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¿Qué es una leyenda?

   Una leyenda es un relato tradicional o folklórico, habitualmente regionalizado o localizado, que originariamente pudo haber sido verdadero o contuvo una parte de verdad, pero que, al transmitirse oralmente, se ha ido modificando hasta convertirse en fantástico.

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Leyendas aborígenes
El palo santo, árbol sagrado de los Tobas

   Los Tobas veneran este árbol al que consideran sagrado. Cuentan sobre él una hermosa leyenda: "Hace mucho tiempo vivía un joven muy virtuoso y apuesto llamado Cosakait, que se había enamorado perdidamente de una muchacha muy bella, pero ella no le correspondía.

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    Ah!- el indio se lamentaba- los dioses no quieren mi felicidad.
    Entonces el joven se enfermó de pena pero la muchacha no quiso verlo. Desesperado, Cosakait llamó a la madre de su amada y le dijo:
-Yo he de morir pero seguiré amando a su hija. Adornaré con flores su cabello, perfumaré el agua que sus labios beban y espantaré a los insectos de su lado para que no la molesten. Estaré siempre donde ella se encuentre y le daré todo lo que me pida.
    Cosakait murió, y Dios, compadecido por su dolor, lo eternizó en la forma de un árbol que creció allí mismo y se extendió por toda la selva. De esta forma Cosakait brindó a su amada flores y todas las cosas buenas que le había prometido." Por ser tan elevado sus valor y sus nobleza, los Tobas consideran al palo santo como un palo sagrado y lo llaman "Cosakait."

Historia de dos ríos

  Hace muchos años, cuando los lagos eran de cristal y las montañas blandos terrones de arcilla, vivían en la Patagonia dos tribus Mapuches. Los hijos de los caciques Limay y Neuquén eran grandes amigos. Juntos iban a pescar y a nadar; un día, cerca de un lago, se oyó una suave canción… La voz era de Rahiue, una indiecita de gran belleza.

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     Los jóvenes quedaron enamorados de Rahiue. A partir de ese momento, los muchachos, que eran como hermanos, supieron que algo se interponía entre ellos. Los caciques al ver a los jóvenes tan distanciados, consultaron a la machi (adivina).
    Pronto la machi descubrió lo que estaba sucediendo y quiso hablar con Rahiue. Cuando estuvieron solas la adivina preguntó a la indiecita qué era lo que más deseaba, y ella contestó que quería una caracola de mar. Los jóvenes tendrían que llegar al mar y traer una caracola. Consultados los dioses, convinieron en que lo más rápido para llegar al mar era convertirse en río. Así lo hicieron, y los dos jóvenes con sus cuerpos convertidos en agua comenzaron a correr hacia el mar; Neuquén desde el Norte y Limay desde el Sur.
    Pero (siempre hay un pero en las historia) el espíritu del viento no había sido consultado, y su furia hizo soplar vientos maléfico. Rahiue comenzó a pedir a los dioses por el alma de los jóvenes mientras su cuerpo se iba transformando lentamente en árbol.
    El viento sopló con tanta furia que desvió el curso de los ríos. Cuando Limay y Neuquén se enteraron de la muerte de Rahiue se abrazaron fraternalmente. Así, unidos, lloraron a la indiecita, y sus caudalosos cuerpos formaron un río que también aún la llora: el "río Negro".

La leyenda del hornero
    Cuentan que en las tribus que habitaban a orillas del río Paraguay, cuando los muchachos llegaban a cierta edad debían pasar tres pruebas. La primera consistía en correr muy rápido, mucho más que el viento veloz.
    Para superar la segunda tenían que nadar de un lado al otro del río. Por último debían cumplir con un extraño ritual: quedarse acostados sin moverse, muy quietos, tan quietos que no podían ni siquiera pestañear, durante un largo tiempo. Todos los jóvenes de esa tribu se entrenaban con gran dedicación para poder pasar esa prueba. Aprobarla, significaba pasar a ser adultos.
    Una vez existió un joven llamado Jahé que sorprendió a todos con su destreza. Cuando le tocó realizar la primera prueba, muy pronto dejó atrás a los demás competidores. Cuando cruzó el río, mientras los otros luchaban para que la corriente no los llevara, él juntaba piedritas de colores que encontraba en el fondo. Cuando debió permanecer acostado, el se mantuvo tan quieto, que por más que saltaban, y hacían bromas a su alrededor, él permanecía inmóvil como una piedra. Así Jahé, pasó ha ser un adulto. Lo que nadie sabía era que mientras el joven corría, en las alas del viento escuchó la voz
de una mujer como el canto de un ave. Esa misma voz fue la que lo alentó mientras cruzaba el río Paraguay y la que le permitió concentrarse cuando debió permanecer quieto.
    Como era costumbre en esa época, el jefe de la tribu premió a Jahé concediéndole la mano de su hija. Jahé no podía aceptar ese ofrecimiento, pues la melodía que escuchó durante la prueba lo acompañaba día y noche. Jahé se había enamorado. El jefe de la tribu comenzaba ha impacientarse por la falta de decisión del joven.
    Una mañana el muchacho elevó sus brazos al cielo pidiendo a su amada que lo ayudara a decidir. Entonces volvió a escuchar su voz. Las manos de Jahé comenzaron a moverse al compás de una suave música, hasta que tomaron el movimiento de las alas de un pájaro. Los que observaban la escena vieron con asombro cómo el cuerpo del joven comenzaba a transformarse en un pájaro y se perdía volando en el aire. El ave era de color pardo y desapareció en los bosque que bordean el Paraguay. Buscó entre los árboles a su amada pero no la encontró. Construyó una casita de barro para resguardarse de los rayos, los vientos y las lluvias. Por fin una mañana la dulce cantora se posó en su nido y desde entonces es su compañera.

