La Enseñanza Universitaria
A principios de 1614 se inician en el colegio Máximo los estudios, pero sin facultad para otorgar grados hasta 1622. Recién en 1664 se dan las primeras "constituciones" que se amplían en 1710. Por ellas, la Universidad comprendía las facultades de artes y de teología. La primera otorgaba los grados de bachiller, licenciado y maestro, y sus estudios comprendían la filosofía (lógica, física, metafísica).
En 1799 se resuelve "fundar de nuevo" en Córdoba una universidad mayor con el nombre de Real Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Montserrat. Pero esta nueva universidad recién se instala en 1808. El primer signo de los tiempos nuevos es la creación de una cátedra de matemática que empieza a funcionar en 1809.
En 1815 se aprueba una modificación en la estructura de los estudios, propuesta por el deán Funes, con la que se pretendo mejorar la enseñanza de las ciencias: intensificación de la matemática, estudio experimental de la física, aunque no se contaba aún con material para ello; sin demostrar, empero, igual pretensión en la filosofía.
Mientras tanto, en Buenos Aires, el 9 de agosto de 1821, el gobernador Rodríguez y su ministro Rivadavia firmen el decreto de creación de la Universidad de Buenos Aires. En la Universidad de Buenos Aires se trató de dar, desde sus comienzos (1821), carta de ciudadanía a la ciencia. Se componía de "departamentos científicos", que de acuerdo a la organización de 1822 eran: Departamento de ciencias exactas (dos cátedras y dos ayudantes); Departamento de medicina (tres cátedras); Departamento de jurisprudencia (dos cátedras); Departamento de ciencias sagradas (tres cátedras), que funcionó recién desde 1924, el Departamento de estudios preparatorios (seis cátedras, entre las cuales una de físico-matemáticas y una de economía política). También en 1822 se creaba un Departamento de primeras letras, por el cual quedaban incorporadas a la Universidad y bajo su inspección inmediata todas las escuelas existentes en la ciudad y en la campaña.
Toda la instrucción pública estaba unificada en la Universidad, y en el presupuesto para 1825 se observa que más de la mitad de sus gastos se insume en el departamento de primeras letras, y el resto, parte de los gastos se proyecta para gastos "del jardín de aclimatación" y "del laboratorio de química, conservación de la sala de física y establecimiento de estudios de mineralogía y geología".
Pero en verdad los acontecimientos políticos impidieron que la vida activa de la Universidad fuera de larga duración. En 1835 sólo funcionaban los cursos preparatorios, en 1838 se suprime la subvención oficial a la universidad y el sueldo a los profesores, con lo que poco a paco van desapareciendo las cátedras.
Durante la colonia, la ciencia no figura en la universidad cordobesa. La física se estudia en los cursos de filosofía que se siguen a Aristóteles y al padre Suárez, y durante el siglo XVIII, no sólo en Córdoba sino en todo el virreinato, se "refuta a Newton con silogismos" y se utilizan recursos semejantes para oponerse a Descartes, Gassendi y al "libertino" Voltaire.
En Buenos Aires, durante el siglo, las cosas no están mejor, aunque Orgaz, dice que ya en el San Carlos "se discuten y a veces se adoptan las ideas de Copérnico, Nollet, Euler, Franklin y Feijóo. Con el nuevo siglo asoman nuevas ideas y nuevos hombres.
Juan Crisóstomo Lafinur la física sale del período escolástico, pero no ingresa aún en el período experimental. La física experimental aparece de nombre, mas no de hecho, en 1825, con el curso que dicta "sin el auxilio de los instrumentos" Avelino Díaz. Dos años después se dicta en Buenos Aires el primer curso de física experimental que merezca tal nombre. "Un laboratorio de química, una sala de física más completa, han sido conducidas de Europa para servir a la enseñanza de las ciencias naturales", informa el gobernador Rodríguez en su mensaje del año 1824.
Se destinó el convento abandonado de los dominicos (el de Santo Domingo) como local para reunir todos los objetos relativos a la enseñanza de las ciencias naturales, que comprendían, además del gabinete de física y laboratorio público, y una rica colección numismática con que este museo se había enriquecido en 1823.
Para el dictado de la física experimental, Rivadavia contrató en Londres al médico italiano Pedro Carta Molina, antiguo profesor en la Universidad de Turín y expatriado por razones políticas, quien llegó a Buenos Aires en 1826 con una dotación de instrumentos para completar el gabinete y con un ayudante: Carlos Ferraris. Carta dejó su cátedra antes de dictar sus lecciones ya preparadas, como consecuencia de la caída de su benefactor y amigo Rivadavia. A Carta sucedió Octavio Fabricio Mossotti, sabio italiano que había sido llamado a Buenos Aires con el objeto de establecer un observatorio astronómico. Mossotti dictó el curso de física desde 1828 hasta 1834, fecha en la que regresó a su patria, quedando entonces vacante la cátedra en Buenos Aires durante 20 años. Mossotti es el precursor de la pléyado de sabios y profesores extranjeros que más tarde cimentarán la ciencia argentina. Mossotti instaló un pequeño observatorio astronómico en una de las celdas altas del convento de Santo Domingo, al cual anexó un gabinete meteorológico. Venía a albergar así el viejo convento a la totalidad de los incipientes recursos con que contaba el país para el estudio científico de la naturaleza.
Colabotó en la organización y en las tares del Departamento topográfico y determinó la latitud de Buenos Aires, refiriéndola a la pirámide de la plaza de Victoria (hoy Plaza de Mayo).