Otras leyendas guaraníes

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       La flor del seibo

   Anahí era una bella muchacha, hija del cacique de una tribu guaraní que habitaba a orillas del Paraná. Eran los años de la Conquista y con ellos comenzó el enfrentamiento entre blancos e indígenas que quebró la paz del lugar.

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  Durante uno de esos combates, un capitán español dio muerte al cacique, trayendo una gran tristeza a su pueblo y profundo dolor a Anahí, quien juró vengarse. Una noche, sin revelar a nadie sus intenciones, se acercó al campamento y llevó a cabo su cometido. Los centinelas advirtieron lo sucedido inmediatamente y, como castigo, la ataron a un árbol y la condenaron a morir presa de las llamas. No hubo llantos ni quejas por parte de Anahí, sino una dulce y sentida canción. Pero la agonía del fuego dio paso al asombro. No había cenizas ni brasas, sino un tronco que extendía sus brazos al cielo, desbordantes de unas extrañas y hermosas flores de color rojo, como la sangre.

Leyenda del junco
  
  En las cálidas tierras ocupadas por los guaraníes, sombreadas de selvas y surcadas por los ríos rumorosos, vivía una india de notable belleza llamada Pirí. Su hermosura era tan grande como su vanidad. Al atardecer, cuando el sol dibujaba pinceladas rojizas en las aguas del río Paraná, Pirí llegaba hasta la orilla. Acentuaba su esbeltez con su ondulante andar. Se soltaba sus largos cabellos renegridos y, mientras los trenzaba, se contemplaba en el río una y otra vez, deleitándose ante su propia imagen. -¡Qué bella soy! -decía. Era un ritual que repetía todos los días… Pirí había inspirado amor en varios muchachos de su tribu, pero ella no los miraba siquiera. Cuando se dignaba hablarles era para burlarse de sus sentimientos. Nunca agradecía los regalos que frecuentemente le hacían sus enamorados. Los arrojaba muy lejos sin importarle el dolor que les causaba. Sus horas eran una sucesión de ocios y de vana contemplación. Un día, el dios de los guaraníes: Tupá, disgustado por el proceder de Pirí, se presentó ante ella. Con una voz que revelaba su enojo le habló así: -Pirí, todo ser humano tiene la obligación de ser generoso con sus hermanos y, debe dar utilidad a su vida. Tú has desaprovechados todos los dones que generosamente te di. Por ello, sufrirás un castigo. Te transformarás en otro ser. Serás una planta tan hermosa y cimbreante como eres ahora. Te convertirás en junco. Serás la gran compañera de los hombres y mujeres de esta tierra, y compartirás todos los momentos de sus vidas. Diciendo esto, Tupá se esfumó y también desapareció Pirí. Sus jóvenes enamorados la buscaron noche y día por la selva, en las orillas del río, junto a las flores, pero en ninguna parte hallaron rastros de la hermosa india. Un día, al acercarse al río contemplaron asombrados una planta desconocida que crecía en las orillas meciéndose al soplo de la brisa con la gracia de una mujer. La llamaron Junco. Con sus tallos aprendieron a dar forma a variados objetos de uso cotidiano tales como costureros, cestos, esteras y muchos otros más… Las hábiles manos de los tejedores trenzan el junco desde aquellos lejanos tiempos. Es una artesanía que se ha perpetuado, llegando hasta nuestros días como un hermoso legado del pasado guaraní.

Leyendas Tehuelches

Creación del mundo

  Kooch siempre existió, vivía rodeado de densas tinieblas que lo envolvían, sin permitirle ver nada. Fue tanto el tiempo de quietud y silencio, interminable abismo de soledad, que Kooch rompió a llorar largamente, con un llanto profundo y prolongado, y, tanto lloró que es imposible calcularlo.

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    De sus lágrimas se formó el mar llamado Arrok, siendo este el primer elemento base para lo que sería el futuro mundo.
    Kooch dejó de llorar cuando advirtió el constante aumento del agua provocado por sus lágrimas, entonces dio un suspiro y creó al viento, que de inmediato comenzó a agitar las tinieblas logrando al fin disiparlas. Aparece entonces la claridad que provoca la alegría y le da aliento a Kooch para seguir creando los restantes elementos que coordinados formaron luego el mundo.

