Biografía

"La nueva generación, nacida después de 1896, rompió con ellos lo mismo que los otros". En esa generación intermedia, según la clara determinación que establece Pedro Henríquez Ureña en su estudio sobre Las corrientes literarias en la América hispánica, encontramos citada a Alfonsina Storni(1892-1938). Fue don Federico de Onís quien designó a este grupo, en su Antología de la poesía española e hispanoamericana (1882-I932) publicada en 1934, como posmodernistas, en relación con el movimiento literario anterior. El modernismo empieza a diluirse con la aparición de las voces de esta nueva generación que modifican el rubendarismo agonizante, agotado por el abuso de los símbolos parnasianos o imágenes simbolistas, y que había culminado en 1905 con Los crepúsculos del jardín de Lugones. Ya se ha visto que el mismo Lugones, con la publicación de su Lunario sentimental (1909), inició una nueva polémica frente a la critica, abriendo el camino hacia las posteriores escuelas de vanguardia al proponer "la conquista de una libertad". En el grupo intermedio de los posmodernistas resuenan las voces clásicas de mayor perfección y equilibrio. También, en contraposición con éstas, otras de matices subjetivos que contienen el empuje vital de una formación romántica. Entre las segundas, Alfonsina Storni puede ejemplificar bien esta dualidad. Publica sus libros entre I9I6 y 1938, y cumple una trayectoria que va desde el ingenuo romanticismo hasta las puertas del surrealismo, al que intentó penetrar con el juego barroco de su lirismo hermético y con la fuerza de los "anti-sonetos" de los últimos años de su vida.
La primera ‚época. - Lecturas de Echeverría, Campoamor, Andrade, Amado Nervo y Rubén Darío, habían iniciado desordenadamente la formación estudiantil de la inquieta y vivaz inteligencia de Alfonsina Storni, cuya avidez no se detenía, en su primera ‚época, en la obra creada por los demás, sino que se extendía a la que producía a diario ella misma con una espontaneidad que, utilizando una de sus imágenes predilectas, podría compararse con la floración apresurada del rosal. El rosal no es adulto y su vida impaciente, / se consume al dar flores precipitadamente, dice en su primer libro, La inquietud del rosal (I9I6). Pero pocos años después, en la poesía titulada "Frente al mar" (Irremediablemente, I9I9), hace otra revelación de sí misma, comparándose con la flor prestigiosa de los románticos: Ya me fatiga esta misión de rosa. El período abarca los tres primeros libros (El dulce daño, I9I8, es el segundo), donde la influencia de los románticos en el subjetivismo personal se hace evidente, aun cuando el modernismo la incita a buscar otras sonorizadas formales en su lenguaje poético, y, lo que es más importante, un sentido pagano de la vida que se advierte en el aspecto luminoso (y primaveral) de su actitud frente a la vida y al amor. Ya Delmira Agustini (1886-I9I4) había derribado en el Uruguay el prejuicio de los rubores femeninos, y a través de la escenografía romántica habíase internado con sus visiones eróticas tomadas del decadentismo de fin de siglo, en Los cálices vacíos (1913), surgidos, según la autora, en un 'bello momento hiperestésico..." Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou (1895), esta última también uruguaya, habrían de acercarse momentáneamente en esta primera parte de su obra, creando ambas la imagen de "una desnuda virginidad, de gracia silvestre", en las confidencias amatorias, aunque sin esa predilección por lo trágico que era típica de Delmira Agustini. Si ésta se inclinaba hacia la oscuridad tenebrosa del Eros dramatizado, aquéllas se abrían hacia la luz del amor armonioso y primaveral. La aguda sensibilidad de la mujer empieza a expresarse sin recato en una inestabilidad que desborda a la autora de La inquietud del rosal: Mis nervios están locos, en las venas / la sangre hierve, líquido de fuego / falta a mis labios donde finge luego /la alegría de todas las verbenas. Uno de los rasgos más importantes que ambas heredan del romanticismo es la aparición de la mujer como testigo y personaje principal de las confidencias sentimentales, según los modos propuestos en el siglo XIX. Los desbordamientos íntimos, de acuerdo con esos cánones, no eran parte de un exhibicionismo grosero sino la participación afectiva del lector en la obra. Víctor Hugo había proclamado en el prefacio de Contemplaciones: "Cuando os hablo de m¡, os hablo de vosotros".

