LAS DÉCADAS GLORIOSAS

 

La enseñanza

 

Se inicia en la Argentina, con la presidencia de Mitre, una era de resurrección científica. Es la era en que, paralelamente a la organización nacional, se organiza también la ciencia. Es la era en que los hombres de gobierno son hombres de cultura: historiadores, escritores, poetas. Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Gutiérrez, no sólo dirigen los destinos políticos de la nación, sino también estructuran y conforman su vida cultural. Es una etapa constructiva, la "segunda Argentina", y que se cierra con la crisis político-económica del 90. Es un nuevo período extravertido, en que la Argentina vuelve sus miradas hacia el exterior y organiza su ciencia bajo direcciones europeas y norteamericanas. Es el período en que la gran figura de Sarmiento es símbolo y es realidad.

El Colegio Nacional de Buenos Aires es creado por un decreto del 14 de marzo de 1863 que dice: "Sobre la base del Colegio Seminario y de Ciencias Morales y con el nombre de Colegio Nacional se establecerá una casa de educación científica preparatoria, en que se cursarán las letras y humanidades, las ciencias morales y las ciencias físicas y exactas..." Este es el decreto que se toma como iniciación de la actual enseñanza secundaria argentina y los cinco colegios creados en 1864, junto con los de Buenos Aires, Córdoba y el Uruguay constituyen el primer plantel de establecimientos para la educación de la adolescencia.

Para subsanar la carencia de profesores especializados en 1903 se había impuesto como condición para ingresar a la carrera docente que el futuro profesor, además de sus estudios profesionales, debía realizar y cursar estudios en tres establecimientos diferentes.

El año siguiente se contratan los primeros seis profesores en Alemania y se crea el Colegio Nacional. Joaquín V. González crea un instituto al que encomienda todas las tareas pedagógicas que estaban a cargo de tres establecimientos distintos. El año siguiente se le incorporó también la formación científica correspondiente a cada especialidad, y quedó así establecido en Buenos Aires el Instituto Nacional del Profesorado Secundario que ha funcionado y aún funciona independientemente de las Universidades.

Desde 1904 a 1913 se contrataron en el extranjero, para el Instituto de Buenos Aires, unos veinte profesores, en su inmensa mayoría alemanes.

El despertar cultural que en la enseñanza secundaria dio lugar al advenimiento de los colegios nacionales, también se hizo sentir en la enseñanza superior. En 1854 la Confederación propone a la provincia de Córdoba la nacionalización de la Universidad y del Colegio Montserrat. Pero la nacionalización no logra modificar el carácter tradicional de la universidad cordobesa. Tal situación se mantiene hasta la presidencia de Sarmiento, época en la que, por así decir, la ciencia irrumpe violentamente en los claustros cordobeses. En 1869 se aprueba una ley por la cual: "Autorízase al Poder Ejecutivo para contratar dentro o fuera del país hasta 20 profesores, que serán destinados a la enseñanza de ciencias especiales en la Universidad de córdoba y en los Colegios Nacionales". Es esta la ley que da nacimiento a la futura Academia de Ciencias de Córdoba que, a su vez, deja como saldo en la universidad cordobesa una Facultad de ciencias.

Mientras tanto, en Buenos Aires cuando no había aún pasado un mes desde la batalla de Caseros, el gobierno de la provincia dicta un decreto. Con este decreto se inicia la reorganización de la Universidad. Volvieron así a funcionar la Facultad de jurisprudencia (la de medicina se separó de la Universidad por un decreto de 1852), y el Departamento de estudios preparatorios, al cual volvieron a incorporársele en 1854 los estudios de física experimental (uno de sus profesores fue Jacques) y de química; éstos a cargo de Miguel Puíggari, considerado "el fundador de la enseñanza de la química moderna" en la Argentina para lo cual hubo que exhumar los aparatos del antiguo laboratorio y adquirir otros nuevos. Pero los estudios científicos carecían aún de facultad.

Será la obra de uno de los más grandes promotores de la cultura argentina: Juan María Gutiérrez, rector de la Universidad de Buenos Aires desde 1861 hasta 1874. De la gestión universitaria de Gutiérrez nos interesa destacar la creación del Departamento de ciencias exactas.

En 1865, se crea el "Departamento de ciencias exactas, comprendiendo la enseñanza de las matemáticas puras, aplicadas y de la historia natural". La enseñanza se confía respectivamente a los profesores contratados de Europa: la de matemáticas puras al doctor Bernardina Speluzzi, de la Universidad de Pavía; la de matemáticas aplicadas al ingeniero Emilio Rosetti, licenciado en la Facultad de Matemáticas de la Universidad de Turín; y para la historia natural a Pelegrino Strobel, de la Universidad de Parma. Strobel regresó en 1866 a su patria y fue sustituido por Juan Ramorino.

El Departamento inició sus tareas en 1866. Y en 1869, después de los cuatro años de estudios, egresaron los primeros doce ingenieros argentinos que tuvieron todos una destacada actuación profesional y científica. Recordemos a Valentín Balbín que reemplazó a Speluzzi y fue luego designado doctor honoris causa. Se debe a Balbín uno de los primeros intentos de periodismo científico: en 1889 funda la Revista de matemáticas elementales que tuvo tres años largos de vida. Sólo un cuarto de siglo después reaparecerá otro intento semejante.

Veamos ahora rápidamente las etapas sucesivas del Departamento de ciencias exactas de Buenos Aires. En 1874 la Universidad sufre una reforma esencial: se le reincorpora la Facultad de ciencias médicas, el Departamento de estudios preparatorios se convierte en Facultad de humanidades y filosofía, y el Departamento de ciencias exactas se desdobla en dos Facultades científicas: de matemáticas, que presidirá Gutiérrez, y de ciencias físico-naturales, que presidirá Puíggari.

