Las ciencias naturales en sentido estricto
La labor científica en el campo de las ciencias naturales que aquí consideramos (botánica, zoología, mineralogía, geología y geografía) seguía polarizada en los dos grandes museos, aunque en las últimas décadas se había extendido ampliamente a través de instituciones oficiales y privadas.
Al fallecer Ameghino, le sucede en la Dirección del Museo de Buenos Aires otro naturalista argentino de valor excepcional: Angel Gallardo, que se ha ocupado en el campo de la biología y de las ciencias naturales de problemas de herencia, de la cariocinesis, sentando su hipótesis de la división celular como un fenómeno bipolar de carácter electrocoloidal, y de entomología, en especial de hormigas. Se inició en la docencia universitaria en 1895, para llegar en 1932 al rectorado de la Universidad. Ha actuado en forma destacada en todas las instituciones científicas y sus trabajos exclusivamente científicos superan el centenar.
En 1923 el Museo Nacional de Historia Natural de Buenos Aires cambió su nombre, en homenaje a su fundador, por el de Museo Nacional de Historia Natural Bernardino Rivadavia. (Diez años después el adjetivo "nacional" fue sustituido por "argentino".)
Además de la contribución a los estudios oceanográficos que ya mencionamos, el Museo comprende secciones y colecciones de Mineralogía y Geología (incluyendo meteoritos); Paleontología (Vertebrados e invertebrados fósiles), Paleobotánica; Botánica; Zoología (Protozoología, Moluscos e invertebrados marinos, Insectos, Peces, Batracios y reptiles, Aves y mamíferos); Antropología; Etnología; Musicología indígena, Arqueología y Numismática.
La publicación más importante del museo fue sus Anales, que para 1945 consta de más de 40 tomos. Además, como Publicaciones extras, editó una serie de trabajos publicados por los miembros del personal del museo en otras revistas. Por último, desde 1919 publicó el Catálogo de Numismática.
Por su parte el Museo de La Plata, convertido en Instituto del Museo y Escuela Superior de Ciencias Naturales, cumple su labor mediante los departamentos siguientes: Antropología, arqueología y etnografía; Botánica (cuya sección Micología, la constituye el Instituto de Botánica "Spegazzini"; Geología y geografía física; Mineralogía y petrografía; Paleozoología (invertebrados) y Paleobotánica; Paleozoología (vertebrados); Zoología (invertebrados) y Zoología (vertebrados).
Además de los Anales, ya citados, y que se destinan a memorias de carácter monográfico de especial importancia y extensión, desde 1935 la Revista inició una nueva serie que consta de seis secciones: Antropología, Botánica, Geología, Paleontología, Zoología y oficial, en los que se reúnen todas las contribuciones científicas (memorias, monografías, notas, etc.) de los colaboradores del Museo. Ese mismo año se creó una nueva publicación Notas del Museo de La Plata destinada a ser el órgano de información rápida para fijar fechas y asegurar prioridades. A esa lista de publicaciones se agregaron: en 1937 una nueva serie Publicación didáctica y de divulgación científica del Museo de La Plata, destinada a contener trabajos de divulgación sobre temas científicos de interés general tratados en forma sintética y accesibles al público, y en 1939 las Tesis del Museo de La Plata, destinadas a contener exclusivamente publicaciones de esta índole que merezcan tal distinción.
Fuera de los dos grandes museos argentinos, existen en el país otros museos que realizan también una obra de estímulo y de difusión de los conocimientos relativos a las ciencias naturales. Dependientes de las respectivas provincias existen también museos en Mendoza (Museo General Regional), en Córdoba (Museo Provincial de Ciencias Naturales), en Santa Fe (Museo Escolar "Florentino Ameghino"), en Salta (Museo Provincial), en Entre Ríos (Museo de Entre Ríos), etc.
De las ramas de las ciencias naturales es, probablemente, la botánica la más cultivada en la Argentina. Tres legados importantes, vinculados a tres hombres de ciencia, han constituido el núcleo de tres importantes institutos especialmente destinados a estudios botánicos.
Carlos Spegazzini llegó a la Argentina en 1879 con una labor científica realizada en el campo de la micología. El año siguiente, Puígari lo incorpora al Gabinete de historia natural de la Facultad de ciencias físiconaturales, pasando luego en 1885 a residir en La Plata, en cuya Universidad actuó oficialmente hasta 1912. Su labor botánica fue extraordinaria.
En 1925 editó una Revista Argentina de Botánica, cuyas cuatro entregas redactó íntegramente.
En su testamento hizo donación de sus colecciones y biblioteca, con su casa, al Museo de La Plata. Por eso el Instituto de Botánica "Spegazzini"constituye hoy la Sección de micología del Departamento de botánica del Instituto del Museo de La Plata.
Cristóbal M. Hicken es otra vida consagrada a la investigación científica. Fruto de sus trabajos y de sus viajes fue la organización del Museo y Biblioteca que denominó "Darwinion. En 1922 inició la publicación de Darwiniana. Carpeta del "Darwinion" (Laboratorio particular del doctor Cristóbal M. Hicken "Darwinion") y que luego modificó este subtítulo por el de Revista del Instituto de Botánica "Darwinion". (Instituto de Botánica "Darwinion", San Isidro. Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Buenos Aires).
