Mafalda, como tantas celebridades, también arrastra las cadenas de su popularidad. Aunque se bajó del escenario en 1973, sigue viviendo y creciendo de generación en generación. Se fugó de los diarios y revistas para multiplicarse en oficinas, casas y comercios; sus tiras aparecen pegadas en los lugares más insospechados y alguna vez las siluetas de Mafalda y sus amigos reemplazaron a los personajes de Disney en las paredes de las guarderías. Nunca falta quien ante determinada situación, traiga a cuento un chiste de Mafalda. Es un clásico, una obra maestra de la historieta.

El primer libro de Mafalda apareció en 1966 y en total se publicaron lo volúmenes. Daniel Divinsky, de Ediciones De La Flor, dijo que resulta difícil calcular la cantidad de ejemplares que Mafalda lleva vendidos en el país, pero estimó que cada uno de los lo libros debe andar por los dos millones. Sí tiene cifras más certeras sobre las dos recopilaciones que lanzó en los últimos años: "Mafalda inédita", que incluye todas las tiras que salieron alguna vez del trazo de Quino y que jamás habían sido publicadas, lleva vendidos desde su aparición en 1988, 115.ooo ejemplares. "Toda Mafalda", un grueso volumen de más de 600 páginas que se lanzó en 1993 -con absolutamente todas las Mafaldas, publicadas o no, públicas y privadas-, ya está en 55.000 hogares y está próxima a salir la quinta edición, con 15.000 más. Hay otros tres libros de Mafalda con las viñetas que aparecen en "Siete Días": "Al fin solos", "Y digo yo..." y "A dónde vamos a parar".

Todo este universo salió de la imaginación de Joaquín Lavado. Un mendocino que sólo pudo terminar el primario, que perdió a sus padres antes de los 15 años y que hoy, a los 66, sigue tan simple y tímido como entonces, cuando decidió que su vocación sería el dibujo. Ancló en Buenos Aires a los 18, con su carpetita de chistes a cuestas. Se hizo de un nombre y triunfó. Aunque nunca nadie le haya enseñado a nadar o a manejar una bicicleta -mucho menos un automóvil-, aunque no haya tenido hijos ni plantado un árbol, Quino se ganó a fuerza de alma y tinta un lugar entre esos ángeles que tan bien dibuja.
Y a su lado, claro, está esa Ciudadana Ilustre del mundo que se llama Mafalda.

Fuente: Revista VIVA

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