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     JOSÉ GERVACIO ARTIGAS                     

Los Uruguayos han conferido a Artigas la condición de héroe nacional. Sin embargo aunque se salvó del destino que corrieron otros caudillos, es difícil encontrar en nuestros historiadores académicos el reconocimiento de las dimensiones del Protector de los Pueblos Libres, en verdad excepcionales.
Porque fue el fundador del federalismo rioplatense y pasó con dignidad la prueba del infortunio. Toda su lucha estuvo enmarcada en el contexto nacional, la actitud de Artigas no fue nunca separatista, ni aceptó los ofrecimientos que le hicieron para constituir la banda oriental en una entidad nacional independiente.

Tenía 47 años cuando ocurrió la revolución de Mayo. Había nacido en Montevideo, su abuelo había venido con el fundador de la ciudad y fue estanciero y a veces militar, también su padre lo fue. Gervasio José Artigas trabajo en tareas campestres, y prestaba servicios en el cuerpo de blandengues, especie de policía rural, fue ascendiendo lentamente y a través de varios años llega al grado de capitán hacia 1810.

Se había casado con una prima suya en 1805 de la que sólo hubo un hijo varón, pero antes había engendrado un hijo con una muchacha de la campaña. Hacia 1810 era Artigas un hombre de prestigio. Durante las Invasiones Inglesas había desempeñado un brillante papel. Aunque no tenía una posición económica desahogada, contaba con un discreto pasar.

Cuando se produjo en Buenos Aires la deposición del virrey Cisneros y la instalación de la primera junta, los orientales que miraban con simpatía estas ocurrencias hablaron con Artigas para inducirlo a encabezar un movimiento en la región sujeta a la jurisdicción de Montevideo. Pero lo cierto es que ha mediados de febrero de 1811 Artigas abandona su regimiento de blandengues, y viaja hasta llegar a Buenos Aires en los primeros días de marzo. Allí ofrece sus servicios a las autoridades de la junta y un mes después reaparece en su patria, ascendido a teniente coronel y dispuesto a cooperar con las fuerzas que debía moverse en la Banda Oriental contra el poder realista asentado en Montevideo. Desde ya que en sus nueve años de actuación en el escenario mayor de esa época, Artigas libró una lucha orientada en dos direcciones: contra el enemigo externo (llamaranse españoles o portugueses) y contra el poder centralista de Buenos Aires.

El 18 de mayo de 1811se formaliza la primera gran batalla de la campaña en las Piedras, frente a los españoles. La derrota española fue total. Y entonces ocurrió lo increíble. El primer triunvirato reconoció al virrey Elío jurisdicción sobre este territorio y los pueblos entrerrianos situados sobre el río Uruguay. (mapa nº3).

Este absurdo armisticio con un enemigo vencido, en el cual anduvieron Sarratea y el ministro británico Lord Strangford, permitió a los realistas de Montevideo mantener durante tres años una pistola apuntando al corazón de la revolución, y abrió la primera fisión de desconfianza y decepción entre Buenos Aires y Artigas. El jefe oriental no aceptó las consecuencias de este armisticio y una enorme peregrinación popular empezó a caminar lentamente al lado de Artigas por la costa del río Uruguay. Casi 1000 carretas transportaban no menos de 16000 personas con sus ganados y pertenencias. Cruzaron el río y se instalaron bajo los palmares del río Ayuí. Artigas trascendía su condición de jefe militar para convertirse en un conductor de pueblos; sin embargo reconocía todavía sus dependencia de Buenos Aires, en su campamento alojaba a Sarratea designado ahora general de las fuerzas que debían intentar la toma de Montevideo.

Las negociaciones inoperatntes de Sarratea durante todo el invierno de 1812 sirven para que Artigas elabore progresivamente su pensamiento federalista. Entre tanto en octubre de 1812 el Primer Triunvirato es sustituido por otro, y el General Rondeau arriba a la Banda Oriental con un pequeño ejército. Rondeau traba en diciembre un riguroso sitio sobre Montevideo. El nuevo jefe patriota viejo amigo de Artigas, comprendía la importancia de la colaboración del caudillo oriental: harto de las intrigas de "su general", dio un corte militar a la situación de Sarratea obligándolo a marcharse; lo que hizo el ex triunviro no sin declarar por su cuenta traidor a Artigas. Las fuerzas del caudillo oriental se unen al ejército de Rondeau en el sitio de Montevideo.

