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Biografría
Baldomero Eugenio Otto Fernández Moreno, primero de
cinco hermanos, nace en Buenos Aires el 15 de noviembre
de 1886, "en la holgura y la abundancia", en
una amplia casa de la calle México. Sus padres,
Baldomero Fernández y Amelia Moreno, comerciantes
españoles, castellanos, gozan de una posición
económica muy sólida, la que, sin embargo, se irá
deteriorando paulatinamente, hasta alcanzar la ruina
total. Es por este motivo que la infancia de Baldomero en
la casa de la calle México 671 dura sólo tres años, ya
que su padre debe rematarla, contrariando así los
"deseos de eternidad" que lo habían llevado a
construirla.
Poco después, la familia realiza un breve viaje a
Europa. Tras permanecer en Buenos Aires cerca de tres
años más, y contando Baldomero seis, la familia se
dirige a España, esta vez con la intención de un
arraigo definitivo. Así, en1892, llega Fernández Moreno
a Bárcena, la aldea paterna santanderina, enclavada en
la montaña y de cara al mar. Pasa allí los años
decisivos de la infancia, que habrían de dejar una
impronta indeleble en su obra, y que evocará más tarde
en La patria desconocida y en Aldea española. La
prosperidad económica y la sencillez aldeana permiten a
Baldomero acceder a una infancia venturosa.
Bien pronto comienzan para él los años de escuela. La
escuela aldeana, a cargo de un solo maestro, ofrece una
enseñanza rudimentaria, en la que se alterna la
gramática con la historia sagrada y las matemáticas
elementales. Núcleo fundamental de la aldea santanderina
es la vieja iglesia románica, a la cual los Fernández
concurren con asiduidad. Estas tempranas experiencias -
las costumbres sencillas de la aldea, los juegos con los
otros niños del lugar, los paseos a los pueblos
lindantes y al mar fecundan para siempre al futuro poeta.
En el verano de 1897, Baldomero Fernández, tentado una
vez más por la ambición de nuevas riquezas, regresa a
la Argentina. Pronto llega el momento de cursar el
bachillerato, y Baldomero ingresa al Instituto del
Cardenal Cisneros.
En Buenos Aires, el nuevo alumno del Liceo Ibérico
Platense se destaca por su conducta y aplicación, no
obstante sorprenderle el rigor que allí se imprime a los
estudios, bien lejos de la indulgencia de los años
madrileños.
En este establecimiento de enseñanza comienza a
descubrir a los poetas argentinos y americanos, y
también a los españoles: Echeverría,
Obligado,
Núñez de Arce, Campoamor. Al mismo tiempo, se despierta
en él una verdadera fiebre de lecturas, pero sin
demasiado espíritu selectivo, pues lo que cae en sus
manos en el hogar de comerciantes españoles importa una
verdadera miscelánea.
Las constantes vicisitudes económicas de Baldomero
Fernández tienen un vuelco favorable, y en 1902 la
familia se traslada a una quinta del barrio de Almagro,
que en algo les recuerda la magnífica casa de Bárcena.
Pero esta prosperidad no dura mucho, ya que nuevas
desdichas económicas obligan a Baldomero Fernández a
realizar un viaje por Europa, verdadero comienzo del
derrumbe económico de su casa. El joven concluye, en el
viejo Nacional Central de su Elegía, sus estudios de
bachiller.
Los próximos pasos de Baldomero consisten en el ingreso
a la Facultad de Medicina, vocación que el niño había
antepuesto siempre a la de comerciante que le señalaban
sus padres. Entretanto, la ruina económica de la familia
se ha acelerado, multiplicándose en los últimos tiempos
las consabidas mudanzas; por último, han debido
refugiarse en una vieja y alejada casa de Floresta.
Durante estos años de soledad y de sacrificio, años de
estudios intensos y, sobre todo, de lecturas constantes,
se van delineando poco a poco las preferencias literarias
del joven: primero, los "parnasos americanos,
apeñuscados y pintorescos", son desplazados por las
Rimas de Bécquer; luego vendrán Lugones,
Darío y los hermanos Machado, en particular Antonio;
más adelante, Baudelaire y Verlaine.
