UN CACIQUE ABANDONADO
Desde
entrados los años ´80, Patoruzú vive en el limbo. Sus historietas (junto con las de
Patoruzito e Isidoro) han dejado de producirse, aunque su revista permanece estoicamente
en los kioscos. Y esto se debe a la decisión de la editorial de reciclar permanentemente
las viejas aventuras, retocando algún dibujo y reemplazando aquellas frases o palabras
que entraron en desuso por sus actuales equivalencias. Cambios posibles de realizar
gracias a la atemporalidad que reina en el mensaje moralizante que decantan las historias.
Ni aún cuando Patoruzú cumplió 60 años (1988) ni al ser elegido mascota oficial
argentina de América ´92 (evento internacional que festejaba el Quinto Centenario del
Descubrimiento de América) el cacique fue relanzado con nuevos bríos o recopilado en
algún volumen especial, dos elementos que Patoruzú viene necesitando para insertarse
definitivamente en la historieta nacional de los ´90.
Durante estos últimos años, Patoruzú revivió de la mano de otros historietistas, que
hicieron suyo el universo desarrollado por Quinterno. Un poético Rep rescató a Isidoro
en la serie El Recepcionista de Arriba; el Suplemento Oxido de la Fierro le dedico un
especial en el que Leonardo Arias, Vides, La Máscara, Wolf, Joche, y Ottoyonsohn trajeron
del olvido a Patoruzú, Ñancul y la Chacha; un Podetti ácido y bizarro llevó al eterno
playboy porteño a las playas marplatense en las páginas de Cóctel; y los ultraviolentos
Cazadores mataron y revivieron al cacique mientras drogaban de lo lindo a Upa. En el ramo
"oficial", Landrú y Edgardo Russo desarrollaron una propuesta para revitalizar
a Isidoro, incluyendo una nueva revista en formato comic-book a todo color, que hasta el
momento no prosperó. Una pena.
No sabemos si se debe a las peculiares vueltas del destino o a un empecinamiento
editorial, pero lo cierto es que Patoruzú parece destinado a morir con su padre, Dante
Quinterno. Si hay alguien en la creación capaz de adaptarse a las situaciones,
sobreviviendo en el límite, es el argentino. Y Quinterno hizo de Patoruzú la
encarnación viva del exaltado imaginario nativo. Por eso habrá Patoruzú para rato.
¡Huija, canejo, chei!.
Fuente: Revista COMIQUEANDO
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