| Hacia fines del siglo XVIII nace y empieza a
desarrollarse en el entonces territorio del Río de la
Plata un tipo de literatura de carácter popular, en un
comienzo anónima, cuya característica general consiste
en proyectar hacia el campo el ámbito rural del país,
las costumbres de los hombres de campo, sus personajes
típicos, todo ello a través de su tradición y su
vocabulario. Es lo que llamamos literatura gauchesca,
cuya difusión alcanza hasta el último tercio del siglo
XIX. Refleja actitudes derivadas de la educación
española, tales como el culto por las armas, la
habilidad del jinete, y el sentimiento implícito de la
libertad. Se ha insistido mucho en este último aspecto,
pues parece desprenderse del mismo tipo de vida
característico del gaucho, jinete solitario de las
llanuras desiertas que debió aprender a manejarse con la
independencia propia de un estilo de vida errabundo, en
un ámbito que, como el de la pampa, parecía ofrecerse
ante él como un horizonte sin límites ni ataduras. La historia parece haber tomado al gaucho en la epopeya contra los españoles, bajo caudillaje de Güemes; y así lo tomó la literatura a través de Lugones, por ejemplo, en La Guerra Gaucha. Pero en realidad el gaucho ha vinculado también su nombre con muchos episodios bélicos de nuestra independencia, y estuvo presente en las campañas de los caudillos montoneros, en las luchas por la organización nacional -sin excluir el período rosista, con sus Colorados del Monte- hasta Caseros, momento en que la campaña se empieza a poblar de extranjeros, de gringos, como los llamaba, y a los que ve como intrusos que se proponen desplazarlo. Aun dentro de la dinámica general de nuestra emancipación de España, la utilización de un lenguaje rústico, rural, fue en nuestra literatura un signo de independencia. El impulso de alejamiento de la tradición peninsular, de unificación con el propio suelo, de construir una nueva patria, contribuyó al desarrollo de esta literatura en formación. Fue así como, por conducto del romanticismo, los gauchescos aprovecharon el paisaje rural, las costumbres bien distintas de sus habitantes, tendiendo al olvido de lo ciudadano y tratando de captar lo popular, a veces con la colaboración de la música, tanto en el interior como en las zonas aledañas y provinciales. Esta literatura buscaba además conmover a un auditorio en su mayoría analfabeto, que se extasiaba con las noticias y sucesos relatados por los poemas y las letras de tono menor. El dialecto entraba con su facilidad porque era algo que no requería atención previa. Se interpretaba, y, más aún, se intuía lo que no estaba dicho de modo explícito. Y mientras en los núcleos ciudadanos este lenguaje sonaba con aspereza y chocaba contra las formas cultas, en el ambiente popular lograba una penetración creciente y un desarrollo cada vez más impregnado del consentimiento activo. Nada parecía ofrecer resistencia a este modo de expresión. El poema gauchesco llegaba al pueblo todo. Sus autores sabían que en los cielitos, en las payadas, en los trovos, se concentraba una corriente literaria.Habían comenzado por ofrecer piezas de toque político, y siguieron por ese rumbo. Y así ocurrió sucesivamente con Hidalgo, Ascasubi o José Hernández. Pero a esto deberá volverse en su oportunidad. Poesía gauchesca y poesía tradicional. No debe confundírse la poesía
gauchesca con la poesía tradicional, latente ya desde
los tiempos de la colonización. En esta última, nos
llegan enraizados los viejos romances de matones, las
rondas, las canciones, los villancicos y las coplas, los
temas con héroes legendarios y caballeros, reyes y
pastores, etc. Poesía tradicional que está fundamentada
en el anonimato, que refleja un arte impersonal, que
había sido recogida por los libros de cordel, los
florilegios, las hojas sueltas o la memoria de lectura y
la tradición oral. Estos elementos tradicionales se
contaminan en tierras de América, se reelaboran con
palabras, costumbres, accidentes, nombres, que le
imprimen cierto tono local, pero siempre bajo una raíz
histórica pura. Desarrollo de la poesía gauchesca La poesía denominada gauchesca,
género que surge en el ámbito rioplatense, ha quedado
como sello indiscutible dentro de la literatura
hispanoamericana. Ya desde su mismo nacimiento fue un
elemento de consulta y una manera de plática
confidencial entre la gente del pueblo. En esta
manifestación verbal se acentuaba el decir pícaro y lo
episódico, el suceso histórico -apenas interpretado en
el momento de circunstancia-, todo ello difundido
mediante el canto. Si bien los payadores habían
compenetrado sus composiciones improvisadas o recordadas
con el alma popular, el joven género gauchesco
experimentó nuevos cambios. |
| Autores de la L. Gauchesca | ||
| Hilario Ascasubi | José Hernández | Bartolomé Hidalgo |