extraídos de las cárceles y comisarías de campaña que formarán: La División Auxiliar de los Andes.

Un mes después de firmado el Pacto Federal, sale Quiroga de pergamino, llega a Río Cuarto y toma el pueblo; luego derrota a Pringles en Río Quinto y ocupa San Luis. En Rodeo del Chacón lo enfrenta uno de los mejores lugartenientes de Paz: Quiroga debe dirigir la batalla desde una carreta, torturado por el reuma. Triunfa: Mendoza es suya. Refuerza sus huestes con hombres, con dinero y animales. Luego sube a San Juan y se reúne con su familia, que retornan de Chile, después baja a Mendoza nuevamente, y allí se entera que han asesinado a Villafañe, su viejo camarada, el hombre que le guarda las espaldas en La Rioja. Se enloquece Quiroga. Y pagan por este asesinato los prisioneros del Chacón; los veintisiete oficiales unitarios que son fusilados sin saber por qué.

El remordimiento por este hecho, estará en el ánimo de Facundo hasta su muerte.

Llega a Mendoza la noticia increíble: Paz ha caído prisionero de López. Tendrá que ser con Lamadrid el encuentro. Quiroga avanza hacia Tucumán, donde Lamadrid lo espera con el resto de las fuerzas de Paz. Los dos ejércitos se avistan en la ciudadela; en noviembre de 1831, dos horas dura la lucha; finalmente el ejército unitario abandona las líneas y sus jefes huyen hacia las fronteras de Bolivia. La guerra civil que comenzó tres años antes, con el fusilamiento de Dorrego, ha quedado cerrada.

Si bien Facundo reconquisto su influencia en el panorama nacional, no está contento; la suerte le permitió a López quedarse con Córdoba, cuando en justicia la provincia debería haber ingresado al sistema de las adictas a Quiroga. Pronto gobernarán allí los Reynafé, clan arribista protegido por el santafesino y los amigos de Quiroga serán sordamente hostilizados. Además Facundo se enteró que López se quedó con su caballo (por el que sentía una increíble debilidad) al apropiarse del botín del ejército vencido.

Y para completar el amigo Rosas anda chicaneando la reunión del Congreso previsto por el Pacto Federal y demorando la organización del País.

Después de cerrar este ciclo de la lucha civil, retorna a su provincia desde Tucumán, y luego a San Juan. Allí lo reclama otra empresa: la expedición contra los indios del sur, que aprovechando las continuas luchas civiles de los cristianos están creciendo en osadía. Pero no podrá dirigirla aunque figure como su director: el reuma lo tiene a mal traer. Será Rosas quien emprenda la conquista del Desierto. (mapa nº10).

Casi todo el año 33 vive Quiroga en San Juan o Mendoza, en alternativas penosas de salud manteniendo correspondencia con sus amigos de todo el país y ayudando al éxito de la expedición contra los indios.

A fines de 1833 llega a Buenos Aires conduciendo la División de Auxiliares de los Andes, que devolverá formalmente al gobierno de Buenos Aires. Ahora viene con su familia a instalarse definitivamente. Rosas ha terminado su mandato el año anterior, y existe una dura lucha por el poder entre federales netos y lomonegros.

En esta lucha Rosas necesita más que nunca de la amistad de Quiroga, y este se la brinda aunque se niega a hospedarse en la residencia de Rosas.

El año 34 asiste a la completa transformación de Facundo. Él y su familia se relacionan con la sociedad porteña. Facundo expone ideas de conciliación, defiende a sus adversarios en las conversaciones; intenta saludar y ayudar a Rivadavia que ha regresado de su exilio sin lograr desembarcar en Buenos Aires. De vez en cuando tiene diálogos ásperos con Rosas. No ostenta ninguna representación ni tiene ejército a su mando, pero su palabra pesa.