Deliberaba Buenos Aires desde enero de 1813 la Asamblea General Constituyente, prometida a los pueblos desde 1810, 23 pueblos orientales eligieron a sus representantes quienes arribaron a Buenos Aires presentando los documentos que exigían:

En junio la Asamblea rechaza las peticiones de los diputados orientales, lo cual era una nueva bofetada al jefe de los orientales, agrabado por un simulacro de elección de nuevos diputados que debió realizar Rondeau obedeciendo órdenes de Buenos Aires, con instrucciones de impedir que ningún artiguista integrara la representación. Súmese éstos agravios a la represión que el gobierno de Buenos Aires ordenó en la costa del Río Uruguay contra los elementos considerados artiguistas, y que se desarrolló durante todo el año 13, y se comprenderá que la paciencia del caudillo estaba ya agotada.

A cambio de las concesiones exigidas en la Asamblea Artigas ofrecía la absoluta adeción de la provincia oriental a la Confederación que debía organizarse sobre la base de la independencia y la igualdad recíproca. En Buenos Aires todo esto se oía con gran escándalo, la sola idea de una federación parecía anárquica. Éstos desaires y agrabios separaban cada vez más a Artigas del gobierno central, sin que ello expresara una actitud separatista, pero se estaba convirtiendo en el protagonista provinciano de la opoción contra Buenos Aires. Estos antecedentes ayudan a comprender el progresivo distanciamiento entre Artigas y Rondeau. En enero de 1814 el caudillo oriental se aleja del campamento sitiador (solo) y se dirige a las costas del río Uruguay por donde presume que puede venir el ataque que Buenos Aires le está preparando desde Entre Ríos. A la noticia de su marcha sus partidarios abandonan las posiciones y siguen su itinerario: todo el regimiento de blandenges deserta, además de otras fuerzas. Se han cebado en la deserción de Artigas frente a los realistas como si fueran el eco del director Posadas, que al saber su marcha lo declaró infame, traidor y enemigo de la patria, lo puso fuera de la ley y ofreció $6000 a quién lo entregara vivo o muerto. Pero Artigas es un desidente, no un traidor. Con sus 3000 hombres organiza la defensa de la línea del río Uruguay y se dispone a pasar a Entre Ríos para apoyar desde allí la guerra que sus jefes están llevando contra las fuerzas porteñas. Su abandono del sitio le birlaría la gloria de entrar triunfante a Montevideo, que quedó reservada a Alvear.

Los realistas de Montevideo hacen gestiones para obtener la deserción de Artigas de la causa pratrióta, ofreciéndole distinciones en grado de general, pero el caudillo no se deja tentar. En los primeros meses de 1814 los jefes artiguistas habían derrotado ya a todas las fuerzas directoriales. El Director Posadas se ve obligado a negociar con "el infame traidor a la patria". Envía emisarios de paz que encuentran a Artigas en un plan de verdadera moderación: sólo exige que se derogue el decreto infamante contra su persona, que no se moleste a los pueblos de Entre Ríos, Corrientes y de la Banda Oriental y que se advierta que la proclamada independencia de estos pueblos no implique una independencia Nacional. Los enviados firmaron de inmediato un tratado con Artigas; él devolvió sus prisioneros y asumió el título de "comandante general de la provincia y frontera de la Banda Oriental". Cuando en junio de 1814 cae Montevideo, el último reducto realista del Río de la Plata, su lucha de más de tres años queda justificada. Artigas ya no creía en la buena fe de los porteños.

Atrás del último soldado directorial llegan a Montevideo las primeras avanzadas de Artigas. Casi contemporáneamente a la desocupación de la Banda Oriental por fuerzas directoriales y a la suplantación de Posadas por Alvear el caudillo recibe a diputados de Córdoba que ofrecen la adhesión de esta provincia; y dos meses más tarde los santafesinos derrocan al gobernador delegado de Buenos Aires y conquistan su autonomía con el auxilio de fuerzas artiguistas. Invitado por el nuevo gobernador, Artigas es recibido triunfalmente en Santa Fe.

Alvear sabía que en la medida en que Artigas siguiera extendiendo su influencia, el fin de su régimen se aproximaba; envía un ejercito a Santa Fe y las tropas se sublevan en Fontezuelas (abril de 1815). A tres meses de su exaltación debe renunciar. Y en Buenos Aires el Cabildo designa nuevo director Supremo a Rondeau, prometiendo convocar a un Congreso General para suavizar la pésima impresión que produjo en todo el interior esta nueva maniobra moderna para retener el poder. El sustituto, por ausencia de Rondeau: Alvarez Thomas envió emisarios para llegar a un acuerdo con Artigas, este repitio sus postulaciones de 1813: La Banda Oriental esta dispuesta a formar parte de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, con iguales derechos a todas las otras provincias, y en pleno goce de su libertad y derechos. Pero los dirigentes porteños repitiendo la actitud de Alvear ofrecen a Artigas reconocer la independencia de La Banda Orintal; el caudillo rechaza nuevamente esta propocicion, quería un sistema federal pero se sentía parte integrante de la comunidad de las Provincias Unidas. (mapa nº4).