Creación del sol
    Ya estaba Kooch rodeado de un inmenso mar creado por el riego de sus lágrimas, sin embargo continuaba envuelto en las tinieblas densas de siempre.
    Quiso entonces observar desde lejos su mundo, pero por más que se alejaba todo continuaba igual. De pronto alzó su mano y en un rápido movimiento rasgó ampliamente el velo circundante apartando la oscuridad de la que brotó una gran chispa que continuó el giro de su mano y disipó de inmediato las tinieblas. Miró en torno suyo el maravilloso mundo y bautizó al sol con el nombre de XALESHEM.
    XALESHEN fue el padre de la nubes ya que del mar comenzaron a brotar prestas antes el contacto de su tibieza. El viento sorprendido, comenzó a arrastrarlas y tanto las martirizó que éstas emitieron su quejido, que fue el trueno (KARUT) y amenazaron encendiendo relámpagos que iluminaron a los sorprendidos ojos de los espíritus asomados a los huecos del infinito.
    Kooch no se desalentó. Desde ese momento ordenó la actividad de los elementos y les dio nombre y función a cada uno
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Creación de la isla

    Kooch, no quedó conforme con haber creado al Viento, Las Nubes y La Luz, comprendía que aún faltaba algo, y sobre el mar, hizo brotar una enorme isla en la elaboró la Vida de los seres irracionales, es decir; los peces, las aves, los animales y los insectos.
    Los elementos creados al principio (Sol, Nubes y Viento) admiraron la tierra y derramaron sobre ella sus atributos. Así la lluvia regó copiosamente, luego el sol calentó complacido y el viento acarició los valles para que nacieran los pastos que pronto cubrieron la buena tierra.
    Desde entonces el Viento dejó de molestar a las nubes , éstas a su vez no oscurecieron más al sol que continuó brindando sus rayos para cuidar y alimentar todo lo creado.
    Todos vivían en perfecta armonía y el tiempo transcurría dulcemente en la isla, sin embargo cierto día aparecieron los gigantes maléficos, que cambiaron el ritmo con su perversidad, fue entonces que ELAL decidió abandonar la isla acompañado de los animales que fueron sus fieles amigos y se ubicaron en la nueva tierra.

Los gigantes
    Los dos gigantes de la Mitología Tehuelche se llamaban: NOSHTEX y GOSYE, el primero fue padre del héroe ELAL a quién pretendió matar en el vientre de su madre, la nube TEO a la que había raptado y tuvo cautiva en una caverna durante tres días y tres noches. Kooch al enterarse de que el perverso gigante había raptado a la hermosa nube, le impuso como castigo que el hijo que naciera de ella sería más poderoso que él. NOSHTEX enterado del castigo, sintió profundo temor por su futuro y decidió asesinar a la infeliz nube para acabar con la vida que latía en su vientre. Así fue como cumplió su feroz propósito, arrojando los despojos sangrientos al espacio e inundando el cielo de sangre, pero entonces interviene el pequeño TERR-UER (Tucu-tucu) que en acto heroico pone a salvo la criatura llamada ELAL.
    El cóndor (Hoiye) que había visto desde la altura la nueva residencia de ELAL, se lo contó al gigante para ganarse su amistad. Una vez más fracasó en su intento de cumplir su asesino propósito ya que ELAL, alterado, creó la selva impenetrable y los hombres. El gigante en tanto regresa a la isla en busca de su hermano GOSYE, monstruo que devoraba a hombres, cazadores y criaturas para que persiguiera a ELAL, está a su vez lo somete a un terrible castigo comprobando que al gigante no le entraban las flechas. NOSHTEX vencido, al igual que su hermano, regresa a la Patagonia convertido en venerable anciano dedicado a curar a los enfermos y heridos, sin embargo ELAL desconfía de él y lo descubre, pero ya el perverso gigante había adiestrado a un cazador infiel y lo enfrenta el héroe. Una vez más la fuerza y el poder de ELAL, destruyen a ese ocasional rival que lo había enfrentado con la ayuda de
GOSYE.

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