Museos y Naturalistas

 

Las ciencias naturales y la astronomía son las primeras ciencias que se cultivan seriamente en la Argentina.

Las ciencias naturales encuentran su hábitat científico en los dos grandes museos argentinos que nacen, o renacen, y se desarrollan durante este período.

En realidad, el Museo de Buenos Aires, después de Caseros, estaba desmantelado. Sólo se conservaban, de sus colecciones, la numismática y la mineralógica. En 1854 se declara fundada la Asociación de Amigos de la Historia Natural del Plata. Entre sus miembros fundadores figuraron Muñiz y el que fue su más activo promotor y secretario: Manuel Ricardo Trelles. Éste se encargó del Museo, y a él se deben los primeros catálogos de las colecciones, que desde entonces por adquisiciones y donaciones empezaron a crecer.

Ese mismo año aparecía en Buenos Aires El Plata científico y literario, periódico que se publicó hasta mediados de 1855. Otro periódico de pretensiones científicas, pero de vida aún más efímera, nació y murió en 1857: fue el Labrador argentino.

Mientras tanto, en la Confederación, diversas medidas de Urquiza propendían al desarrollo de las ciencias naturales. En 1854 funda en Paraná un Museo Nacional a cuyo frente estuvo Alfredo M. Du Gratry, nativo de Bélgica.

El Museo de Paraná, ahora provincial, renació en 1884, para vivir hasta 1899, llegando a adquirir importancia, en especial por sus colecciones paleontológicas, allá por el 1886, bajo la dirección de Pedro Scalabrini. Recién en este siglo ese Museo volverá a renacer.

Otra contribución importante de Urquiza al desarrollo de las ciencias naturales fue la publicación, que él contrató, de la obra de Martin de Moussy Description physique, geographique et statistique de la Confederation Argentine (1860) y un atlas, escrita sobre la base de observaciones realizadas en el terreno por este geólogo y geógrafo francés, quien estuvo en las regiones del Plata desde 1841 hasta 1858.

También en Corrientes hubo durante la Confederación algunos intentos semejantes. El gobierno sugirió en 1852 la formación de un Gabinete de Historia Natural y de algún "Jardincito Botánico", sugestión que se concretó más tarde, en 1854.

El museo de Buenos Aires entra resueltamente en su trayectoria científica en 1862, cuando se hace cargo de su dirección Carlos Germán Conrado Burmeister, que no sólo organizó el Museo sino fue un promotor de la ciencia argentina durante los 30 años que actuó en el país.

Gracias a los esfuerzos de Burmeister fue, entre todas las colecciones, la paleontológica la que logró un mayor incremento.

Burmeister no fue un maestro en sentido estricto, mas su obra de investigador y organizador fue para la Argentina tan importante como la de un jefe de escuela que deja tras de sí un grupo de discípulos que continúan su obra. Ahí están los Anales del Museo, cuya publicación inició en 1864, con sus descripciones de los mamíferos fósiles de la formación pampeana admirablemente ilustradas por él mismo y con sus trabajos sobre insectos, peces, aves y mamíferos.

Hacia 1875 asoman los naturalistas argentinos: Moreno, Holmberg, Ameghino...

Sus aficiones de naturalista y su vocación por las ciencias naturales, llevaron a Francisco P. Moreno a reunir una colección científica (arqueológica, antropológica, paleontológica) de más de 15.000 ejemplares de piezas óseas y objetos industriales, reunidos por él en sus viajes por el interior del país: Catamarca, y en especial la Patagonia.

Como el gobierno de la provincia manifestara el deseo de fundar un museo antropológico, Moreno ofreció gratuitamente sus colecciones con ese objeto, creándose en 1877 el Museo antropológico y arqueológico de Buenos Aires, cuyo director vitalicio fue designado Moreno.

Al federalizarse Buenos Aires en 1884, La Plata desistió de trasladar el Museo que dirigía Burmeister (así como la Biblioteca Pública), resolviéndose en cambio crear, ese mismo año, el Museo de La Plata sobre la base del Museo antropológico de Moreno.

Bajo la dirección de Moreno el Museo de La Plata cobró intensa vitalidad científica, que le confirió sólidos prestigios. En 1889 se instala en su edificio propio, en 1890 inicia la publicación de sus Anales y de la Revista del Museo.

