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UBICACIÓN   

   Habitaban la región que abarca las actuales provincias de Formosa, Chaco, este de Salta, norte de Santiago del Estero y norte de Santa Fe.
   Este pueblo lo formaban cuatro grupos más pequeños: los Tobas, a lo largo de los ríos Pilcomayo y Bermejo; los Pilagaes que vivían en el centro de la actual Formosa; los Mocovíes, ubicados en el norte de Santa Fe, noreste de Santiago del Estero y Chaco, territorio que compartieron con los Abipones.

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ASPECTO FÍSICO:

    Eran altos y de fuerte constitución física, con piernas robustas y  anchas espaldas. Excelentes cazadores y recolectores.

VIVIENDAS:

    Su vivienda, hecha con ramas, semiesférica y recubierta con pajas. Estas chozas medían alrededor de dos metros de altura y agrupadas formaban poblados. Cuando salían a hacer algún recorrido fabricaban pequeños toldos de esteras que servían de paravientos.

VESTIMENTA:

    En invierno cubrían su cuerpo con un gran manto de piel de nutria, el que por dentro contenía pinturas geométricas rojas. Cuando aprendieron la técnica del tejido, confeccionaron un manto similar al anterior pero de lana, el cual se ataba a la cintura con una faja también de lana. Calzaban una especie de mocasín. Vinchas, plumas, pulseras, aros y collares formaban parte de su atuendo.

USOS Y COSTUMBRES:

    Con fibras de caraguatá y lana de oveja realizaban excelentes tejidos en un simple telar vertical. La alfarería fue muy simple y estrictamente utilizada.
    También ahuecaban canoas con troncos de palo borracho y fabricaban bebidas con miel y semillas de algarrobo, que dejaban fermentar.

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     Sus principales armas de caza eran la macana (una gruesa masa de madera), arco, flecha, lanza y red.
    Los Guaycurúes no se destacaron por su agricultura sino porque fueron excelentes cazadores y recolectores.
    Los pueblos aborígenes del norte argentino recogían la fruta de la algarroba, el chañar, el mistol, el molle y la tusca, higo de tuna, ananás silvestres y porotos, como así también las raíces de totora.
    Cazaban el tapir y el pecarí (cerdo salvaje) venados y ñandúes.
   Para facilitar la pesca construían pequeños diques, en los que introducían redes y arpones. Ahumaban y secaban al sol, los pescados que no consumían en el momento.
    Las tareas eran distribuidas en grupos; las mujeres se ocupaban de la recolección de los frutos, que guardaban en bolsas de caraguatá o cuero de pecarí y de remover la tierra con palos de madera en busca de raíces.

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    Por su parte, los hombres, solos o en compañía salían a cazar, mimetizándose con su medio ambiente, cubriendo con hojas y plumas todo su cuerpo y así poder acercarse al animal para atraparlo o acorralándolo prendiendo fuego al terreno, al igual que algunas tribus africanas.

    La adopción del caballo modificó el curso del desarrollo de la cultura de estos pueblos y marcó un salto importante en sus pautas de conducta.

RELIGIÓN:

    Tenían brujos que actuaban de médicos. Eran monógamos (un solo casamiento con una cónyuge).
    Sostenían la creencia de un ser superior –el "Koyokoté" de los Pilagaes y el "Ayaic" de los Tobas-.

ORGANIZACIÓN SOCIAL

    El cargo de jefe de la tribu era hereditario y ejercía sus funciones ayudado por un Consejo de Ancianos que, podían llegar a destituirlo si consideraban que no había cumplido bien con su tarea.
    Este pueblo se opuso tenazmente al español, quienes iniciaron la penetración al Gran Chaco en la segunda mitad del siglo XVI. Casi cincuenta años después tuvieron que retirarse dado los ataques de los Guaycurúes.
    A mediados del siglo XVIII, llegaron los Padres Jesuitas y así fueron surgiendo las misiones de San Javier, Concepción, San Fernando, San Ignacio de Ledesma, San Juan de Nepomuceno, Rosario de Timbó y San Pedro. Tras la disolución de esta orden, la misión fue continuada por los Franciscanos.

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