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Es
conocido, que la mayoría de los inmigrantes a estas tierras fueron de origen
Sirio y Libanés. La mayor
ola inmigratoria se produjo a principios de este siglo a causa de la primera
guerra mundial, siguió luego con la segunda guerra, que trajeron a esos países
inconvenientes en su aspecto económico y social, además de problemas políticos
y culturales, los que colaboraron a una mayor inmigración. Los primeros inmigrantes eran jóvenes campesinos. Llegaban con documentación Turca primero, siendo recibidos en el puerto de Buenos Aires por el Consulado Turco, único en aquella época. (Es por ello, la errónea denominación de* Turcos* a los descendientes de Árabes) No existiendo para esos inmigrantes consulado de sus respectivos países. Algunos años después llegaron con documentación Francesa, todos ellos inducidos por el deseo del progreso y la aventura. Llegaban a
un nuevo mundo lejano y extraño en todos sus aspectos (idioma, religión,
costumbres, etc.) A llegar
esta primera generación de inmigrantes a la vejez, sus hijos heredaron sus
riquezas en algunos casos, y su buena conducta, no así su condición religiosa
islámica, debilitada por los innumerables problemas de subsistencia que
padecieron desde su llegada. El entorno cotidiano, la carencia de una sólida base religiosa, la falta de escuelas árabes, los medios de difusión, etc. hicieron que muchos hijos de la Comunidad, se integraran y fueran absorbidos totalmente por la nueva sociedad, llegando en algunos casos a cambiar su religión. Tal pérdida
no fue por motivos voluntarios o por propia elección, sino como resultado del
medio de vida y la ausencia de elementos que preservaran su origen. Desenvolviéndose
los más pequeños en ambientes no islámicos, imitando a sus compañeros
y amigos. Algunos se
agruparon para crear entidades, clubes o centros, quizás para conservar su
identidad árabe y conmemorar las fechas patrias de sus respectivos países. Con
el tiempo, fueron cambiando los objetivos de estas asociaciones, comenzando a
tomar un perfil más religioso; este fue el comienzo de las sociedades
religiosas, las que en su mayoría se mantienen hasta nuestros días. De acuerdo a datos extraoficiales, el número de fieles en la Argentina es de aproximadamente 700.000.- De los cuales 160.000 viven en la Capital Federal y alrededores, y el resto diseminados por todo el país, existiendo concentraciones importantes en zonas como: Córdoba, Mendoza, Tucumán, Rosario, etc.
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