La Enseñanza Primaria y la Enseñanza Secundaria
La primera noticia que se posee de un maestro de primeras letras en el territorio argentino procede de Santa Fe, donde en 1577 se habla de un Pedro de Vega, "que enseña la doctrina christiana a los niños de poca edad y a leer y escribir a los demás".
La instrucción primaria en la colonia fue principalmente obra de los vacindarios. Su única finalidad fue la de enseñar a leer, escribir y contar (para artesanos y comerciantes) e impartir la doctrina cristiana. A fines del siglo XVIII, se crean nuevas escuelas fiscales, con los fondos de las temporalidades de los jesuitas expulsados, y municipales, con los fondos propios de los cabildos: se reclaman perfeccionamientos y gasta asoma el concepto de enseñanza obligatoria. Mas el progreso real no fue muy grande. Los negros no podían recibir ninguna clase de enseñanza, excepto la doctrina cristiana, una vez por semana. Los indios no estaban mejor (las misiones habían constituido una excepción). Por otra parte, la enseñanza se limitaba generalmente a los varones, pues recién a fines del siglo XVIII, y en algunas provincias, se establecieron escuelas para huérfanas y para niñas.
Los castigos corporales estaban en boga, aunque no parece que por eso la disciplina fuera ejemplar. En definitiva: desde fines del siglo XVI se van fundando en el territorio argentino escuelas de primeras letras de tal manera, que al estallar la revolución la enseñanza primaria está difundida a través de casi todas las provincias argentinas.
Respecto de la enseñanza secundaria, los centros más importantes se desarrollaron en Córdoba y en Buenos Aires. En Córdoba los jesuitas establecieron en 1607 un noviciado que sirvió de base al Colegio Máximo declarado en 1610, y cuyos cursos quedaron definitivamente instalados en 1614, sirviendo, a su vez, de base a la futura Universidad.
En 1687, se funda el Colegio Real Convictorio de Nuestra Señora de Montserrat, sujeto al Real Patronato y subordinado al Provincial de la Compañía de Jesús. La fundación de este Colegio es importante, pues durante mucho tiempo es a él donde acudirán los estudiantes de Bueno Aires y Paraguay, y no pocos del Alto Perú y Chile. Por lo demás, sirvió de modelo al Real de San Carlos de Buenos Aires.
En 1783 el virrey Vértiz instala solemnemente el Real Colegio Convictorio de San Carlos (o Carolino), en el que se educaron "casi todos los hombres que encabezaron y sostuvieron la revolución y honraron a la patria con sus talentos". (Gutiérrez).
En 1818 se transformó el Colegio de San Carlos en Colegio de la Unión del Sud. Manuel Moreno refleja el carácter de esa enseñanza al decir: "En cuanto a la utilidad que debía esperarse de promover los conocimientos y las ciencias, estando reducidas sus lecciones a formar de los alumnos unos teólogos intolerantes, que gastan su tiempo en agitar y defender cuestiones abstractas sobre la divinidad, los ángeles, etc., y consumen su vida en averiguar las opiniones de autores antiguos que han establecido sistemas extravagantes y arbitrarios sobre puntos que nadie es capaz de conocer, debemos decir que es absolutamente ninguna."
Ya creada la Universidad, Rivadavia, en 1823, transforma el Colegio de la Unión del Sur en Colegio de Ciencias Morales. Pero los tiempos cambian, y en 1830, el Gobierno resuelve disolver el Colegio de Ciencias Morales, que el año anterior se había refundido en el Colegio de la Provincia de Buenos Aires.
Mientras tanto, en Mendoza, por obra de San Martín, se creaba el Colegio de la Santísima Trinidad, que empezó a funcionar en 1818. Estaba destinado principalmente al estudio de las ciencias, pues era su propósito establecer "cátedras de humanidades, en que se enseñarán los sagrados derechos y deberes del hombre en sociedad, las facultades mayores, la física, las matemáticas, la geografía, la historia y el dibujo".