Biografía

José Mármol nació en la ciudad de Buenos Aires en 1818. Aunque hizo estudios de derecho en esta ciudad, no los terminó; llevado, sin duda, por el entusiasmo con que se dedicó a la política y los azares a que ésta sometió su vida. En 1839, cuando apenas comenzaba a actuar en la vida pública, aunque ya había logrado notoriedad' * fué detenido durante seis días con incomunicación y engrillado. Un año y medio más tarde, no hallando segura su vida, Mármol se expatriaba a bordo de una goleta francesa que lo llevó a Montevideo. Allí trabó íntima relación con todos los proscriptos, apenas llegado. Juan Bautista Alberdi, Florencio Varela, Esteban Echeverría, Juan María Gutiérrez, Miguel Cané, lo acogieron con simpatía. Tres años duró aquel período José Mármol de su vida en el Uruguay. Se vio obligado a interrumpirlo, huyendo del peligro que para él significaba el sitio de Montevideo por tropas de Oribe, amigo de Rosas. Dirigióse a Río de Janeiro. Residió en la capital carioca hasta febrero de 1843, fecha en que salió a bordo de la Rumania, rumbo a Chile. Pero no pudo llegar a su destino por impedírselo las tempestades, que casi hacen zozobrar la embarcación. Después de dos meses de luchar con las olas, arribó de nuevo a Río de Janeiro. En esa ciudad estuvo hasta 1845, en que regresó a Montevideo, de donde volvió a Buenos Aires a la caída de Rosas. Durante trece años había vivido fuera de la patria. Ésta lo eligió, primero, senador en la provincia de Buenos Aires, y luego diputado nacional. El cargo de ministro plenipotenciario, que no pudo desempeñar en Chile por la ruptura de Urquiza, que lo había nombrado, con Buenos Aires, lo desempeñó más tarde en el Brasil. Fue, a partir de 1868, director de la Biblioteca Nacional, hasta que, afectado de un grave mal a la vista, se retiró de toda actividad. Murió en 1871. Una vida tan accidentada como la de Mármol no pudo menos de influir en la obra literaria que realizó, sobre todo dado su temperamento y género de inspiración, que lo alistaban entre los románticos. Descolló sobre los poetas de su tendencia, significándose como el de más fuerza expresiva y cuerda más variada. Su misma vida le dió los temas y vivió tan intensamente, que sus obras desbordan apasionamiento. Donde éste alcanza expresiones más violentas es en los trabajos periodísticos, que realizó activamente durante todo el tiempo de la expatriación; fundó en Montevideo tres periódicos; el más importante, La Semana- y colaboró en muchos otros. Alcanzó en todos brillante notoriedad, no tanto por la norma, siempre descuidada, ni por la variedad de las ideas, repetidas con monotonía, sino por la virulencia y la constancia con que atacó a Rosas y sus amigos, de cuya política se convirtió más tarde en acusador máximo. Al lado de su labor de publicista político está la de poeta lírico, dramático y novelista, realizada también durante su ausencia de la patria. En Montevideo publicó (1847) seis cantos del poema El Peregrino, que debió tener doce, compuestos al compás de sus andanzas y, aunque inspirados por el Childe Harold, de Byron, completamente autobiográficos y llenos de episodios auténticos, como el de la tormenta en alta mar, que Mármol sufrió a bordo de la Rumania. Explayó en este poema sus condiciones de pintor y sus sentimientos amorosos. Hállanse, sin embargo, estrofas llenas de colorido y pasajes amatorios plenos de delicadeza al lado de pasajes desordenados e irregulares, carentes de belleza, e imprecaciones políticas nunca ausentes en la obra de Mármol, cualquiera sea su género. Las composiciones líricas, íntimas, producto de su reacción ante la naturaleza y los sentimientos humanos, agrupándolas en Armonías (1851), también publicadas en la capital uruguaya. Ellas lo señalan como poeta nato por su musicalidad y facilidad. En 1844 había dado a las prensas la primera parte de Amalia cuya segunda parte apareció años después en Buenos Aires, novela de costumbres, de la cual se habla en otro lugar, y autobiográfica, que ha hecho popularísimo junto con sus alejandrinos de la famosa maldición "A Rosas, el 25 de Mayo de 1843"- el nombre de Mármol. Publica, además, en 1851 El Cruzado, drama que en unión de El Poeta, estrenado en 1847, constituye su producción del género, y con la que contribuyó a dar continuidad al teatro argentino. Ni su citada novela ni estas dos obras se apartan de la desigualdad que es característica en Mármol. Junto a excelentes páginas se encuentran otras insignificantes. Las influencias que se descubren en Mármol son, además de Byron, ya citado, Chateaubriand, Espronceda y Zorrilla. El primero, al explayarse en magníficas descripciones de la naturaleza americana, señaló a los poetas de este lado del Atlántico un inexplorado camino que muchos emprendieron, Mármol entre ellos. Los dos vates españoles, por su verbalismo, frondosidad e imaginación, tenían identidad de condiciones con el autor de El Peregrino, y como soles mayores necesariamente debían atraerlo.

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AMALIA 

En Amalia, compuesta por José Mármol durante su exilio en Montevideo el autor se propuso narrar la situación política que se vivía en Buenos Aires en 1840, ' describir en ironía retrospectiva personajes que viven en la actualidad". Efectivamente uno de los logros fue el relato y la ilusión creada en el lector contemporáneo de que no leía sucesos presentes sino más lejanos en el tiempo. Por esta razón todavía se discute si Amalia es una novela histórica o política.  

ESTRUCTURA EXTERNA Y CONTENIDO

La novela está dividida en cinco panes y consta de setenta y siete capítulos. El hilo conductor del relato son las peripecias airosas de Amalia y Eduardo Belgrano. Eduardo es herido al intentar huir de Buenos Aires para incorporarse a los rebeldes que combaten contra Rosas. Su amigo Daniel Bello lo salva y le ofrece refugio en la casa de su prima, una joven viuda llamada Amalia. Los dos primos fingen ser partidarios de Rosas para poder luchar en su contra y salvar a Eduardo. Amalia y Eduardo se casan en la víspera de una proyectada huida pero mueren a manos de la Mazorca.  

EL MARCO HISTÓRICO 

El trasfondo histórico de estos amores es la situación política del país en 1845, llamado año del teatro. Éste fue el año de la frustrada campaña de Lavalle para derrocar a Rosas y de la represión ejecutada a través de la Mazorca. Lavalle no aparece como personaje pero las vicisitudes de su marcha hacia Buenos Aires y de su posterior huida determinan los acontecimientos más importantes del relato. En algunos pasajes el narrador se dirige a él para reprocharle su retirada.

LOS PERSONAJES 

Los personajes históricos se conectan con los personajes puramente ficcionales. Entre los primeros que se incorporan a la novela con sus nombres y apellidos se destacan los retratos de Rosas (descripto como la causa de todos los males vividos por los protagonistas), María Josefa Ezcurra (cuñada y aliada incondicional de Rosas) y Manuelita Rosas. Entre los personajes de ficción sobresalen Amalia Daniel Eduardo y Florencia. Según la caracterización típica del folletín unos y otros están agrupados a partir de un eje de oposiciones que los separa en buenos o víctimas y malos o victimarios. Siguiendo las pautas de la estética romántica al lado de los personajes trágicos surgen otros que se relacionan con episodios cómicos o grotescos.

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