Leyenda guaraní

    Cuenta una leyenda guaraní que la luna bajó a pasear a la tierra. Fue una noche muy linda. Después de mucho caminar sintió hambre. Un labrador le dio tortillas de maíz. A la noche siguiente, desde el cielo,la luna miró dentro de la casa de su amigo.               Descubrió que allí no tenia nada para comer. Entonces pidió a las nubes que dejasen caer una lluvia especial. Al amanecer brotaron unos árboles desconocidos. La hija del labrador nunca murió.Ella es la dueña de la yerba-mate y se la ofrece a todos los hombres.

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Lucía Miranda

   Estábamos en la costa del río Paraná el 9 de junio de 1527. En la confluencia de ese río con el Carcarañá, el capitán Sebastián Gaboto funda la fortaleza llamada Sancti Spiritu. El entusiasmo de los soldados españoles que lo acompañan es inmediato. El lugar ofrece una vista fértil y alegre, los indios de la zona parecen amistosos y longevos: en su alegría los conquistadores dicen que los nativos llegan a vivir hasta los 200 años en esas tierras, y que ellos mismos han engordado desde que las pisaran.

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    La de Sancti Spiritu es la primera población española en el Río de la Plata y los augurios bajo los cuales queda fundada no pueden ser mejores.   
    Dos años después, en cierta oportunidad, Sebastián Gaboto debió abandonar la fortaleza porque lo reclamaban deberes en tierras de los guaraníes. A nadie le preocupó que los 77 españoles que quedaban en la ciudadela pasaran su tiempo jugando o conversando, ya que, como dijimos, los indios de la zona eran amistosos. Dos de ellos, los caciques y hermanos Mangoré y Siripo, solían contribuir con obsequios al fuerte. Así se ganaron el libre acceso a Sancti Spiritu. Mangoré no dejaba de hacer regalos sobre todo a una dama española llamada Lucía Miranda y esposa del soldado Sebastián de Hurtado. Ella era tan noble y amable que Mangoré terminó enamorandosé.
    Fue entonces cuando Mangoré planeó raptarla. Ni su hermano Siripo pudo disuadirlo. La ocasión se presento cuando una escuadra de españoles, entre los que iba Sebastián Hurtado, salió en busca de comida, dejando el fuerte casi sin hombres. Mangoré dejó unos 4000 indios apostados afuera y entró con otros treinta cargados de pescado, carne, miel y otras provisiones. No solo fue recibido como siempre, sino que le permitió dormir con los suyos en el fuerte aquella noche. Y cuando todo estuvo en silencio se lanzaron al ataque. Los españoles encontraron muerte inmediata, pero también la encontró el desgraciado Mangoré, entre otros indios de su partida.
    Lucía Miranda fue raptada de allí por Siripo, quien la llevó a su tribu. Poco después los indios apresaron también a Sebastián Hurtado, quien estaba tratando de recuperar a Lucía. Ambos prometieron a Siripo que jamás se volverían a hablar y que serían sus fieles esclavos. Pero, desde luego, esto fue para calmar la furia del cacique, que lo descubrió tratando de escapar. Sin embargo, desoyendo todo ruego, Lucía Miranda fue llevada a la hoguera, donde terminó sus días como mártir de la barbarie. En cuanto a Sebastián Hurtado, también fue muerto por los indios. Del cruel Siripo no se supo más. Este fue el trágico fin del esperanzado fuerte de Sancti Spiritu.

La leyenda del algarrobo
    Esto sucedió hace mucho tiempo, en la época que los españoles comenzaron la conquista de estas tierras de América.
    Un día, los indios Comechingones, muy asustados, vieron que unos hombres de piel blanca, cargados de armas, avanzaban sobre ellos. Venciendo su temor, los hombres del cacique Comechingón Ipachi Naguán lucharon contra los hombres blancos.
    La lucha fue larga, y el hambre y el cansancio fueron debilitando a los Comechingón.
    Ipachi Naguán, entonces, decidió guiar a su pueblo hacia un bosque de algarrobo y allí pidió a los dioses que protegieran a sus mujeres y niños.
    En un momento, todo pareció perdido, pero entonces sucedió lo inesperado.
    Las ramas de los algarrobos comenzaron a sacudirse y desde las alturas calló una lluvia de frutos que se abrieron y dejaron ver sus semillas.
    Esas algarrobas fueron el mejor alimento para los indígenas, que comieron hasta hartarse.
    Después se sintieron con más fuerzas, volvieron a la batalla y vencieron a los españoles.
    El fruto del algarrobo había salvado a los habitantes de esta tierra.

Leyenda guaraní: el hornero

wpe6.jpg (3493 bytes)     Un muchacho corrió y nadó como ninguno. Estuvo nueve días sin comer y si quejarse. Durante ese tiempo una mujer cantaba y lo ayudaba a aguantar. El cacique de su tribu decidió que debía casarse con su hija.

   El muchacho alzó vuelo y se fue a buscar a la mujer que cantaba. Todavía está buscando aquella voz. Esperándola construye una puerta de barro con la puerta abierta.