Biografía

Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires en 1914 y desde sus primeros años alternó la vida de campo con la de ciudad. Hijo de una familia de grandes terratenientes bonaerenses, heredó de su padre, además de la estancia que administra desde 1935 en Pardo (provincia de Buenos Aires), su nombre y su pasión por la literatura. Bioy Casares ha rescatado de ambos progenitores, sobre todo su formación cultural francesa "que por esa‚ época era común en nuestro país". Desde muy joven comienza a escribir ficciones de temas fantásticos y policiales. Estimulado por su padre publica sus primeros libros en plena adolescencia: Vanidad (1928) y Prólogo (1929). Este interés por ambos géneros, según su propio testimonio, le viene desde su niñez, cuando leyó por primera vez a Conan Doyle el cuento infantil Pinocho. Del primero le atrajeron, obviamente, las histórias de enigma y del segundo la extraordinaria "idea de un muñeco con vida propia". Existen, asimismo, dos anécdotas de su infancia que Bioy ha destacado en distintas ocasiones, como un intento de rastrear en su personalidad algunos de los motivos que lo inclinaron por las ficciones donde los planos de lo onírico y la realidad suelen confundirse. Años después se inicia en la lectura de los clásicos españoles y estudia Derecho y Filosofía y Letras sin concluir ninguna de las dos carreras. Publica en 1933 otro libro de cuentos, 17 disparos contra lo por venir, con el seudónimo de Martin Sacastrú. Hacia 1932 conoce a Jorge Luis Borges con quien inicia una entrañable amistad intelectual. Borges era ya por ese entonces un escritor con ganado prestigio en el ambiente literario de la época por su experiencia martinfierrista y ejercía cierto liderazgo intelectual entre los colaboradores de Sur. A partir de ese momento, Bioy comienza a escribir con Borges y altema sus lecturas de Cervantes, Calderón, Quevedo, Lope o Tirso con las de Johnson, Gibbon, de Quincey, Butler, Stevenson, Xipling, Wells, Conrad, Ega de Queiroz, Hawthorne, James, Kafka y muchos otros. Reaviva, además, su interés por la literatura argentina, especialmente la gauchesca y las obras de Sarmiento y, entre sus contemporáneos, sigue con atención a Silvina Ocampo, Peyrou y Borges. Además de los mencionados publica Caos (1934), La nueva tormenta o la vida múltiple de Juan Rufino, novela (1935) y La estatua casera, cuentos y poemas (1936), es posible considerar su obra narrativa a partir de una de sus mejores novelas La invención de Morel, que publica en 1940 y con la que obtiene, al año siguiente, el primer premio municipal. Esta obra es traducida al poco tiempo al francés y al italiano, y despierta el interés de importantes escritores europeos como Bobbe y Grillet. Durante esa misma década aparecen algunos de los textos más significativos de Bioy Casares: la novela Plan de evasión (1945), los relatos La trama celeste (1944) y El perjurio de la nieve (1945). Publica; además, una novela policial escrita con Silvina Ocampo, Los que aman odian (1946) y las ficciones paródicas satiricas que junto con Borges firman con los seudónimos de H. Bustos Domecq (Seis problemas para don Isidro Parodi, 1942 y Dos fantasías memorables, 1946) y B. Suárez Lynch (Un modelo para la muerte, 1946). Sobre estos últimos relatos, Bioy Casares ha explicado que surgieron como una intención seria de escribir cuentos policiales para La Nación, pero que en el proceso de su escritura fue descubriendo las posibilidades de desarrollar el humor y jugar con las claves de la narrativa policial y cierta retórica literaria de la época. Por esos años comienza a dirigir, también, la prestigiosa colección de novelas policiales El Séptimo Círculo. En 1954 con El sueño de los héroes, sin apartarse de lo fantástico, Bioy Casares abandona los escenarios remotos de sus novelas anteriores y erige su historia en el ámbito de Buenos Aires. Inicia así -aunque ya en "El perjurio de la nieve" la anécdota transcurre en el sur del país y en Buenos Aires- una zona de su narrativa en donde la presencia de una geografía barrial porteña se entremezcla con hechos y situaciones inusitadas o fantásticas y alcanza ese clima fantasmagórico y extraño tan característico de algunos cuentos suyos y particularmente reconocible en sus novelas posteriores Diário de la guerra del cerdo (1969) y Dormir al sol (1973). Sobre ese Buenos Aires descripto en El sueño de los héroes, Bioy ha explicado que pudo concebirlo a partir de los recuerdos que tenía de la ciudad de la época de sus primeras salidas "con pantalones largos" antes del treinta. Después de Historia prodigiosa (1956), volumen de relatos en el que predominan motivos fantásticos, publica Guirnalda con amores (1959), un libro muy original que revela el gusto de Bioy por el aforismo, la reflexión metafísica, lo poético y el interés por los temas del amor y la femineidad. El lado de la Sombra (1962), El gran Serafín (1967) y El héroe de las mujeres (1978) bien podrían agruparse en relación a sus dos preocupaciones temáticas principales: el amor y lo fantástico. Y, obviamente, ese ha sido el criterio seguido por su autor al publicar en 1972 dos importantes selecciones de su obra cuentística: Histórias fantásticas e Histórias de amor.

