Un trazo maravilloso

Un día de 1944 –con mis 15 años y de la mano de mi padre- llegué a la editorial de Dante Quinterno, en Avenida de Mayo y San José.
Le mostré mis dibujos a Quinterno, de quien me impresionaron su vivacidad y dinamismo. Ese mismo día empecé a trabajar como ayudante de dibujantes, pasando fondos a tinta y rellenando en negro los espacios del dibujo señalados con una cruz en azul. De entrada tuve el privilegio de estar junto a los mejores periodistas y dibujantes de esa época: Eduardo Ferro, Oscar Blotta, Tulio Lovato, Battaglia, Salinas, Romeu y Divito, a quien traté poco porque en ese tiempo salió su propia revista, Rico Tipo.
Quinterno supervisaba todo el material antes de que fuera a la imprenta. Nada se publicaba sin que pasara por sus manos. En un tiempo yo llevaba las tiras de las historietas para que Quinterno las viera, y volvían casi siempre con múltiples correcciones en el dibujo, que generalmente tenían que ver con lo expresivo.
El trazo de Quinterno en tinta china y con la pluma Gillot era maravilloso. Por mi corta edad –me decían el "pibe Roux" para diferenciarme del "viejo Roux", que era mi padre-, no pude tener con él el dialogo que hubiera deseado. Pero sé que reconoció prematuramente en mi condiciones que después habrían de fructificar.
Aquellos cuatro años pasados en la editorial –que dejé para irme a Europa cuando cumplí 20 años- fueron fundamentales y los cuento entre los más felices de mi vida. Ricos además en enseñanzas y consejos de aquellos grandes dibujantes, que siempre alentaron con afecto mi inclinación hacia la pintura.
Quinterno me brindó buenas oportunidades. Se dio cuenta de mi facilidad para el color y me hizo responsable del color de las publicaciones.
Creo que el gran éxito que tuvieron las publicaciones de la editorial, que calaron hondo en la sociedad argentina de la época, se debió a que los personajes creados por Quinterno sintetizaban simbólicamente lo que estaba latente en ella. También a un dibujo personal, expresivo, auténticamente nuestro. Y a un conjunto de colaboradores que representaba a los más destacados talentos del momento, que Quinterno tuvo el mérito de elegir, reunir y formar.
Efectivamente, Dante Quinterno fue una escuela para todos

Por Guillermo Roux

Fuente: Revista VIVA

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