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Biografía
Estrada es sin duda el más importante de
los ensayistas argentinos del siglo XX. Nació en San
José de la Esquina, pequeño pueblo de Santa Fe, en el
mes de setiembre de 1895; y murió en Bahía Blanca, en
noviembre de 1964. Hijo de padres humildísimos, fue un
verdadero autodidacto que, durante largas décadas,
trabajó en un puesto burocrático del Correo Central de
Buenos Aires. En 1924, cuando llevaba publicados varios
libros de poemas, fue nombrado profesor de literatura en
el Colegio Nacional de la Universidad de La Plata.
Enseñó allí hasta 1945, en que voluntariamente dejó
la enseñanza porque, en tiempos de Rosas,
"un cuerpo docente, de venerables académicos,
postrado ante un gángster llevado en andas por sus
congéneres, que predicaba a la juventud argentina el
deber presente y futuro de convertir al país en un
arsenal y en un burdel"( Las 40 ).
Entre 1950 y 1955 una cruel enfermedad desconocida lo
mantuvo postrado en camas de hospitales.
A fines de 1927 viajó a Europa con su mujer, Agustina, y
recorrió Italia, Francia y España. Desde 1933 a 1940
una crisis íntima le impidió escribir y se dedicó al
estudio del violín y el ajedrez, temas sobre los cuales
compuso más tarde sendos volúmenes inéditos. En 1959
viajó a México donde enseño un año y en 1960 a Cuba;
permaneció un año en la isla trabajando en su enorme
obra sobre Martí.
Un discurso pronunciado en esas islas del Caribe, con
motivos de los 18 años de la revista Cuadernos
Americanos, hizo que cayera sobre él la calumnia de
haber renunciado a su ciudadanía. Varios escritores
argentinos lo atacaron duramente y él se defendió
escribiendo en Marcha de Montevideo que "la libertad
para el pueblo de Cuba consiste en decidir su destino y
no en cambiar de amo" y que su patria no estaba
determinada por el Registro Civil. Además, declaró
públicamente que no aceptaba ninguna acusación de
comunismo porque "no quiero mancillarme admitiendo
la dictadura del proletariado ni la dictadura de ninguna
otra clase". Pocos meses antes de morir se definió
a sí mismo como "un cristiano fuera de la
Iglesia
esto es, un partidario de la libertad y la
dignidad humana".
Cuando murió, en una de esas tristes y lluviosas tardes
de Bahía Blanca, acompañaron su féretro treinta
personas.
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Obras
Toda la obra en prosa de Martínez Estrada refleja su
visión del mundo, contradictorio y pesimista, y está
signada por una preocupación constante en torno al
país. Cultivó todos los géneros, el teatro, el cuento,
la poesía, con éxito dispar. Pero sus libros
fundamentales son los que testimonian su actividad de
ensayista: Radiografía de la Pampa (1933), La cabeza de
Goliath (1940), Sarmiento (1946), Invariantes históricos
en el Facundo (1947), Muerte y transfiguración de
Martín Fierro (1948).
La magia de su estilo comunica al lector, un peculiar
estado de ánimo: la conciencia indignada de un moralista
descontento que enfrenta con tristeza y pesimismo una
realidad indomeñable, manejada por fuerzas que niegan la
justicia, la verdad, el amor, la belleza y la fe.
La Radiografía es una ácida exposición de los males
argentinos, de nuestras fallas éticas, de nuestra
pobreza espiritual, de la falsedad de nuestros valores y
de la absoluta carencia de autenticidad de nuestra vida
toda.
Podrá decirse, quizás, que intelectualmente fue un
anarquista deseoso de libertad total para el otro. Por
eso enfrentó y criticó con dureza el creciente poder
del Estado sobre el individuo, de los medios de
masificación sobre los ciudadanos, de la distorsión que
la técnica y los hombres han ejercido sobre medios
inicialmente creados para la dignificación, el
enriquecimiento espiritual y la liberación del hombre.
Por eso muchos males típicos de la civilización del
siglo XX creyó verlos encarnados solamente en la
Argentina, cuando correspondían en rigor a un proceso
mundial de empobrecimiento y dominación humanas.
Cuando las ilusiones y grandes frases envolvían aún la
vida argentina, Martínez Estrada se hace oír en 1933
para denunciar que había muchas cosas podridas en
Dinamarca, que el rico y creciente país de las vacas y
el trigo era una burocrática mentira. Hasta poseyó en
esos años, la calidad del profeta. Y en un momento en
que tratar con mesura y objetividad al peronismo era de
mal tono, Martínez Estrada estudió desde su visión
personal sus defectos y sus aspectos positivos con una
mesura que irritó tanto a un bando como a otro.
Su vida, tan activa y plena, es la de un escritor
valeroso que supo cumplir siempre con la dura y
responsable vocación de decir siempre lo que creyó
justo. Nadie, entre nosotros, a excepción de Sarmiento,
encarnó la acción a través de la palabra como este
hombre que en los últimos años, ya anciano, se
encontró solo y olvidado entre los suyos. Y era tan
joven a los sesenta años largos, que con su cuerpo
débil y enfermo hasta tuvo fuerzas y valor para irse a
Cuba, donde trabajó afiebradamente, con una alegría y
un entusiasmo increíblemente juveniles, en favor de
aquello que creyó justo y contra lo que juzgó mal y
perjudicial para su América latina.
Combatió todo aquello que, a su juicio, estuviera por
encima de la dignidad del hombre, de la justicia, de la
verdad y de la belleza.
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