EL ESCRITOR Y SU POETICA

Si algo caracteriza a Bioy son las reflexiones sobre su propia práctica de la literatura y sobre las convenciones de sus modelos más admirados. A veces anunciados explícitamente a través de notas críticas, prólogos y reportajes, o principalmente representadas en el espacio de sus ficciones, puesto que todo texto es de una u otra manera espejo de su propia normatividad estética. Entre los primeros, además del ya mencionado prólogo a la Antología de la literatura fantástica, Bioy realiza con Silvina Ocampo y Borges otras selecciones sobre textos fantásticos, policiales o gauchescos y escribe notas preliminares a las reediciones de algunos autores clásicos. Puede mencionarse entre otros trabajos a Los mejores cuentos policiales (1943); Cuentos breves y extraordinarios (1955) y "Prosa y verso de Francisco Quevedo"; Los orilleros y El paraíso de los creyentes (1955). Por eso no es casual que muchas veces Bioy Casares, refiriéndose a algunas de sus ficciones, destaque que la anécdota se le ocurrió en determinada circunstancia o simplemente "le fue sugerida" por alguna de sus amistades literarias. También se ha dado el caso de que alguna de las histórias de sus novelas haya sido divulgada mucho antes de que el texto se escribiera, como por ejemplo "el argumento" de El sueño de los héroes que, según O. Kovacci, Bioy Casares habría contado a Carlos Mastronardi unos diez años antes de la aparición de la novela. Otro aspecto que en este escritor aparece estrechamente ligado a los núcleos semánticos de su obra narrativa es la preocupación por la temporalidad y la inmortalidad. La obra literaria o el arte en general, desde su perspectiva, pueden ser una manera de acceder a la perpetuidad: "el libro es siempre la posteridad del escritor -dice en el prólogo a una edición La Celestina-. Perderse y perdurar en la obra, declarar, con su propio destino, todo lo que hay de triste, de bello, de terriblemente justo. En el interior de sus ficciones estos aspectos de su poética que venimos señalando pueden observarse en algunas constantes como la preponderancia entre sus personajes de escritores o poetas. Así sucede en "El perjurio de la nieve", "Homenaje a Francisco Almeyra", "El otro laberinto", "De los reyes futuros", "En memoria de Paulina", o La invención de Morel. No es en realidad casual que la estructura del relato de enigma sea la que le permite desarrollar una sólida línea argumental y hacer del acto mismo de narrar una aventura del conocimiento, del deseo de develar lo enigmático, lo misterioso, y es aquí donde la presencia de lo fantástico cobra también una significativa dimensión.

Por otro lado la concepción de alcanzar por parte del escritor la inmortalidad a través de la literatura o el arte es en Bioy más que una acendrada creencia la posibilidad de un anhelo, si es que como una metáfora general del escritor y sus obras podemos interpretar -o leer esa Invención de Morel, de captar con su invento un fragmento del mundo y del tiempo -creando a la vez una realidad distinta: la materialidad de un mundo de imágenes y de incluirse a sí mismo en ese espacio de lo atemporal y lo perenne.

