Reportaje publicado en la Revista Viva de Clarín

 

Eugenia Sacerdote de Lustig

 

Nació en Turín, Italia, el 9 de Noviembre de 1910. Treinta años después llegó a nuestro país escapando del fascismo. Su vida nunca fue fácil. Creció en tiempos de la Primera Guerra Mundial. Su padre murió de leucemia cuando ella tenía apenas 9 años. En Europa fue discriminada por ser judía y en la Argentina vivió de cerca la Noche de los Bastones Largos. Declarada en septiembre de 1996 Ciudadana Ilustre de Buenos Aires, esta científica del CONICET que estudió el cáncer, la poliomielitis y, en los últimos años, el Mal de Alzheimer, continúa investigando en el Instituto de Oncología Angel Roffo, su lugar de trabajo desde hace casi medio siglo.

 

Reportaje publicado en la Revista Viva de Clarín:

 

Una vez aquí en Buenos Aires, ¿Cómo fue su incorporación al trabajo profesional?

Estuve tres años sin hacer nada. Vine con una hijita de un año y después nacieron los dos varones. Estaba muy sola y sin ningún familiar cerca. Cuando los chicos comenzaron a ir al colegio, comencé a trabajar medio día en la Cátedra de Histología de la Facultad de Medicina. Era un horrible conventillo que se llovía por todas partes.

 

También trabajó en el viejo edificio de Exactas...

Sí, estuve allí diez años. Pero primero pasé diez años en el Instituto Malbrán, en el Departamento de Virología. Por un problema que tuve al no querer dejar de trabajar en una huelga, me fracturaron el pie y presenté mi renuncia. En aquel entonces, la Universidad de Buenos Aires pasaba por un momento óptimo, y el rector Risieri Frondizi había abierto los concursos docentes de la Facultad de Ciencias Exactas y de Medicina para renovar los cargos; entonces me presenté. Pude ganar un concurso para la Cátedra de Biología Celular, así empecé a trabajar en el viejo edificio de la calle Perú. Además mantenía mi puesto ad honorem en el Instituto Angel Roffo, en donde realizábamos las prácticas con los alumnos de Exactas. Trabajé nueve años, hasta el '66. Unas horas antes de la Noche de los Bastones Largos, el decano, Rolando García, nos reunió a todos los investigadores para avisarnos que se iba a dar un golpe militar. En éste, se llevaron al decano Manuel Sadosky y a muchos de mis amigos. Después de esto renuncié. Al cabo de un tiempo, cuando Medicina creó el Departamento de Investigación, me presenté a concurso y obtuve la jefatura. Estuve a cargo del puesto hasta que me jubilé y ahora sigo trabajando como huésped.

 

¿Trabajó en investigación en Italia?

Cuando era estudiante, durante dos años, mientras preparaba mi tesis. Recuerdo que cuando tuve que defenderla la pasé muy mal porque no sabía que ante el jurado había que estar vestida con uniforme fascista y por suerte a último momento me prestaron una camisa azul oscuro que parecía negro, así sólo me pude presentar.

 

¿Y cómo nació en usted su vocación?

Yo estudié en un liceo femenino que no me daba la posibilidad de ingresar a la universidad; no tenía matemática, ni química, ni física. Así que a los 17 años me encontré con que pese a haber terminado el liceo, no podía hacer nada. Luego mi hermano tuvo un accidente y yo lo cuidé durante tres meses en el hospital. En ese momento me nacieron las ganas de estudiar medicina. Para poder ingresar a la universidad, comencé a estudiar lo que me hacía falta junto con mi prima Rita Levi Montalcini, quien más tarde ganó el Premio Nobel de Medicina. Hasta tuvimos que aprender latín y griego. Pero nos esforzamos y pudimos aprobar todas las materias libres, y con los mejores promedios.

 

¿Llegó a ejercer la medicina?

Sí, fue en Italia, pero por muy poco tiempo. En realidad yo quería dedicarme a la neurología, conversando también la parta de investigación, pero no pude. Mi carrera duró un año hasta que me rompieron en dos el carnet de medicina porque era judía y los judíos no tenían derecho a curar a nadie. Al año siguiente dejé Italia.

 

¿Y en Argentina qué pasó?

Cuando llegué no sólo no me reconocían el título de Medicina, sino que ni siquiera me reconocían el primario, y debía estudiar historia y geografía argentina para rendir examen. Como nacieron mis dos hijos no tuve tiempo para eso. Pero, cuando me presenté a concurso en la época del rector Frondizi, sí reconocieron mis estudios. Para ese entonces ya había perdido práctica médica, así que descarté la clínica y me dediqué de lleno a la investigación. Esa decisión fue también un poco forzada.

Eugenia Sacerdote de Lustig