El Conventillo

 

Según José Gobello en el Diccionario Lunfardo, el conventillo es "un lugar o casa de la vecindad de aspecto pobre y con muchas habitaciones, en cada una de las cuales vive uno o varios individuos".

 

También al conventillo se lo ha designado como
"el cuartel"
.

Así se publicó en La Nación en 1871, cuando decía "...han abierto una campaña para que pongan en condiciones higiénicas las casas de inquilinatos
llamadas cuarteles"

 

El centro de la ciudad, por 1880 tenía como límites, la Catedral, las parroquias de Monserrat, San Miguel, San Nicolás y La Piedad; con suburbios que se extendían hacia San Cristóbal, Balvanera, Miserere, Socorro, Pilar, Palermo, San Telmo, Concepción, San Juan Evangelista y Santa Lucía (Jorge Rivera. Diario Clarín 1983).
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Hotel de Inmigrantes

Fue esa  zona, cercana al puerto de Buenos Aires,
el sitio más propicio para que se instalaran los inmigrantes.
El primer lugar al que arribaron fue el
"Hotel de Inmigrantes".

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"Comedor"
Miguel Ángel Bengochea

 

  
Pero al quedar abandonados los caserones del sur de la ciudad a raíz de las epidemias de fiebre amarilla y de cólera, muchas familias se albergaron en esas enormes casas, con un patio central y donde compartían la vida cotidiana.

Por lo tanto, San Telmo, Monserrat, San Cristóbal fueron los primeros refugios.

Ante la falta habitacional también, fueron armando pequeñas casa de madera y de chapa en las orillas del Riachuelo y en los alrededores
del Hotel de inmigrantes.

Así surgieron los conventillos.
  

 

Muchos fueron los poetas que escribieron sobre el conventillo, y los pintores que lo retrataron. El primero en hacerlo fue Palazzo.

 


Cambaceres en su novela "En la sangre", describe el conventillo de San Juan entre Defensa y Bolívar.

"Hileras de cuartos de paredes de madera y techos de cinc rodean un patio bastante sucio. Es enero y el hacinamiento humano unido al tufo de los braseros en que se fríe con grasa, hacía el aire irrespirable".

El protagonista de
"La bahía de silencio"
de Eduardo Mallea, husmeaba el olor a humedad y a muebles de caoba cuando se acercaba a los barrios del sur.

 

Lascano Tegui en "Emilio", dedica su poemario "Muchacho de San Telmo", al barrio. En él evoca a Méndez, un chico de la calle E.E.U.U. que cantaba milongas en los Corrales y miraba a los italianos inmigrantes que cubrían las calles con tarugos de madera y asfalto.

"Yo trabajé con las

planchadoras

   de la calle de Defensa

   Nunca he sido más honesto

  ni escrito más bello poema!"

 

No había luz eléctrica, sólo lámparas de querosene o de aceite.
En la calle estaba el farolero.

 

- - - "en cada mecha ponía

un mendruguito de fuego"

"Las casitas eran pobres

no habia casas de altos.

Unas piezas alineadas.

puestas al azar, que creaba

al alargarse, los patios

filtrando corrientes de aire"

y cortándonos el paso,

fue toda la arquitectura

de nuestros primeros años".

 

Elías Castelnuovo, periodista que trabajó en el diario "La Protesta", ubicado en la calle Perú y en el que colaboraron varios escritores del grupo "Boedo", cuenta en sus Memorias, que en la calle Belgrano entre Defensa y Bolívar, al lado de la casa donde vivió el general Belgrano, estaba la casona de un señor, muy rico, cuyo apellido era  Constanzo.

Según Pastor Obligado, era llamada "la casa de las abadesas".

Tenía un aljibe de mármol, en el patio y un gran sótano.

Esa casa terminó siendo un conventillo que, por su vastedad
y heterogénea población,
se lo conoció como el conventillo "Las catorce provincias".

También en él se podían encontrar los más variados oficios , estaban los sacrificados obreros que no tenían horas de descanso, estaba la lavandera, la cocinera, la costurera, la mujer que de sol a sol trabajaba, así como estaba el hombre y la mujer de la noche como los presenta el escritor argentino José Sebastián Tallón.
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"SanTelmo"
Juan C. Benitez

José S.Tallón hizo una semblanza sobre estos tipos de personajes tan particulares, al describir la vida de
"El Cívico" y "La Moreira".

Estos vivían en un conventillo de la calle Sarandí entre Cochabamba y Constitución.

El Cívico era un hombre de buena presencia, astuto, sanguinario, enfrentaba sin rodeo al adversario. Tenía cierta distinción en sus modales. Proclamba su adhesión a Leandro N. Alem y de allí su apodo.

Recorría la noche desde lugares cercanos como lo de "María la Vasca" en la calle Europa (hoy Carlos Calvo) y Jujuy, hasta el de Hansen en Palermo.

Su mujer, "La Moreira", trabajaba en el "Café de la Pichona" en Pavón entre Rincón y Pasco.

 

El cuarto que tenían  en el conventillo reunía detalles de lujo chabacano, almohadones y alfombras de colores llamativos, camas con mosquiteros, reposeras cubiertas con mantón de Manila.
La relación entre ellos también fue abordado por Juan Carlos Ghiano
en "La Moreira"

 

Pero no todos fueron como estos personajes. La vida  no fue fácil para aquellos que vivían hacinados en esas casas que alguna vez albergó la opulencia y quizá algún paso de minúe, o de mazurca. 

 

Y más adelante, no fueron sólo las casas solariegas el asiento de los inmigrantes.

Apareció un nuevo tipo de conventillo expresamente construído para su comercialización.