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En La invención de Morel, repite los actos realizados por todos ellos durante -una determinada cantidad de días- se conecta con una visión cíclica del tiempo o del mito del eterno retorno. Sin embargo, a pesar de este prodigio, el relato logra fascinar a sus lectores mediante la narración de la percepción de esos sucesos: es a través de la óptica personal de un fugitivo que llega a la isla que se va develando la verdadera dimensión de las acciones en el relato. Pero esta no es la única visión, sino que en el desarrollo del discurso narrativo se superponen distintas perspectivas: están las impresiones que Morel ha fijado en su diario y que el fugitivo lee y además, la de un editor, que es quien en última instancia tiene acceso al diario del fugitivo o ex presidiario y del manuscrito de Morel reproducido ese mismo texto. Estos desdoblamientos de las voces narrativas, de los sujetos de la enunciación, producen, por una parte, un efecto de ambigüedad o la posibilidad de distintos sentidos y por otra supone la narración de una percepción del universo de la ficción como eje semántico del relato.

Un tratamiento similar en cuanto a los aspectos del relato puede señalarse en los cuentos

"El perjurio de la nieve" y "La trama celeste". La multiplicidad de puntos de vista en la escritura de Bioy se conecta sin duda con la estructura de la novela de enigma y con la incidencia de lo fantástico; pues, como en los relatos policiales clásicos, en sus ficciones se narran dos histórias: la de los sucesos enigmáticos o extraordinarios que conforman la anécdota y la historia de su investigación.

El empleo del lenguaje coloquial y el manejo irónico de ciertos mitos porteños y nacionalistas abren otra perspectiva de su narrativa y en este relato adquiere un sesgo original si se tiene en cuenta que se publica poco antes de la llamada revolución del 55.

En el Diario de la guerra del cerdo, fantasía y realidad se compenetran en un Buenos Aires que se circunscribe a las calles de un Palermo, de conventillos, petit hoteles y almacenes-bar. La violencia inexplicable ejercida por las generaciones jóvenes contra inofensivos ancianos o hacia quienes se encuentran en la antesala de la vejez, no solo es el nudo conflictivo de su historia sino una sutil alegoría de un mundo crispado en sus tensiones sociales y tradicionales escalas de valores. Aunque más humanista que escéptico, Bioy opone a las situaciones límites la posibilidad del amor como aparece planteado en el desenlace de esta novela. Muchos cuentos suyos narran histórias de amor, aunque en un registro de refinado e ingenioso humorismo. El héroe de las mujeres, su último libro de cuentos publicado en 1978, reitera con su conocida capacidad narrativa algunos de esas constantes temáticas de carácter fantástico y sentimental.

"El otro laberinto", casi una nouvelle, en su exploración del tiempo y el espacio -esa posibilidad de la ausencia del transcurso: la eternidad y lo simultáneo- roza también lo sentimental; en cuanto a la complejidad de las visiones y a su construcción narrativa, en el mismo registro de los mejores cuentos de esta época como "La trama ¨celeste" y "El perjurio de la nieve".

En Historia prodigiosa (1961) encontramos una dimensión satírica, desbordante y fluida, respecto a las supersticiones y a las convenciones de las creencias en milagros y herejías, en mitos y leyendas. Lo sobrenatural, lo fantástico se amalgama aquí con un tono incisivamente burlesco. En "La sierva ajena" la ironía que se alterna con los juegos paródicos hace recordar los mejores momentos de Seis problemas para Isidro Parodi, que escribe con Borges. Pero aquí se parodia una poética intimista y melancólica que bien podría identificarse con la llamada generación del cuarenta. Asimismo, el espacio elegido es Buenos Aires: la acción se desarrolla en zonas del Once, el Tigre, el Bajo, la calle Corrientes, Santa Fe. También el amor, la pasión, se desenvuelve en situaciones satíricas. Esta linea paródica recorre casi toda la obra cuentística de Bioy Casares y tiene textos muy significativos. La misma visión frente al peronismo asoma en otros textos en referencías breves pero directas respecto a las circunstancias históricas.
Aunque en su último libro de cuentos se reiteran algunos de estos motivos característicos de su narrativa, Bioy Casares elige, para el relato que da título, el ámbito rural, el distanciamiento humorístico, logrando satirizar con su habitual maestría algunos tropos de la literatura fantástica, especialmente en la que se inscriben sus primeros textos.

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