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"La inquietud del rosal". Con un prólogo de Juan Julián Lastra y unas palabras firmadas por la poetisa aparece en 1916 el primer libro de versos de Alfonsina Storni. Estas son las palabras de la autora de veinticuatro años que había escrito versos desde niña, con una espontaneidad que, empero, no había madurado con la precocidad de la uruguaya Delmira Agustini: "Hace aproximadamente un año Juan Julián Lastra me instó para que publicase este libro. Fue entonces que me escribió espontáneamente y de una plumada el juicio del que me he permitido hacer prólogo sin consultarlo al respecto. Algunos versos que no conoce están aquí, otros que conocía no los he incluido. Y aún cuando esto significa un desorden, que Lastra ha de perdonarme, me place ponerme de este modo al alcance de las tijeritas de oro. Quién desconoce el milagro de que es capaz el poeta?. . Cada gota de sangre puede ser un, rubí. . . " Por primera vez publica sus poesías en un volumen y al mismo tiempo se muestra precavida contra la crítica y la opinión ajena ("tijeritas de oro"), lo cual denota una severa conciencia que iría limando con los años y la experiencia del mundo y las nuevas lecturas. Esa autocrítica fue puesta en evidencia en toda su lucidez en el prólogo de la antología de su obra que publicó en 1938, en la cual eliminó todas las paginas de La inquietud del rosal. En ese prólogo renegó públicamente de este "primer modo, sobrecargado de mieles románticas dando el término justo de los balbuceos juveniles que envejecieron rápidamente ante el alud de nuevos versos que compiló en las colecciones inmediatas de 1918, 1919 y 1920. Se veía por las palabras finales ya transcriptas, que Alfonsina Storni no había concebido este primer libro como un todo ordenado, sino como una mina de "versos", como dice ella refiriéndose a las poesías, seleccionadas por ella en varios tiempos. La eliminación que la autora reflexiva y madura de la antología hiciera de las poesías de este libro juvenil hizo que poco a poco fueran casi borradas de su obra total. A pesar de esta autocondena, puede decirse que su primer libro tiene vigencia todavía.
"EJ dulce daño". - La voluntad de forma, el sentido estructural del vo1umen, la selección más rigurosa y la unidad de sus partes, dicen a las claras que el segundo libro de Alfonsina Storni se aleja del desorden y la improvisación del primero, superándolo como algo más compacto y valedero. Ciertos versos de arte menor, desdeñables muestras de una espontaneidad seudorromántica que empañaban las páginas de La inquietud del rosal, ya no aparecen en El dulce daño, dividido en tres partes: Ligeras, dedicada al Dr. Joaquín V. González; Los fuertes motivos, dedicada a Juana de Ibarbourou, y una última titulada Hielo.
Tres poesías de resonancia memorable en el gusto popular, verdadero triunfo de todas las recitadoras posibles, señalan el éxito que acompañó a la aparición del libro que incluía "Sábado"; "Capricho" "Tú me quieres blanca",
El dulce daño, a pesar de la arrogante rebeldía y enfrentamiento de "Tu me quieres blanca", "Que diría" o el más doloroso "Oveja descarriada", tiene, en general, en la proliferación de los símbolos de la naturaleza triunfante, en los vocablos de claridad y goce, el tono de un juego trascendente, rico en sensaciones visuales, olfativas, táctiles, que caracteriza la nueva visión feliz de los animistas y vitalistas recreados por Rubén Darío. El lirismo de un Silvano ávido de miradas amorosas, tan característico de los Poemas antiguos de Leconte de Lisle, las fiestas paganas de Catulle Mendes, las bacantes de la antigüedad de pies desnudos y danzando como en las poesías de Jean Lorrain (La blonda Selene sin túnicas y sin velos / preside el coro nocturno y soñador de las estrellas / conduciendo la danza alada en el cielo abierto.), los triunfos de Venus de flanville, impregnan con los símbolos del modernismo, de una "gracia silvestre", a las poesías de Alfonsina Storni. Esos símbolos giran aquí alrededor de una sola y repetida fuente de alegría y vida:
La Primavera. Panales, Miel, Mariposas, Rosas, Madreselvas, Selvas Olorosas, Camoatí, Risas, Jardines, Plantas, Diamelas, Garzas, Casas, Salto, Corazón, son todos símbolos de significación doble que apuntan a las cosas de la naturaleza y por otro lado, a estados de ánimo de la mujer.

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