Todo el país clama por la constitución, el partido unitario ha desaparecido, nadie se opone a la organización federal de la República. La legislatura de Mendoza invita a San Juan y San Luis a unirse para entrar en la Federación bajo la protección de Quiroga. Muchos federales que temen a Rosas, piensan que el riojano puede ser una solución viable. Quiroga está a favor de una rápida organización del país, pero tampoco ignora la tesis de su amigo Rosas y jamás lo contradice públicamente, a partir de 1833. La tesis de Rosas afirma que el país no está en condiciones de constituirse; que hay que dejar que el tiempo facilite una evolución natural hacia la organización definitiva.

En diciembre de 1834 emprende Quiroga un viaje al norte. Había estallado un guerra local entre Salta y Tucumán, el gobernador provisorio de Buenos Aires pide a Quiroga que intervenga como mediador en el conflicto. Rosas se suma al pedido. Facundo acepta pese a su enfermedad.

Se dirige hacia el norte, no quiere escolta. Los gauchos bonaerenses, santafesinos, cordobeses caen a las postas del camino para ver pasar al famoso general.

En Nochebuena llega a Córdoba: no quiere quedarse, en poco más de dos semanas llega a Santiago. Antes de arribar se entera que la guerra entre salteños y tucumanos ha terminado. Pero su viaje no ha de ser inútil. Durante el mes de enero se reúnen en Santiago bajo su presidencia, los representantes de las provincias del Norte y convienen oponerse a todo intento de segregación de Jujuy, factor oculto de esta querella local que debía mediar Quiroga.

El seco verano santiagueño alivia sus males. En vísperas de su regreso alcanza a recoger algunos rumores sobre extraños movimientos de los Reynafé: vagos planes para matarlo, y que la rapidez de su viaje había frustrado.

Quiroga sabe que los gobernantes de Córdoba lo odian. El 13 de febrero parte de Santiago, el pueblo avisa en cada posta el peligro que lo aguarda apenas cruce el límite de Córdoba. El ciego empecinamiento del general, su negativa a desviarse, a aceptar una escolta, la espera de la partida de asesinos en los solitarios breñales de Barranca Yaco. El 16 de febrero de 1835 al medio día lo voltea un pistoletazo en el ojo y después le cargan el cuerpo, ya exámine de tajos y puntazos. Facundo Quiroga muere en Barranca Yaco: su temeridad inconsciente le llevó a la muerte. Después de una tormenta de verano encuentran la diligencia a unas cuadras del camino, vacía y ensangrentada, y los cuerpos diseminados de Facundo y sus compañeros.

La noticia golpea fuerte en todo el país. La intuición popular señala desde el principio el clan gobernante de Córdoba: partidas de llanistas riojanos invaden el noroeste cordobés, clamando venganza. Pero el responsable moral del crimen no aparecerá nunca. Rosas procesó y condenó a los autores materiales del crimen: Santos Pérez, sus compañeros y los Reynafé.

¿Quién los habría mandado? Los sospechosos son muchos. Indudablemente, en este momento de la vida política del país, para Rosas el mejor Quiroga, es un Quiroga muerto. Y muerto de ese modo, bárbara y misteriosamente. Cuando llega la noticia del crimen a Buenos Aires, Rosas acepta ser gobernador, se hace conceder la Suma del Poder Público y promete tremendas venganzas contra los unitarios. Pero fuera del buen provecho que sacó a lo de Barranca Yaco, no hay ningún indicio serio de su culpabilidad. (mapa nº11).

El santafesino López y su ministro Cullen - habilidoso en intrigas - intentan al principio una débil defensa de los Reynafé: la verdad es que López y su ministro tuvieron sospechosas entrevistas con los cordobeses antes de la tragedia, la cual se festejó en Santa Fe sin el menor pudor y era notoria la malquerencia entre Quiroga y el santafesino. Pero nada más, no hay otra prueba. En cuanto a los unitarios no tenían ningún motivo para eliminar a Quiroga. El enigma subsiste y probablemente no se devele jamás.

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