En junio de 1815 se reúnen en Arroyo de la China (Ahora Concepción del Uruguay): indio de las antiguas misiones y enviados de la Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y Córdoba; y deliberan sobre las bases de la futura organización nacional, con la presencia de Artigas. Una comisión de éste Congreso fue enviada a Buenos Aires para hablar con el Director y establecer una paz definitiva; Alvarez Thomas les planteó una alternativa drástica y torpe: independencia total de la Banda Oriental o envío incondicional de diputados al Congreso que se reunirían en Tucumán. Era nuevamente el conflicto entre el poder centralista y "los pueblos liberales". El Congreso de Tucumán se hizo con la ausencia de las provincias sujetas al dominio artiguista. El caudillo sancionaba normas de gobierno para los territorios bajo su jurisdicción: un reglemento tendiente a repartir las tierras con el criterio de que los más inferiores serán los más privilegiados, y se incluiría en el reparto a los negros libres, los zambos, indios y criollos pobres. Crea una escuela y una biblioteca pública en Montevideo.

Ahora el Director Supremo de las Provincias Unidas es Juan Martín de Pueyrredón, que presionado por complacer a Portugal para impedir su alianza con España, y obnubilado por su odio contra Artigas, entrega la suerte de la Banda Oriental a los portugueses. Éstos podrán ocupar todo el territorio que existe entre el río Uruguay y el mar, y se encargarán de liquidar a Artigas. La invasión portuguesa era formal: no menos de 15000 hombres marcharon sobre la Banda Oriental. Artigas se prepara para sobrellevar esta ordalía. "El que conspire contra la patria, sea fusilado inmediatamente" - ordena -. Insta los municipios de los territorios amigos para que le envíen armas y hombres. Denuncia públicamente y con justificado énfasis la colusión entre el gobierno porteño y la corte del Janeiro, disponiendo los movimientos de sus lugartenientes. Desde mediados de 1816 hasta principios de 1820 durará su resistencia, tan heroica como desafortunada, en tanto, Pueyrredón y su partido contemplan impasibles la instalación del enemigo histórico del otro lado del estuario y reprimen incompasivamente cualquier reproche a esta actitud suicida.

Pero Artigas era un hombre realista y sus empeños guerreros no limitaban su ancha capacidad de maniobra política. Por eso aprovecha todas las oportunidades para instar a Pueyrredón a abandonar su política de mutilación territorial, y cuando aquél es sustituido por Rondeau como Director Supremo, el caudillo oriental escribe a su viejo compañero de lucha: "cuatro renglones habrían bastado para llenar la unión deseada; empiece usted con el rompimiento con los portugueses y este paso afianzará la seguridad de los otros". Frente a este clamor Rondeau pedirá al jefe de las fuerzas portuguesas "que acometa con sus fuerzas y persiga al enemigo común hasta Entre Ríos y Paraná... obrando en combinación con nosotros".

Buscando ampliar sus bases de apoyo escribe una carta al presidente Monroe y tiene la satisfacción de saber que el congreso de Washington se elogia y defiende su actitud de resistencia contra el invasor portugués y su posición republicana. Y llega a firmar con el jefe de las fuerzas navales británicas y el cónsul de Gran Bretaña en estas provincias un tratado de comercio. Todo esto mientras trataba de librar una desigual guerra contra los portuguese, soportar la indiferencia o la abierta hostilidad del directorio y aún reprimir la constancia de algunos de sus lugartenientes, que le planteaban la necesidad de someterse al poder de Buenos Aires para resistir en mejores condiciones. Consiguió que López y Ramírez lleven una ofensiva contra Buenos Aires y alivien así uno de sus flancos. Pero la campaña de los entrerrianos ya no podrá mejorar su propia situación: la empeorará inclusive.

Ya está viviendo sus propias vísperas como si quisiera dejar todos los testimonios necesarios para el juicio de la historia, Artigas envía notas al congreso responsabilizándolo por su connivencia con los portugueses y por "la sangre americana que en cuatro años ha corrido sin la menor consideración"; al general San Martín señalándole que en sus manos está "la resolución del problema" y a Belgrano, reprochándole estar sirviéndo a la causa directorial.

Nada ya resta por hacer. A los 56 años de edad, el protector de los pueblos libres decide licenciar a ese fantasma de ejército, 400 harapientos orientales emperrados en su libertad. Cuando ordena romper filas, nadie se mueve: en pómulos aindiados corren lágrimas y las bocas de los morenos se tuercen en la mueca del llanto. En un botecito se dirige a Mandisoví, al noroeste de Entre Ríos donde está Melchora con sus dos hijos. Durante unos días queda en silencio gozando de esos hijos que casi no conoce. Pero a fines de febrero, se abre para él una inesperada perspectiva. "¡Gloria a la patria y honor a los libres!" Clama el parte que recibe de Ramírez, desde los campos de Cepeda, donde acaba de caer el régimen directorial.

