LAS ESCUELAS RURALES

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Introducción

La escuela rural ha sido, desde los tiempos remotos, la primera institución que educó a una gran cantidad de personas y en muchos sistemas de enseñanza obligatoria del mundo tiene tanta importancia como la escuela de ciudades.
La escuela rural existe ahora y, sin dudas, seguirá manteniéndose por muchos años.
Sembrada en cualquier parte de la tierra amiga y generosa, está la escuela rural. Su horizonte es el añil del cielo convertido en esperanza, la vegetación derrocha su verdor, el ganado pasa, el olor a silencio lleno de matices...
Allí está el maestro, solo, con sus manos colmadas de sueños, vocación, fe... para enseñar a sus alumnos el maravilloso oficio de encontrarse a sí mismos.
La escuela rural es el centro alrededor del cual gira el desarrollo personal del niño en contacto inseparable con su comunidad.


La vida en la comunidad rural

La República Argentina posee una geografía muy extensa y es por ello que las áreas rurales son las que predominan dentro del ámbito territorial.
La electrificación del campo mejoró enormemente la explotación agropecuaria e incorporó confort a los hogares.
El hombre de campo ha de construirse sin perder de vista su significado social.
En el campo no hay cines, teatros, lugares de recreación, pocas veces televisión, la vida del campesino es rutinaria, lenta y sin distracciones. En muchos lugares, los medios de transporte y comunicación son muy escasos.
Los problemas de analfabetismo sitúan a las comunidades agropecuarias en desigualdad ante otras.


La Familia Rural

Se caracteriza por su unidad de vida y trabajo, es extensiva y patriarcal, con la convivencia de varias generaciones, tradicionalista y costumbrista, con una economía doméstica de "casi" autoabastecimiento.
A veces, la familia por razones de trabajo, efectúa una movilidad que se concreta según los tiempos de siembra o cosecha y según sus necesidades laborales. Esto constituye que se le denomine familia golondrina.


La Escuela Rural

La palabra Rural proviene del latín Ruralis que quiere decir campo.
La Escuela Rural se introduce en la comunidad rural del territorio, como una necesidad de brindarle escolaridad a los hijos de las familias campesinas, acercándole a través del aula, los conocimientos, la cultura, la historia, el progreso de la técnica y la ciencia que tanto necesitan los alumnos que viven en las zonas alejadas o apartadas de los centros culturales urbanos.
La Escuela Rural aparece como un pequeño faro luminoso del saber y de la cultura y muchas veces se encuentra enraizada en lugares inhóspitos, bravíos y desérticos de la geografía nacional.
La primera escuela agraria que se tenga noticia es la realizada por el Presidente Bernardino Rivadavia en 1823; "Escuela de Agricultura Práctica y Jardín de Aclimatación".

La Escuela Rural se divide en:

Muchas veces los propósitos pedagógicos en la Escuela Rural se desvirtúan por diversos factores:

 Las escuelas rurales se clasifican según su cantidad de docentes en:


 El Maestro rural

Es el guía y líder institucionalizado de la comunidad rural y principal artífice en el funcionamiento de la escuela. La soledad, el aislamiento, la carencia de medios y recursos, son algunas de las dificultades que a diario enfrentan los docentes rurales.
Por su naturaleza, la docencia trasciende la categoría laboral: es VOCACIÓN, ya que en muchos casos, la escuela primaria es la única "posibilidad educativa".


El alumno campesino

En general, vive en contacto permanente con la naturaleza, cuando llega a la escuela aporta el bagaje de ingenuidad y franqueza propios de la vida y el medio rural. Su vocabulario es algo pobre, no es buen conversador y emplea términos y expresiones típicas de la zona, posee sentimientos de arraigo por la familia, la naturaleza y la tierra. Como sus experiencias son del tipo práctico fácilmente se orienta en el espacio, interpreta fenómenos naturales y cambios meteorológicos.


Homenaje al Maestro Rural

"Maestra de campo" de Luis Landriscina.

Por la pereza del tiempo
el otoño estaba tibio,
ya que en el Chaco, el verano
es como dueño del sitio.
Y a veces demora en irse
sin importarle el destino.
Por eso es que aquella tarde
cuando bajó en la estación
del lerdo tren en que vino
su cuerpito era una brasa
por nuestro clima encendido.
Y se quedó en el andén
como asustada y con frío
por ser mucha juventud
pa´terreno tan arisco.
A más mujer, buenamoza
y en pago desconocido.
Y allí se quedó parada
en vago mirar perdido por,
por querer disimular
su temor a estar tan sola
y sin saber el camino.
Pero al momento nomás,
las toscas manos de un gringo,
callosas de tanto arar
y de pelearlo al destino
se acercaron bondadosas
y con ternura de niño
le dieron la bienvenida
en nombre de la escuelita
que hace mucho la esperaba
triste en el medio del monte
pa que alegrara a sus hijos.
Subieron al viejo carro
de aquel colono sufrido, y
y comenzaron a andar
entre una nube del polvo
por el reseco camino.
Cuando llegaron al rancho
la noche ya había encendido
sus farolitos del cielo
y el canto triste del grillo,
y fue por eso tal vez
que entre las cuatro paredes
de aquel su humilde cuartito
una angustiosa tristeza
entraba a clavar cuchillos
como queriendo matar
esa noble vocación
que en su pecho había nacido.
Pero llegó la mañana
y el sol con todo su brillo
desdibujó las tinieblas
que habían querido torcer
las huellas de su destino.
Y aunque llorando por dentro
masticando soledad
en aquel lejano sitio
puso firmeza en el paso
y fue a buscar el amor
de aquel puñado de niños
que hace mucho la esperaba
en la escuelita de campo
clavada en pampa del indio.
Y desde entonces su vida
se hizo horcón de guayacán
se hizo paredes de adobe
se hizo terrón para el quincho
y armó con todos sus años
aquel rancho para el alma
con un letrero invisible
que decía en letras de amor
"Aquí hay saber y cariño".
Y fueron 30 los años
y fueron muchos los niños
que luego se hicieron hombres
y mandaron a sus hijos.
Ella, ella no pudo tenerlos
porque la flor de su vida
se marchitó entre los montes
y nunca llegó el amor
a golpear en la ventana
de su rancho de cariño.
La escuela, la escuela
le había pedido
hasta ese sacrificio
que se quedase soltera
porque precisaba intacto
todo el amor que tuviera
para entregarlo a los chicos.
Y en eso, en eso de darlo todo,
un tibio día recibió
en una nota oficial
algo que la estremeció:
después de mucho esperar
el concejo le anunciaba
que había sido jubilada
en premio por su labor.
¿Era premio o era castigo?
Mil veces se preguntó.
No se vaya señorita,
quédese a vivir aquí,
si nosotros la queremos
por qué se tiene que ir.
Esas voces y unas manos
que se agitaban sin ruido
fueron únicos testigos
de aquella amarga partida.
Ella entraba en el olvido
allí dejaba sus años
allí dejaba su vida.
La polvareda del sulky
y manitos color tierra
fueron su único homenaje
en aquella despedida.
¡Adiós señorita Rosa!
¡Adiós maestra de campo!
En usted a todos les canto
los maestros de mi tierra
no sé si mi estrofa encierra
y expresa lo que yo siento,
pero tan solo pretendo
oponer a tanto olvido
mi simple agradecimiento,
ya que la Patria les debe
el más grande y merecido
de todos los monumentos.