En 1912, tocan a su término estos años de estudio y de
prácticas en el Hospital Español. El flamante médico
recibe su diploma. Tiene veinticinco años, y mientras
sus compañeros de Facultad han marcado ya el rumbo que
han de seguir, él, indeciso, y además escindido por las
contradicciones surgidas de su doble vocación, acepta
visitar Chascomús a instancias de un amigo. No sin
cierta indiferencia, decide quedarse, y muy pronto
instala allí su consultorio. Son casi dos años de
prueba en el pueblo bonaerense, donde el joven médico
alterna el ejercicio de su profesión con el ejercicio de
la poesía, en la que ya se empieza a escuchar su propia
voz, despojada del tono imitativo de sus versos de
adolescencia. Los pacientes son pocos y la vida
pueblerina no ofrece mayores atractivos. Es necesario
pasar el tiempo de alguna manera, y las veladas de
póquer y truco en el Club Social o en el de Regatas son
citas obligadas. El médico deja entonces Chascomús y,
tras explorar algunos pueblos pampeanos, se instala a
principios de 1914, en Catriló, localidad situada en
medio de la pampa y la soledad.
En 1915, a instancias de los amigos, publica su primer
libro de poesías: Los iniciales del misal.
El éxito de su primer libro, el entusiasmo y el desorden
de la vida y de las amistades literarias, el café y la
calle, imposibilitan casi totalmente su labor de médico,
y ésta va cayendo en un abandono cada vez mayor.
En 1918, publica Por el amor y por ella, y al año
siguiente, el 22 de enero, se casa con la inspiradora de
estos poemas, Dalrnira del Carmen López Osornio a quien
conoció en Chascomús. El matrimonio se instala en
Huanguelén, naciente pueblito del sur de la provincia de
Buenos Aires, donde reside. Allí escribe El hogar en el
campo, reflejo del primer año de casado, que se publica
recién en 1923.
Durante casi todo el año 1920, reside nuevamente en
Buenos Aires, para volver luego a Chascomús, donde
permanece hasta 1924: son los últimos años de su
ejercicio de la medicina. En efecto, la escisión surgida
de las contradicciones que le plantean sus dos vocaciones
paralelas, la de médico y la de poeta. La crisis se
resuelve con el abandono definitivo de la medicina, y
ésta es reemplazada por el ejercicio del profesorado
secundario: instalado definitivamente en Buenos Aires,
donde residirá hasta su muerte, el poeta se muestra
categórico en su decisión: aceptará unas cátedras,
pero además serán de literatura e historia.
Al volver a Buenos Aires, el poeta retoma las caminatas
interminables por la ciudad, allí suele encontrarse con
algunas de las figuras más relevantes del mundo
literario porteño: Alfonsina
Storni, Enrique Méndez Calzada, Nicolás
Coronado. De esos años data una amistad entrañable, que
conservará hasta su muerte: la del uruguayo Enrique
Amorim.
En 1919, había nacido su hijo César. Este
acontecimiento llena al poeta de profunda felicidad. Más
tarde, serán Dalmira, Ariel, Manrique y Clara, quienes
harán que El hijo, publicado en 1926, se trasforme en
Los hijos. Su mujer, los niños, la vida familiar, la
tranquila felicidad doméstica, serán una constante en
su poesía. La publicación de Versos de Negrita data de
1920. A esta altura de su producción, la base temática
de su poesía ya está claramente delimitada, y será, a
la larga, la de su Obra Ordenada: ciudad, pueblo, campo,
amor, hogar. En 1921 y 1922 publica sus dos primeros
libros de tipo acumulativo, es decir, colecciones
escritas en un lapso determinado, que enriquecen los
temas anteriores, pero no inauguran otros nuevos: ellos
son Nuevos poemas y Mil novecientos veintidós.
Aldea española, escrita entre 1923 y 1924, recuerdo
emocionado de los años de infancia en Bárcena, se
publica en 1925. Esta rememoración lírica consagra
definitivamente al poeta, y el reconocimiento oficial le
otorga al año siguiente -1926- el Primer Premio
Municipal de Poesía. Es éste también el año de la
publicación de su libro El hijo. La mayoría de las
composiciones que lo integran datan de los años de
Chascomús, 1920-24.
La etapa -de formalismo poético que Fernández Moreno ha
comenzado a practicar en Aldea española, se continúa en
Décimas y Poesía (ambos de 1928) Sonetos (1929),
Romances (1936) y Seguidillas (1936). En 1925 se funda la
Sociedad de Escritores, núcleo generador de la actual
SADE; y toca a Baldomero Fernández Moreno presidir su
comisión directiva.
En 1937, un hecho sume al poeta en un profundo estado
depresivo, provocándole un "descenso del nivel
vital", que se prolonga hasta fines de 1939. Este
hecho es la muerte de su hijo Ariel, de diez años de
edad. Durante ese lapso, la cosmovisión del poeta se
ensombrece, se vuelve oscura y desesperada. Esta visión
cobra forma en una serie de breves poemas agrupados, que
llevan el nombre de Penumbra, y que en conjunto sólo se
publican en 1951, después de su muerte.
