"Cada día dibuja mejor"

En 1928 hubiera sido lindo, de habérsele ocurrido a alguien, que Huracán -el campeón de fútbol de ese año-, luciera en la canastilla de su famoso globo la presencia de un interesante pasajero: Paturuzú, nacido en el mismo año con destino de gran vuelo, aunque los gustos de su creador, Dante Quinterno, y de su estilo de vida, no amortizasen con el fútbol, ¿O sí?.

Me asalta el temor de haberme atrevido a una afirmación arriesgada al recordar que fue boxeador. Y el boxeo y el fútbol son deportes de la misma laya. Imagínense que papelón si el Quinterno imprevisible dijese de pronto (pura fantasía mía, claro): "Ferrito supone mal, porque siempre me gusto el fútbol y más, amo a Racing" ¡Listo! Retiro lo del papelón, porque en ese caso le respondería: ¡Bravo, maestro! ¡De Racing como Gardel, que cada día dibuja mejor! ¡¡Oh Dios, que expresión de deseos tan loca esta mía! Es que no me alcanzaron más de cuarenta años trabajando a su lado para conocerlo realmente. Son difíciles los genios.
Quinterno dibujante, Quinterno humorística, Quinterno jinete saltador, Quinterno autor de hermosos jingles ("Pepín Cascarón"), Quinterno boxeador, Quinterno experto en vacas y toros, Quinterno golfistas, aún a los 87. ¡Huija maestro! No solo por sus creaciones merece medallón de los legisladores. ¡Oro ‘e ley! diría Paturuzú. ¡De ley, repito yo, que tanto recibí de usted!
Fue muy bueno trabajar en su editorial, brincando en su permanente clima de fiesta, en el que hasta las broncas terminaban en joda. Y perdone si me deslizó un exabrupto, pero me copa un agradable descontrol cuando recuerdo a Mirco Repetto perpetuando sus maquiavélicas bromas y a los acróbatas de la casa: Lovato, Paduch y Biotta haciendo torre humana para rescatar, en medio de la risotada general, los objetivos que ellos mismos arrojaban sobre molduras de los altísimos salones de José E. Uriburu 1041. Los cambios de sedes y de protagonistas de la editorial no modificaron nunca el espíritu de libertad y de obstinada alegría de vivir que originaban esa cotidiana fiesta: igual que en Uriburu, en Lambaré 1012, en Av. De Mayo 1410 o en Maipú 942. Así que gracias López Pájaro por auspiciar mi amistad con Frascarita, gracias Frascarita por presentarme a Quinterno por el esfuerzo de hacerse el sordo y mirar para otro lado y así permitirme que todo haya sido como fue.

Por Eduardo Ferro

Fuente: Revista VIVA

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