La larga lucha de Artigas contra el poder de Buenos Aires ha culminado por mano de su lugarteniente, cuyo parte victorioso se cruza con la noticia de la derrota de su antiguo jefe. Victoria del Artiguismo pero sin Artigas; pero la situación se le ha escapado de las manos. Un jefe derrotado no puede imponer su voz a su lugarteniente victorioso. Y Ramírez está negociando con los dirigentes porteños. Artigas espera que el convenio incluya la formal declaración de guerra contra los portugueses. Pero cuando lee la copia del Tratado de Pilar que le envía Ramírez, estalla la ira. Lo considera una traición; piensa que el entrerriano se he confabulado con sus enemigos de siempre para destruirlo. Justo en el momento de su triunfo, de su justificación histórica ha caído el régimen directorial, debe el viejo jefe volver a pelear, ahora contra sus subordinados de ayer. Sin vacilar, Artigas se dispone a castigar lo que cree una traición, se despide de la Melchora y de sus pequeños hijos, ignora que por esos días su esposa ha fallecido.

Durante el mes de abril se instala en Paso de los Libres, moviendo sus hilos y polemizando con Ramírez. Reúne a los delegados de la Banda Oriental, Corrientes y Misiones y se hace designar jefe de las fuerzas que deben sostener una guerra ofensiva y defensiva por la libertad e independencia de estas provincias. Con la ayuda de los correntinos y la convocatoria de su prestigio lograr sacar de la nada una fuerza de 3000 hombres a caballo. Lograr triunfar contra un capitanejo de Ramírez, sobre la frontera de Entre Ríos y los artiguistas saquean varios pueblos. En las Guachas se enfrentan Artigas y Ramírez. En un combate feroz y cuyo resultado queda indeciso. El 24 de junio de 1820 se produce la batalla definitiva en Las Tunas, Ramírez, dueño del terreno, logra derrotar a Artigas y entonces comienza una persecución en la que el oriental se verá muy apretado. Artigas escapa en más de una ocasión en ancas de caballos ajenos. Va hacia el norte, a su paso los indios de misiones salen a pedirle la bendición y se unen espontáneamente a su reducida columna.

Artigas puede aprovechar el ofrecimiento de amnistía con que lo benefician las autoridades portuguesas por esos días, siempre que admita confinarse en Río de Janeiro, pero el caudillo ni piensa en aceptar la oferta de quienes siguen ocupando su patria. Tampoco acepta el ofrecimiento del cónsul norteamericano en Montevideo que pone a su disposición transporte y medios para trasladarse a Estados Unidos. Prefiere internarse en el Paraguay. Escribe al dictador de Paraguay, el Doctor Francia, solicitándole asilo en una nota revestida de grandeza y dignidad. Después hace licenciar a su guardia personal: que vayan donde quieran: la guerra ya ha terminado. Y el 5 de septiembre de 1820 cruza Artigas el río Paraná por Candelaria, con un centenar de fieles. Desnudo de todo bien material y estado de total depocesión, entra el protector de los pueblos libres en una tranquila agonía que durará 30 años, cabalmente hasta el 23 de septiembre de 1850. El dictador lo hace internar en Caraguaytí. Le provee ropa, enseres y proviciones y manda pasarle una subvención mensual. Aquí permanecerá el caudillo durante 20 años, labrando la tierra en compañía de Ansina y los dos sargentos que habían venido con él sabio Aimé Bonpland , que en 1831 fue a saludarlo llevándole un ejemplar de la constitución creado el año anterior . Contaba que el desterrado besó al ejemplar con emoción, agradeciendo a Dios haberle dado vida para ver a su patria independiente.

Dulcemente, la vejez, se iba muriendo. A mediados de septiembre de 1850, tenía 87 años, quisieron trasladarlo a la casa de López, su protector. No quiso ir: en su delirio gritaba que le trajeran su caballo, el "morito", y daba órdenes a sus antiguas sombras. Ansina, lo encontró muerto al otro día. Los uruguayos repatriaron sus restos seis años más tarde. Si por el caudillo hubiera sido, Uruguay integraría hoy una gran nación del sur del continente, y la historia Argentina, por su parte, se hubiera ahorrado varias infamias. La mutilación del Uruguay, no fue obra de Artigas. Por eso el jefe de los orientales pertenece también a los argentinos como un protagonista mayor de su gesta emancipadora.

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