Sus obras Dos poemas y Romances y Seguidillas, ambas de
1936, resultan acreedoras al Primer Premio Nacional de
Poesía correspondiente al período 1933-37.
El poeta adquiere una casa en Flores, instalándose en
ella en 1938. La vida en este antiguo barrio de Buenos
Aires, donde había pasado años de su juventud, y donde
permanece hasta su muerte, da lugar a una serie de
poemas. Al cumplirse los veinticinco años de la
publicación de su primer libro, Las iniciales del misal,
la SADE le dedica un estruendoso homenaje en el Teatro
del Pueblo, que alcanza gran repercusión pública. 1943
marca la fecha de publicación de San José de Flores y
La patria desconocida; primera parte de su
autobiografía. pero a partir del año siguiente, el
poeta cae en un nuevo estado depresivo, de
características semejantes a las del anterior, y del que
se irá recuperando muy lentamente.
En 1945 nace su primera nieta: comienza entonces a
escribir los poemas que integrarán el Libro de Marcela,
que se publica en 1951, en un solo volumen, con Penumbra.
Los seis últimos años de su vida transcurren en dura
lucha con su insomnio y su equilibrio nervioso.
"Todo me hace mal, lo exterior y lo interior. No sé
nada de mí." "Es media tarde; y ya empiezo a
temblar; la ansiedad viene con la noche".
En 1949, el poeta publica Parva, y al año siguiente, el
13 de junio de 1950, recibe una nueva consagración
oficial: la Sociedad Argentina de Escritores le otorga el
Gran Premio de Honor por este último libro, premio que
encierra un reconocimiento a toda su obra.
Pocos días después, el 7 de julio, muere súbitamente,
de un derrame cerebral.
Años atrás, había entregado a su hijo César una serie
de disposiciones que, en caso de muerte, éste debía
cumplir: "No se permitirá absolutamente a nadie, ni
al pariente más cercano, la entrada a mi casa." Y
mi deseo es que en un taxi cualquiera me acompañe hasta
donde sea mi hijo César, absolutamente solo". Sin
embargo, se lo vela en la Casa del Escritor. En tal
sentido, aclara César Fernández Moreno: "No
cumplí estas instrucciones: las consideré revocadas por
los años de plenitud que él alcanzó a vivir entre 1940
y 1944. Habían pasado doce años, ahora era otra
muerte." Y más adelante: "Pero no pude hacerme
dueño único de su muerte: me pareció que pertenecía a
todos, como su vida. ¿No lo había dicho él mismo?.
Obtuvo entre otras merecidas recompensas, el Primer
Premio Nacional de Literatura, y fue objeto, al cumplir
sus bodas de plata con la poesía, en 1940, de un gran
homenaje en el Teatro del Pueblo.
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Obras
Los libros de Fernández Moreno recogen todo un
universo poético (la ciudad, el campo, la aldea
española, la novia, el hijo, etc.), simple, evocado en
imágenes directas, a veces desconcertantes por lo
triviales, en el cual se funde su propia alma de poeta.
"Fernández Moreno- dice Enrique Méndez Calzada es
un delicado temperamento sensitivo. No es más que eso y
es todo eso.
Es la suya un alma vibrátil, toda retina, toda tímpano,
en la que hallan repercusión inmediata y profunda las
cosas del mundo exterior. Una sensibilidad como esa, una
sensibilidad siempre tensa, acaso hiperestésica, tal vez
enfermiza - no hay en efecto, enfermedad más dolorosa
que la de sentir y comprender demasiado -, vale por todos
los tratados de estética y por todos los textos del arte
retórico".
Sus Principales Obras son: Las iniciales Misal (1915),
Intermedio provinciano (1916), Ciudad (191?), Por e1 amor
y par ella (1918), Campo argentino (1919), Versos de
Negrita (1920), Nuevos poemas (1921), Cantos de amor, de
luz, de agua (1922), El Hogar en e1 campo (1923), Aldea
española (1925), El Hijo (1926), Poesía (1928),
Décimas (1928), Último cofre de Negrita (1929), Sonetos
(1929), Córdoba y sus sierras, Mar del Plata, Montevideo
(1931), Dos Poemas (1935), Romance y seguidillas (1936).
Reunió lo mejor de su producción en Antología poética
(1941).
Sus obras en prosa: La mariposa y la viga (1947) y La
patria desconocida, hacen de él uno de los mejores
prosistas de nuestro tiempo.
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