Bullet8.gif (204 bytes)  Hacia la Independencia y la Construcción del Estado Nacional, Siglo XIX.

      Los acontecimientos de Mayo de 1810 iniciaron el proceso de independencia que pondría fin a la dominación colonial española en el espacio rioplatense y en otras regiones de Sudamérica.

      La crisis revolucionaria fue el resultado de una serie de circunstancias ocurridas dentro y fuera del Virreinato del Río de la Plata, en un contexto de revoluciones y guerras coloniales a nivel mundial.25 de Mayo de 1810: el primer grito de libertad.

      En este marco la Revolución de Mayo instauró el autogobierno en Buenos Aires tras deponer al Virrey y, si bien no declaró la independencia, desencadenó una compleja trama de definiciones en esa dirección.

      Así durante la década que siguió, el proceso independentista se desarrolló en el terreno de la guerra. En varios frentes -Alto Perú, Chile, Banda Oriental- se combatió contra la resistencia española que aspiraba reconquistar sus dominios; e internamente, se produjeron desacuerdos y enfrentamientos entre los dirigentes de la revolución, que condujeron a la fragmentación política del antiguo espacio virreinal y a la guerra civil.

      Las dificultades para consensuar los intereses y proyectos en pugna explican, en parte, la inestabilidad institucional que caracterizó a la primera década revolucionaria; como también el fracaso de los intentos constitucionales. El peso de la guerra y el temor a una inminente invasión española destinadas a recuperar las colonias, precipitaron el 9 de julio de 1816, la declaración de Independencia de las Provincias Unidas de toda dominación extranjera a fin de defender y consolidar la libertad conquistada. 9 de Julio de 1816: la independencia.

      De esta manera, hacia los años ‘20, los territorios segregados del ex-virreinato se constituyeron en nuevas naciones -Bolivia, Paraguay y Uruguay-; en tanto, que el espacio de las Provincias Unidas del Río de la Plata comprendió una frágil unión de provincias que se percibían a sí mismas como estados independientes y que, no obstante, aspiraban a constituirse en nación organizada.

      Durante toda la primera mitad del siglo XIX, se extendieron las luchas por los intereses particulares de cada localidad, en relación no sólo con los de Buenos Aires sino también con los de las provincias vecinas. Todas ellas se vincularon mediante un complejo y frágil sistema de alianzas que contemplaron tanto propósitos políticos como económicos. Así se fueron perfilando agrupamientos regionales, como el del Litoral, que bajo la hegemonía de Buenos Aires tendió a imponerse sobre el resto de los estados provinciales.

      Las rivalidades entre las oligarquías provinciales, sumadas a los conflictos con otros países llevaron a un estado de guerra permanente que fue obstaculizando la organización del Estado Nacional.

      Mientras tanto, en Europa, la expansión del capitalismo industrial originó cambios económicos, sociales y demográficos que alcanzaron dimensión internacional. En ese contexto los países industrializados -especialmente Inglaterra- aumentaron la demanda de materias primas para sus industrias y su creciente población; y al mismo tiempo, buscaron colocar sus productos industriales en nuevos mercados.

      Así se crearon las condiciones para la división internacional del trabajo, en la que Argentina ingresó como productora y exportadora de lana, y como consumidora de manufacturas, tecnologías y capitales europeos.

      Para que este esquema funcionara, desde la visión de la "gente decente" o grupo dirigente, era necesario establecer un orden político y social estable, organizar un Estado que lo llevara adelante y que ofreciera el marco jurídico adecuado para atraer inmigrantes y capitales extranjeros.

      La Constitución Nacional de 1853, sintetizó las aspiraciones de unidad y progreso económico-social, pero no garantizó la unidad política ni la constitución del Estado. Pues hasta 1862 Buenos Aires rechazó esta Constitución, ya que su aceptación implicaba la federalización de sus recursos económicos y la declinación de su afán hegemónico sobre el resto de las provincias.

      El triunfo de los ejércitos porteños sobre la coalición de fuerzas reunidas por los demás estados provinciales, impuso en 1862, la primera reforma constitucional. Dicha reforma no sólo resguardaba los intereses de Buenos Aires -en la dirección mencionada- sino que le otorgaba la conducción de la organización del Estado y la modernización del país mediante su incorporación al capitalismo.

     Ambos procesos contribuyeron a que los grupos provinciales fueran estableciendo alianzas y conformaran hacia 1880 una elite dominante de alcance nacional. Para entonces se cerraba un ciclo de guerras civiles , se abría paso a la unidad nacional y a la estabilidad política; en tanto que la prosperidad económica alcanzaría un ritmo extraordinario entre 1890 - 1914.Economía Ganadera.

      Durante ese período la Argentina se transformó en uno de los principales productores y exportadores mundiales de carnes y cereales, productos que se sumaban a las exportaciones tradicionales de lana y cueros. La expansión de esta economía agroexportadora trajo el enriquecimiento tanto de los empresarios extranjeros -británicos especialmente- y locales, como de los grandes propietarios rurales, los cuales fortalecieron sus vínculos e intereses comunes. Por otra parte, significó un incremento de la población y el surgimiento de sectores medios y populares, a raíz de la afluencia de inmigrantes europeos requeridos por tal expansión.

      El telón de fondo de estos cambios económicos y sociales, lo ofreció el orden institucional, de carácter oligárquico y fuertemente centralizado; instaurado en 1880 y que estaría vigente durante más de treinta años. El fraude, la exclusión de la oposición y la elección de los sucesores por parte de los funcionarios salientes, entre otros mecanismos, posibilitaron la continuidad de este sistema político restrictivo.

      De esta forma la transición al siglo XX estaba marcada por la coexistencia de dos mundos separados : una sociedad abierta que se iba configurando en el marco de las libertades civiles, y un orden político conservador, sostenido por prácticas fraudulentas y formas tradicionales de autoridad.

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