Otras instituciones culturales
Durante la colonia y la época de la "primera Argentina", se realizaron algunos otros esfuerzos vinculados con la ciencia. Algunos de ellos dieron lugar a instituciones permanentes, varias de las cuales más tarde fueron incorporadas a la Universidad. Con tales esfuerzos están ligados los nombres de Vértiz, Belgrano, Moreno, Rivadavia. A Vértiz se le debe la creación del protomedicato, origen de los estudios médicos de la Plata. Al asumir Vértiz el virreinato, y ante el evidente abandono de la asistencia pública y las serias deficiencias de los servicios hospitalarios y farmacéuticos, resuelve crear en 1779 el protomedicato del Río de la Plata.
El doctor Don Miguel OGorman, es nombrado Real Proto-médico. A OGorman, se le debe la introducción del método de inoculación contra la viruela. El protomedicato pudo iniciar su función docente, para la cual se le facultó en 1793, aunque los cursos recién se iniciaron en 1801. Estos cursos fueron los primeros de carácter universitario que se dictaron en Buenos Aires y los primeros de esta índole en la Argentina. En ese plan aparecía, por primera vez en los estudios argentinos, la química y la botánica, que se estudiarían por el texto de Savoisier. Estos estudios fueron impartidos en 1802, por Cosme Argerich, médico argentino secretario del protomedicato que había estudiado en España y una de las figuras próceres de la medicina argentina. Pero los acontecimientos militares y políticos, así como la escasez de material, hacen que los cursos se desarrollen irregularmente y languidezcan, de modo que en 1812 la escuela se cierra por falta de alumnos.
La Asamblea del año 13 aprueba un plan, creándose un Instituto Médico, con carácter de cuerpo militar, que funcionó precariamente hasta 1820, fecha en la que murió su director Argerich, suprimiéndosele oficialmente el año siguiente. Con ese Instituto está vinculado otro gran naturalista extranjero residente en el Plata: Aimé Bonpland.
Creada la Universidad, los estudios médicos se incorporan a ella constituyendo uno de sus departamentos. El gobierno crea, a principios de 1822, la Academia de Medicino, reuniendo en su seno a los más ilustrados profesores, nativos o extranjeros, que residían entonces en Buenos Aires. La Academia inicia sus sesiones en 1823 y a mediados de ese año publica, como fruto de su labor el primer volumen de sus Anales. En ese volumen, fuera de otros trabajos, figura un extenso "Discurso para servir de introducción un curso de química", de Manuel Moreno, profesor de química en el Departamento de estudios químicos en la Argentina.
Con el nombre de Manuel Belgrano se vinculas varias creaciones educacionales, destinadas principalmente a los estudios matemáticos.
El Consulado, por inspiración de Belgrano, creaba la Escuela de Náutica a fines de 1799, que, por dificultades internas y externas minaron su vida. Los cursos de matemática que se dictaban en la Escuela consistían en los elementales (aritmética, álgebra, geometría, trigonometría plana y esférica) y nociones de geometría analítica, amén de un curso de cosmografía. Pero felizmente los estudios matemáticos lograron estructurarse en forma permanente desde 1816 con la creación de la Academia de matemáticas y arte militar.
La dirección de la Academia estuvo desde el principio en manos expertas: José Lanz y Felipe Senillosa. Lanz, mejicano de origen, estuvo sólo un año al frente de la Academia, quedando luego como único director Senillosa. Lanz es conocido en el mundo científico por varias obras y trabajos sobre máquinas y mecanismos. Senillosa era español y había llegado en 1815, siendo aún muy joven, destacándose más tarde como miembro activo de la Sociedad de Ciencias físico-matemáticas que se había fundado en 1822. Senillosa formó parte de la Comisión topográfica y más tarde fue presidente del Departamento topográfico, que tuvo a su cargo, en colaboración con Mossotti la comparación de la vara al metro.
Cuando se crea la Universidad, la Academia se incorpora a la misma bajo forma de uno de sus departamentos: el de ciencias exactas.
Con el nombre de Mariano Moreno se vinculas otras obras culturales. A los pocos días del establecimiento del nuevo gobierno crea la Gaceta de Buenos Aires.
A la iniciativa de Moreno se debe también la creación de la Biblioteca Pública de Buenos Aires en 1810. La obra cultural de Belgrano y de Moreno fue continuada por Rivadavia. Más tarde (1823)Rivadavia revive un decreto emanado de la asamblea del año 12 y que no había tenido ejecución, creando un Museo Público en Buenos Aires en el que organiza un gabinete de historia natural que se instaló en el convento Santo Domingo con los laboratorios, el observatorio de Mossotti y, más tarde, con una colección mineralógica y otra numismática. Más tarde, con el retiro de Carta Molina y de Ferraris, el Museo languidece; Rosas desvirtúa su finalidad remitiéndole trofeos militares e históricos, mientras el laboratorio de química fue a parar a un sótano de donde se le sacó en 1852 "casi inservible" y, el gabinete de física se entregaba a los jesuitas junto con los "trastos, muebles y utensilios que haya demás en el establecimiento".
Por último, en 1826, Rivadavia, ahora presidente, crea un Departamento de ingenieros arquitectos y organiza un Departamento topográfico y estadístico. Pero al finalizar el primer tercio del siglo, las instituciones culturales argentinas están aletargadas: sus dos universidades, su museo, su biblioteca yacen inertes, muertos.
En el medio de siglo que va de Vértiz a Rivadavia, en el que nace una nueva Argentina: es la "primera Argentina" que despierta y se incorpora dirigiendo sus miradas a Europa en demanda de luces y de ilustración. Pero si el deseo es grande, el esfuerzo es débil y el efímero contacto con la ciencia europea no deja huella: todo ha sido un sueño.
Y nuevamente, después de este breve e infecundo período extravertido, la Argentina se encierra en sí misma.