Cuando en 1881 se produce la nacionalización de la Universidad las dos facultades vuelven a reunirse en la Facultad de ciencias físico-matemáticas.

En 1891 la Facultad toma su nombre actual de Facultad de ciencias exactas, físicas y naturales, y en sus planes de 1896 aparece al lado de los doctorados en ciencias físico-matemáticas y en ciencias naturales, el doctorado en química, cuyos estudios, en virtud de sus posibilidades profesionales, han adquirido gran pujanza.

En 1872, Gutiérrez, en un proyecto de ley remitido al gobierno, expuso sus ideas sobre organización universitaria. Propugnaba la enseñanza libre que "hará imposible la estagnación de la ciencia" y proclamaba la autonomía universitaria.

Fuera de otras iniciativas, Gutiérrez proyectó escuelas de agricultura, de comercio y de náutica, así como se esforzó en crear una Facultad de química y farmacia. En este último proyecto fue estimulado por la Asociación farmacéutica de Buenos Aires, creada en 1858, y que desde entonces publica una Revista Farmacéutica.

En 1877 la Universidad inicia sus publicaciones, editando los Anales de la Universidad de Buenos Aires, que aparecieron hasta 1902 con una interrupción entre 1878 y 1888. Los Anales publicaron con preferencia documentos oficiales y sólo muy pocos trabajos firmados. En cambio la Revista de la Universidad de Buenos Aires, cuya publicación se inicia en 1904, contenía trabajos originales de filosofía, ciencias y letras, que reflejaban el movimiento cultural del país y del extranjero en conexión con los problemas de la Universidad.

Recién 10 años más tarde (1914), aparece la Revista de la Universidad Nacional de Córdoba con trabajos de humanidades, derecho y ciencias sociales, ciencias biológicas, ciencias físico-naturales y matemáticas.

La declaratoria de Buenos Aires ciudad capital y la federalización de su territorio, trajo consecuencias en la vida universitaria argentina. Con motivo de su nacionalización (1881), fue necesario, en primer lugar, fijar un régimen legal permanente y común a las dos universidades nacionales existentes, promulgándose en 1885 la llamada "ley Avellaneda" (Nicolás Avellaneda, a la sazón rector de la Universidad y senador nacional, fue el autor del proyecto).

Una segunda consecuencia de la federalización de Buenos Aires fue el advenimiento de una Universidad en La Plata, flamante capital de la provincia de Buenos Aires, propósito que se concreta por ley provincial de 1889. Pero los tiempos no son propicios y la ley no se ejecuta sino en 1897, fecha en que se establece la Universidad.

La organización definitiva de la Universidad de La Plata recién se logró con su nacionalización, cuando en 1905 constituye la tercera universidad nacional por obra principal del ministro González, que fue también su primer presidente. A esa organización contribuyó la serie de cesiones que, desde 1902, el gobierno provincial hizo a la nación de institutos especiales que dependían de la provincia.

Esas cesiones fueron:

- El Observatorio astronómico, instituido en 1882.

- El Museo de ciencias naturales, creado en 1884.

- La Escuela práctica de agricultura y ganadería de Santa Catalina.

- La Facultad de agronomía y veterinaria, creada por ley de 1889, pero independiente de la Universidad.

- La Biblioteca Pública que funcionaba en La Plata desde 1884.

En esa Universidad aparecen por primera vez los diplomas de doctor en astronomía, doctor en física y doctor en matemáticas, con lo que se inician los estudios astronómicos y físicos en la Argentina, especialmente estos últimos. Para ello contó desde 1906 con un Instituto de física bien provisto y que desde 1909 estuvo bajo la excelente dirección de un físico eminente: Emil Hermann Bose.

Su acción al frente del Instituto fue eficaz, aunque breve, pues falleció en 1911, sucediéndole otro físico alemán: Richard Gans, quien continuó la obra iniciada por Bose, impulsando la investigación científica a una altura que valió al Instituto un justo renombre internacional.

En 1914, y a iniciativa de Gans se inicia la publicación de un periódico científico, Contribución al estudio de las ciencias fisicomatemáticas, en dos series: Serie matematicofísica y técnica.

Aunque en esta época sólo existen en el país tres universidades nacionales, pueden, no obstante, encontrarse en él, los gérmenes de las tres restantes universidades nacionales que se han de crear más adelante.

Así, en Santa Fe existía desde 1889 una Universidad provincial donde sólo funcionó la Facultad de derecho, hasta 1911, año en que se agregan las escuelas de farmacia y obstetricia, que más tarde se reúnen en una sola facultad. Son estas dos facultades las que existen cuando unos años después se crea la Universidad Nacional del Litoral.

Por su parte en Tucumán había nacido en 1875 una Facultad de jurisprudencia y ciencias políticas, que había muerto después de un par de lustros. Y en 1912 la legislatura provincial sanciona una ley creando una universidad. Esa universidad no contó desde sus comienzos con institutos de estudios científicos superiores, aunque posteriormente, a raíz de su nacionalización, tales estudios se incorporaron a la universidad.

Y finalmente, en la región minera de la zona cuyana, por iniciativa de Sarmiento, se habían creado en los colegios nacionales de Catamarca y de San Juan, en 1869, cátedras especiales de mineralogía, convertidas más tarde en departamentos de minería y que en 1876 se refundieron en una Escuela de Ingenieros de San Juan, que funcionó más o menos precariamente hasta su incorporación a la Universidad de Cuyo.

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