Entre los naturalistas y hombres de ciencia que colaboraron en la obra de Moreno, figuraron: el geólogo Carl Burckhardt; el antropólogo, etnógrafo y lingüista Roberto Lehmann-Nitsche; el zoólogo, en especial ictiólogo, Fernando Lahille; el botánico ruso Nicolás Alboff; el químico Federico Scickendantz; el lingüista Samuel A. Lafone Quevedo, que sucedió a Moreno en la dirección del Museo; el entomólogo Carlos Bruch; y el argentino Luis María Torres, antropólogo y arqueólogo que se incorpora al Museo en las postrimerías de la dirección de Moreno y que en 1920 ocupa su lugar.

Al incorporarse el Museo a la Universidad de La Plata y nacionalizarse, Moreno abandona la dirección. Por su parte el pensamiento de Joaquín V. González, reorganizador de la Universidad, sostenía que: "No perderá el Museo su destino como centro de estudio y exploración del territorio y conservación de sus tesoros acumulados..."

Se propugnaba para el Museo una triple función: científica, mediante viajes, exploraciones, excursiones e investigaciones docentes, destinada a la formación de naturalistas, y de educación popular mediante la exhibición pública ordenada y dirigida.

Tal complejidad de tareas, así como la superposición de funciones científicas y docentes, no favoreció al Museo, decayendo notablemente las exploraciones y las investigaciones en general.

En 1882 Sarmiento escribe: "Un paisano de Mercedes, Florentino Ameghino, que nadie conoce, y es el único sabio argentino, según el sentido especial dado a la clasificación, que reconoce la Europa". Se ha exagerado el desconocimiento de Ameghino en su propia tierra: profesor universitario y luego vicedirector del Museo de La Plata antes de los treinticinco años (1886), y Director del de Buenos Aires a los cincuenta (1902), a cuyo frente estuvo hasta su muerte en 1911, no era evidentemente desconocido para el público científico.

En las investigaciones científicas de Ameghino, en especial las referentes a la Patagonia, fue un eficacísimo colaborador su hermano menor Carlos, quien formó parte del personal del Museo de Buenos Aires, a cuyo frente estuvo interinamente desde 1917 hasta 1923.

La obra científica de Ameghino, verdaderamente extraordinaria, dejó escritas unas veinte mil páginas, comprende dos aspectos. Por un lado está la labor descriptiva del geólogo y sobre todo del paleontólogo, de valor perenne e indestructible. Casi el ochenta por ciento de las especies de mamíferos fósiles descritas en la obra de 1889, Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la República Argentina, son descubrimientos suyos. Con la labor de los dos Ameghino y la de Hermann von Ihering, fundador y director del Museo paulista, la paleontología argentina realizó progresos extraordinarios y fundamentales.

El otro aspecto de la obra de Ameghino lo ofrece la armazón teórica, la construcción doctrinaria, en la que estructura todas sus observaciones y todos sus descubrimientos y, finalmente, los fundamentos básicos de esa estructura. Fue un sabio auténtico.

Es su adhesión vital a la ciencia, y no su obra y sus doctrinas que la mayoría no conoce, la que ha convertido a Ameghino en un símbolo en el que se encarnan las virtudes de la ciencia. Y no es ésta sin duda una de las menores contribuciones de Ameghino a la ciencia.

Eduardo L. Holmberg es un naturalista de otro temple que se dedicó desde joven a las ciencias naturales. Realizó una serie de excursiones científicas por el interior del país, iniciadas en 1872 con un viaje a la Patagonia; y desde 1875, durante 40 años, ejerció la docencia secundaria y universitaria, debiéndosele a él, en gran parte, el impulso adquirido en el país por el estudio y cultivo de las ciencias naturales.

En colaboración con el entomólogo y ornitólogo Enrique Lynch Arribalzaga fundó la primer revista dedicada a las ciencias naturales El naturalista argentino, que sólo vivió un año (1878). Más tarde cooperó en la fundación de la revista editada por Ameghino: Revista argentina de historia natural(1891), de la que sólo aparecieron seis números. Tampoco tuvo mayor duración otro periódico, Apuntes de historia natural, hasta que en 1901 sus esfuerzos son coronados por el éxito al asociarse los naturalistas argentinos en una agrupación comúnmente designada, así como su órgano de publicidad que inició su aparición en 1912, Physis.

La Sociedad Argentina de Ciencias Naturales es la que por inspiración de Holmberg realizó en Tucumán en 1916 la primera Reunión nacional de naturalistas.

La ciudad de Buenos Aires le debe su Jardín Zoológico, del cual fue fundador y primer director (1888). Durante su dirección inició la edición de la Revista del Jardín Zoológico, en la cual se publican artículos científicos.

Se crea en esta época un museo especializado: el Museo Etnográfico de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires, fundado en 1906 por iniciativa de Norberto Piñero. Su organización se debió a la labor de su primer directo Juan B. Ambrosetti.

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