La primera década del siglo veinte es testigo de los nuevos rumbos que ha tomado la poesía Argentina. Viven aún Guido y Spano, Rafael Obligado y Almafuerte; los dos primeros son poetas consagrados pero ya inactuales; el tercero, Almafuerte, se proyecta en influencias sobre Evaristo Carriego y lÓs primeros poetas de intención social. Lugones, con el triunfó indiscutible del modermismo, impone formas inéditas. Sin embargo, y paralelamente, las inquietudes políficas, las posiciones de protesta frente a la injusticia determinan actitudes de crítica que se traducen en poemas y revistas . Alberto Ghiraldo ( 1874-l946), cuyo libro Fibras de 1895 prologara Rubén Darío, funda en 1904 -año en que también publica Música prohibida- la revista Martín Fierro, combatiente y candorosamente anarquista. Un año después, José de Maturana (1884-1917) -que también es poeta y ha publicado ya tres libros: Cromos, Lucila, Poemas de color- funda, junto con Juan Más y Pi, Nuevos caminos. Se asiste al descubrimiento de otros universos poéticos que implican un acercamiento a la cotidianidad y una preocupación no esporádica por los problemas que la realidad del siglo plantea al grupo intelectual. Surgen así temas nuevos -que sólo Almafuerte había intuido- y, consecuentemente, una búsqueda de la expresión directa, como reacción, en parte, frente al modemismo encarnado en la figura avasalladora de Lugones. Todo esto implica, primero, la creación de la retórica del sencillismo, que Carriego ejemplifica; en segundo lugar, el comienzo de ciertas formas especiales de estructurar realidad y poesía, como en Ghiraldo, Maturana, Emesto Maño Barreda y Mario Bravo; y por último, a través de dos décadas, una decantación del modernismo que se transfigura en un lirismo renovado formalmente en poetas cpmo Pedro Miguel Obligado, Rafael Alberto Arrieta y Arturo Capdevila. 

La época

Ya Lugones, gran patriarca de la literatura argentina, tiránico y talentoso, había dado sus Montañas del oro, en 1897, y sus Crepúsculos del jardín, en 1905.
La presencia de Darío en Buenos Aires resultó definitoria y, aunque los últimos
románticos vivían aún, la vuelta del siglo está signada por la renovación modernista. Nuestro país se ponía al día en literatura: aunque hay en Lugones mucho de Víctor Hugo y de los pamasianos, escribe en 1909 Lunario sentimental, funambulesco, pariente directo de la poesía de Jules Laforgue o de los decadentes franceses. Coexistían con el modernismo de Lugones o Jairnes Freyn con la exquisitez europea y poco vigorosa de un Charles de Soussens, las tendencias que prolongaban ciertas características del romanticismo, que anunciaban el sencillismo de poetas posteriores, o que inauguraban la poesía de inspiración provinciana y regional. Carriego se incorpora a este panorama con su aporte fundamental: la poetización del barrio.

 

Autores del Postmodernismo
Baldomero Fernández Moreno Alfonsina Storni