La Academia de ciencias de Córdoba

 

Para dar cumplimiento a la ley de 1869, por la cual se autorizaba al Poder Ejecutivo a contratar hasta 20 profesores de ciencias especiales, Sarmiento encomendó al director del Museo de Buenos Aires, Burmeister, las gestiones para incorporar al país el primer núcleo de esos profesores.

Con el propósito de fundar en la Universidad de Córdoba una Facultad de ciencias, ese primer núcleo debía componerse de dos profesores de matemáticas y una de cada de las especialidades: física, química, botánica, zoología, mineralogía y geología. Entre 1870 y 1873 fueron llegando los profesores contratados y a mediados de este último año se fundaba la Academia de Ciencias de Córdoba, bajo la dirección de Burmeister; institución científica y docente, pues sus miembros estaban obligados a dictar clase en la Universidad.

El reglamento de la Academia, proyectado por Burmeister y aprobado a principios de 1874, confería al director facultades excesivamente autoritarias; las dificultades de los profesores en adaptarse en un país nuevo a la doble función científica y docente, el hecho de que Burmeister residiera la mayor parte del tiempo en Buenos Aires, produjo la crisis de la institución. La mayor parte de sus miembros se retiraron, el director renunció, la Academia, en 1875, se incorporaba a la "Universidad como una Facultad, y los profesores de ella formando parte del claustro universitario. Se resolvió, por decreto de 1878, separar totalmente la Academia, como cuerpo científico de la Universidad, dejando en ésta su cuerpo docente bajo forma de una Facultad de ciencias físico-matemáticas.

De acuerdo al nuevo reglamento, la Academia Nacional de Ciencias es una corporación científica sostenida por el gobierno de la Nación Argentina y cuyos objetos son los siguientes: Servir de consejo consultivo al gobierno en los asuntos referentes a las ciencias que cultiva el Instituto .Explorar y estudiar el país en todas las ramificaciones de la naturaleza- Hacer conocer los resultados de sus exploraciones y estudios por medio de publicaciones.

Como se ve, el centro de gravedad de los estudios científicos de la Academia se desplazaba de las ciencias exactas a las ciencias naturales, y en verdad fue en éstas donde se concentró la labor más importante de la Academia.

Las publicaciones de la Academia fueron iniciadas de inmediato por su primer director Burmeister. En 1874 apareció el primer tomo del Boletín de la Academia y en 1875 el de sus Actas. Estas publicaciones aparecieron regularmente hasta 1890. Los primeros miembros de la Academia fueron:

Sin duda, han sido las ciencias geológicas las que recibieron el mayor impulso de los hombres de la Academia de Córdoba. Entre sus miembros fundadores, uno de los primeros en llegar fue el profesor de mineralogía y geología Alfredo Stelzner, de la Academia de minas de Freiberg. No obstante su breve estada en la Argentina (1871-1874), realizó dos largos viajes por el noroeste y oeste del territorio argentino que le permitieron reconocer las grandes unidades geológicas de los terrenos observados.

Stelzner, que era ante todo mineralogista, dejó instalado el museo mineralógico de la Universidad. El sucesor de Stelzner fue Luis Brackebusch, quien estuvo en la Argentina más de diez años desde 1874. Recorrió, realizando estudios mineralógicos y geológicos, las provincias de Córdoba, Catamarca, Salta y Jujuy. Es el autor de los primeros trabajos sobre geología argentina aparecidos en las publicaciones de la Academia, dando en 1879 el primer catálogo científico ordenado y descriptivo de los minerales argentinos.

Una obra de mayor importancia para el país fue la desarrollada por Guillermo Bodenbender, quizá el geólogo que más ha recorrido el territorio argentino. Llegado a la Argentina en 1885, permaneció en ella más de treinta años, y, fuera de su actividad docente en la Universidad de Córdoba, realizó numerosas investigaciones geológicas y mineralógicas con preferencia en la cordillera y en las provincias centrales.

Citemos por último a Oscar Doering, profesor de matemáticas desde 1875 en la Universidad de Córdoba y luego de física, y a quien se deben numerosas observaciones meteorológicas, hipsométricas y magnéticas. Fue O. Doering quien realizó en la Argentina el mayor número de observaciones magnéticas, proponiendo en 1882 la creación de un Observatorio Magnético Nacional de acuerdo con las sugestiones del Congreso Internacional de Meteorología de Roma de 1879.

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