Morera
Dentro de la familia de las Moráceas, hay gran cantidad de variedades perfectamente definidas que solamente interesan a los botánicos, El productor sericícola emplea únicamente las de la variedad blanca y en algunos casos la negra, por lo tanto se describirán someramente aquellas que el criador principiante necesita y que mejor desarrollan en la zona.
Morera blanca: Morus alba comúnmente
se conoce como salvaje o silvestre, sus hojas son finas, lobaladas o no, áspera al tacto,
de color verde brillante bastante uniforme.
Las ramas son flexibles, muy numerosas, rugosas y algo espinosas.
Tienen el inconveniente que sus hojas son chicas y endurecen rápidamente perdiendo sus
cualidades alimentarias. Los estudiosos sostienen que los gusanos alimentados con estas
hojas producen 10 % más de seda.
Morus negra: el porte de este árbol es
menor que la variedad blanca,. En las provincias de Catamarca y La Rioja, con suelos
pobres, clima seco y rigurosos, desarrollan bien.
El follaje es tupido y las hojas son acorazonadas, grandes, con ramas
numerosas y flexibles, de igual coloración que la de variedad blanca. El fruto puede ser
blanco, rosado o negro.
Los criadores europeos afirman que los gusanos alimentados con hojas de
morera negra producen hilos más fuertes y pesados, pero no hay estudios serios al
respecto.
La reproducción de una planta de morera se puede lograr por semilla,[
lo lleva mucho tiempo], también por estaca o acodos, esta última se realiza tomando una
rama baja, se curva enterrando en el suelo la parte central, dejando el ápice fuera de la
tierra. La parte subterránea se sujeta con una horquilla para evitar que salga al
exterior y se raspa levemente la corteza para favorecer el crecimiento de raíces.
Cuando ya la parte enterrada tiene vida propia y la suficiente cantidad
de raíces se desprende de la planta madre, ya su desarrollo será independiente. Luego
que pasó el primer año, se trasplanta al finalizar el invierno como si fuera una estaca.
