HORA CERO

 

A fines de la década del ‘40 desembarcan en la Argentina los capitales de la editorial Abril. En un principio la idea de la empresa era publicar revistas con los personajes de Disney. Pero pronto su director, Cesare Civita, intuye que la historieta para adultos tiene un mercado potencial importante. Entonces decide formar un sindicato copiando el modelo norteamericano. Así nace Sudameris, que incorporará a destacados dibujantes italianos, dando un impulso inical a la historieta en nuestro país.
En esos años, Oesterheld colabora para esa editorial en la colección "Bolsillitos" de libros infantiles. Civita le propone escribir guiones de historieta. Los primeros trabjos fueron para Cinemisterio, un semanario que combinaba fotonovelas de aventuras con historietas y folletines. Allí, a lo largo de 1951, Oesterheld realizó tres guiones.
Pero es en el número 176 de Misterix, la revista más fuerte de la editorial, donde inicia la saga de Bull Rocket. Éste fue su primer personaje importante y de larga trayectoria.
Sin abandonar su trabajo de guionista para Abril, Oesterheld funda la editorial Frontera. Bajo ese sello publica en 1956; en forma de novela; las historias de sus exitosos Sargento Kirk y Bull Rocket. Salieron nueve libros de cada personaje en apariciones quincenales. La hizo con el fin de competir con Editorial Bruguera, que por ese entonces editaba novelas de ciencia-ficción de segunda categoría, series bélicas y de western. Los libros de Oesterheld se vendieron bien. Para aprovechar el éxito comercial el distribuidor, Machi, le sugiere lanzar al mercado revistas de historietas. En 1957 se desvincula de Abril, aunque siguen apareciendo historia suyas hasta fines de ese año. Según el propio Oesterhel el final de esa relación se dio de manera amistosa: "Nos encontramos con Civita en la calle, vamos a tomar un café y le cuento que quiero sacar mi revista. Negociamos personajes. Abril se quedó con Bull Rocket y yo con Sargento Kirk. Nos repartimos las figuritas.
Héctor G. Oesterheld, autor de la mayoría de los guiones (continuados en algunos casos por su hermano Jorge), contrata a los mejores dibujantes del momento: Solano López, Carlos Roume, Alberto Breccia, los italianos Hugo Pratt e Ivo Pavone, Daniel Haupt, Jorge Moliterni y Arturo del Castillo, entre otros.
En marzo de 1957 aparecen, en formato apaisado Hora Cero y Frontera. Se imprimían de a dos. En mayo sale Hora Cero mensual. El primer número del Suplemento semanal de Hora Cero es del 4 de setiembre de 1957, el último, el 116, del 18 de noviembre de 1959. El "extra" de Hora Cero, con 64 páginas y formato más grande, comenzó en abril de 1958 como publicación bimestral, para hacerse luego quincenal, volver a mensual, etc.
En estas publicaciones, Oesterheld y su equipo de dibujantes renovarán la historieta nacional. Básicamente, el cambio se produce por el abandono del modelo norteamericano de la aventura. Aparecen los tonos grises entre los "buenos" y los "malos", se sustituye al héroe infalible por un personaje enfrentado a cuestiones éticas. De hecho, se elimina la noción del héroe solitario y toma relieve el protagonismo colectivo. Los personajes de las historietas dejan de ser acartonados y poco creíbles. La fantasía y la verosimilitud dejan de ser contradictorias entre sí. Si bien varias de las historias transcurren en geografías lejanas a la nuestra, otra novedad es la ubicación de la historia en paisajes locales. Dentro de géneros como el western o la ciencia-ficción se logra sortear la barrera de los convencionalismos.
Estas cuestiones aparecen ejemplificadas en la totalidad de las historietas publicadas en esos años.
En 1960, a pesar de las ventas, que llegaron a los 90.000 ejemplares en las buenas épocas, Hora Cero y Frontera son golpeadas por problemas financieros. Una de las causas fue la fuerte competencia de revistas mexicanas, como las de Ediciones Recreativas y de Sociedad Editorial Americana. Si bien estos productos son de baja calidad en cuanto a sus contenidos, se imponen por su colorida gráfica y su menor precio.
Por otra parte, Editorial Frontera empezó a perder a sus dibujantes más destacados, tentado por el dinero que ofrecían los poderosos sindicatos de distribución de historietas europeos y norteamericanos. Entonces, Arturo del Castillo y Solano López empezaron a dibujar para publicaciones inglesas, Hugo Pratt volvió a Italia y Breccia comenzó a colaborar para Europa.
El éxodo produjo un recambio y entraron a trabajar para la editorial una nueva camada de talentosos dibujantes como Estevez, Carlos Vogt y Néstor Olivera. Pero la empresa había caído en un pozo financiero del que no habría de recuperarse.
En marzo de 1961 Oesterheld pasa los títulos a la editoria Emilio Ramírez en concepto de pago de deudas. A su vez, ésta se los pasa a Vea y Lea en el último trama de 1962. Todavía en 1963 salen los últimos números de Hora Cero y Frontera, una deformación de la época de esplendor. Hora Cero termina oficialmente en mayo de 1963 con la publicación del número 77 del Hora Cero Extra.
Por su parte, Oesterheld señala que "fue un desastre no sólo el manejo financiero sino el administrativo. Con el tiempo me fui enterando de algunas cosas. El imprentero (Emilio Ramírez) hacía clandestinamente una edición que vendía por su cuenta. En ese tiempo, mi hermano tenía que ocuparse de todo eso pero no daba abasto. Cualquier editorial de envergadura de historietas, lo sé positivamente, hoy se ocupa de pagarle el sueldo a una persona que vaya a la imprenta a la edición. Nosotros, oficialmente, llegamos a una venta alta que era de ochenta a noventa mil ejemplares. Seguramente habría otro tanto pirateado. Y encima, el imprentero, muy astuto, nos iba endeudando cada vez más. La venta alcanzaba para pagar, pero no tanto. Y así nuestro proyecto se fue ahogando económicamente. Cuando empezaron a venir buenos precios de Europa tentando a los dibujantes no se pudo contrarrestar la oferta. Por un mal manejo, nada más. Porque cuando empezó Hora Cero, se pagaban mejores precios que Abril, equiparados a los mejores precios de Europa".

 

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