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Pico: Cortante
y curvilíneo, constituiría un arma temible si no fuera el cóndor un animal tan
pacífico. Es la herramienta perfecta para cercenar la carne.
Buche: Su
buche forma una bolsa, que llena de comida, cuelga y sobresale de la base del cuello.
Garras:
De garras cortas y poco curvadas, no puede asir presa alguna con las patas. Su pulgar,
pequeño y delgado, se sitúa un poco más arriba de los dedos anteriores, lo que no le
permite agarrar nada oponiéndolo a los otros dedos.
Sus patas están
adaptadas para la marcha.
Ojo:
El globo ocular es mayor que el del hombre, lo que conlleva la formación, en la retina,
de una imagen mayor y por lo tanto de más calidad. Gracias al músculo que lo rodea, la
córnea puede abombarse más o menos. La capacidad de localización se ve aumentada, lo
cual permite al cóndor llevar su atención hacia la zona central del campo visual, de la
que percibe los detalles ampliados con una gran nitidez.
El cóndor de los
Andes posee una segunda fóvea, situada en la zona posterior de la retina, esta fóvea
temporal permite mejorar la visión frontal, mientras que la fóvea central aumenta la
calidad de la visión lateral. Cada fóvea es, de hecho, un agujero en la retina donde se
hallan concentrados los conos, células visuales sensibles a la luz, de los cuales depende
la percepción de formas y colores. La presencia de estas dos fóveas permite que el
cóndor cubra un campo visual muy amplio, incluso de frente, a pesar de la posición
lateral de sus ojos.
Existe una
particularidad: el iris de la hembra es de un color rojo que se acerca al granate,
mientras que el del macho es de un color pardo.
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