LA ÉPOCA DE ORO
Mientras Patoruzú hace
estragos en La Razón, Quinterno comienza a desarrollar la tira de Isidoro para el
matutino El Mundo, narrando las andanzas humorísticas del típico chanta porteño,
precursor del modelo que explotaría a la perfección el Avivato de Lino Palacio.
Si Quinterno no hubiera creado el primer sindicato de historietas argentino, Isidoro
habría quedado relegado al oscuro anonimato de los personajes de segunda. Pero al tomar
Quinterno dominio intelectual y económico sobre sus criaturas, se producen serias
desavenencias con La Razón, que desembocan en el alejamiento definitivo de Patoruzú de
mencionado vespertino.
Es así como en Diciembre de 1935, Patoruzú recala en El Mundo, tomando el espacio que
ocupaba Isidoro. A partir de ese momento, Patoruzú penetra en su época dorada gracias al
estilizado estilo de su autor, poseedor de una expresividad gestual simple y limpia, un
excelente diseño de personajes y un vibrante pulso narrativo apegado a la deformación
caricaturesca pero de profunda aplicación dramática.
Simultáneamente, los argumentos se desprenden de la humorada diaria para encarrilarse en
el terreno de la aventura seriada, con el adecuado toque costumbrista, la exageración
cuasi-superheroica y algunos ejemplos de grandilocuencia épica que la serie no
abandonará jamás.
Es en este fértil terreno donde germinan las más logradas aventuras del cacique y su
particular galería de personajes secundarios. Ya de entrada nomás reaparece Isidoro,
(ahora) regente de un circo, que termina apadrinando al indio antes de ganar su apellido
definitivo (Cañones) y su carácter aprovechador y mezquino, pero de buen corazón, que
lo elevara como eterno playboy de la noche porteña.
Para 1937, Patoruzú resulta ser un poderoso terrateniente, y allí aparece una y otra vez
el capataz Ñancul para ratificar las posesiones estancieras de Patoruzú. En la misma
aventura debuta Upa, hermano menor del indio, condenado a estar encerrado en una cueva por
haber nacido deforme y sietemesino, sin gritar ¡Huija! Al ver la luz. Al mismo tiempo nos
enteramos del origen egipcio de la familia Patoruzek, cuyos ancestros resultan ser el
Faraón Patoruzek I y la princesa Napata, Patora la Tuerta, arribados a la Patagonia tras
una peculiar batalla a orillas del Nilo.
El año 1938 presencia el arribo del caballo Pampero, fiel flete del cacique; y de la
Chacha Mamá, ama ´e leche del indio, famosa por sus pocas pulgas, sus empanadas y la
eterna pipa al estilo Popeye. El último ingreso se produce recién en 1959, con la
llegada de Patora, hermana del indio, tan enamoradiza como fulera.
En este periodo, Patoruzú alcanza la cima. Una página a color en la revista Mundo
Argentino durante 1936; revista propia en Noviembre de ese año y un segundo título en
Enero de 1956; un dibujo animado para cine en 1942; el desprendimiento de Patoruzito en
1945 y la fracasada edición yanki de Adventures of Patoruzú por Green Publishing Co.
durante 1946, triste aventura solventada por el abundante merchandising y empleo
propagandístico que aprovecho la figura más popular del cómic argentino de aquellos
años.
Fuente: Revista COMIQUEANDO
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