En 1924 Hicken expresó el deseo de donar al Estado su "Darwinion". Esta donación se concretó posteriormente y el "Darwinion" se instaló en un nuevo local de San Isidro.
Otra figura excelsa de la botánica argentina es la de Miguel Lillo. Autodidacto, se consagró en su ciudad natal, Tucumán, a las ciencias naturales. Fuera de la botánica, en la que descolló, en especial en dendrología, se ocupó de zoología y de meteorología (durante más de 40 años hizo observaciones pluviométricas y termométricas en la ciudad de Tucumán).
Al fallecer, Lillo legó a la Universidad Nacional de Tucumán sus ricas colecciones botánicas, ornitológicas y entomológicas, así como su importante biblioteca. Sobre la base de ese legado la Universidad creó el Instituto "Miguel Lillo" (de investigaciones Botánicas) que ha desarrollado una intensa actividad no sólo en el campo botánico sino en el de todas las ciencias naturales.
Fuera de artículos de divulgación, el instituto editaba dos publicaciones periódicas: de carácter científico: Lilloa (revista de botánica), y Acta Zoológica Lilloana (revista de zoología). Además inició la publicación en grandes tomos suntuosamente ilustrados de la Genera et Species Plantarum Argentinarum.
Otro importante centro botánico, pero en especial de estudios de materia médica, es el Instituto de botánica y farmacología, existente en la Facultad de ciencias médicas de la Universidad de Buenos Aire, y que se creó en 1900 con el nombre de Museo Farmacológico. También desde principios de siglo editó una publicación periódica titulada Trabajos del Instituto de Botánica y Farmacología.
Además de los varios jardines zoológicos y de los ya numerosos jardines botánicos con que cuenta el país, agreguemos que en 1945 se constituyó la primera Sociedad Botánica Argentina con sede en La Plata y que se propuso agrupar a todos los botánicos y aficionados a la botánica, estimular la protección de la vegetación indígena, coordinar la terminología botánica y los demás fines científicos de las agrupaciones de esta índole. En el mismo año apareció su Boletín con trabajos científicos relativos a todas las ramas de la botánica, notas históricas, noticias, etc.
En cuanto a los estudios zoológicos, desde 1916 existe en Buenos Aires la Sociedad Ornitológica del Plata, que desde el año siguiente publicó su órgano periódico El Hornero, revista especialmente destinada al estudio y protección de las aves, y desde 1925 existe, también en Buenos Aires, la Sociedad Entomológica Argentina, cuya Revista, que inició su aparición el año siguiente, tuvo carácter exclusivamente entomológico. Y en 1944 se fundó la Asociación Argentina de Artropodología, que se propuso fomentar el estudio y conocimiento de los diversos grupos que constituyen el Phyllum Arthropoda.
Los estudios mineralógicos y geológicos en la Argentina estaban centralizados en los grandes museos y en la Dirección de Minas y Geología.
Como institutos especiales citemos el Instituto de fisiografía y geología de la Facultad de ciencias matemáticas de Rosario, creado en 1936 con el objeto, entre otras finalidades, de realizar investigaciones fisiográficas, geológicas, mineralógicas, petrográficas y paleontológicas; el Instituto de geología creado en 1945 funciona en la Facultad de ciencias de Buenos Aires y que tiene la doble función de Escuela de Enseñanza Superior de las ciencias geológicas, y de Instituto de investigación en esas mismas ciencias: y el Instituto de mineralogía y geología de la Universidad de Tucumán.
En 1929 se fundó en Buenos Aires la Sociedad Argentina de Minería y Geología que se propuso realizar estudios científicos de carácter geológico y mineralógico, y que desde ese mismo año editó la Revista Minera.
La Sociedad Geológica Argentina creada en 1945, tiende a una finalidad más científica, pues su objeto primordial es propender el progreso de las ciencias geológicas estimulando las investigaciones académicas especialmente en lo que se refiere al mejor conocimiento de la estructura geológica del suelo de la Argentina y de las regiones vecinas de América, y que el año siguiente ya hizo conocer su publicación periódica, Revista de Sociedad Geológica Argentina.
Tienen valor científico los estudios que en la Argentina se realizan vinculadas con el petróleo. Ya en 1911 la explotación del petróleo (de Comodoro Rivadavia), dio lugar a la creación de una sección especial en la Dirección de minas y geología, sección que en 1922 se independizó constituyendo la importante Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (conocida como Y. P. F.). Por lo demás, Y.P.F. contribuyó al sostenimiento de un Instituto del petróleo, dependiente de la Universidad Nacional de Cuyo.
Los estudios geográficos cuentan en la Argentina, ya en este período, con dos instituciones oficiales y una institución privada.
En la facultad de filosofía y letras de Buenos Aires funciona un Instituto de investigaciones geográficas, fundado y dirigido en 1917 por Outes.
En la Facultad homónima de Tucumán existe también un Instituto de estudios geográficos.
El meritorio Instituto geográfico argentino, fue sustituido en 1922 por la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos "Gaea", que se propone estimular los estudios e investigaciones geográficos y afines, en lo que se refiere a: geodesia, topografía y cartografía, biogeografía, geología, geofísica y morfología, climatología y didáctica.