Situación en Rosario

 En lo referente a la ciudad de Rosario, las siguientes cifras demuestran el acelerado crecimiento urbano que se produce con el fenómeno inmigratorio: en 1869 había 26.169 habitantes y en 1895 ascendían a 90.000 y para el año de inicio de la Primera Guerra Mundial, 1914 el censo señalaba 225.000 habitantes.

  Los ingresantes en Rosario por vía fluvial encontraban albergue en el Asilo de inmigrantes sito en la calle Urquiza 22, pero a pocos días de llegar será el Conventillo la Vivienda de la mayoría que llenaba los patios centrales con el bullicio y la confusión de los diferentes idiomas y costumbres. El censo del año 1900 consignaba 1.188 conventillos o inquilinatos de cinco habitaciones o mas, a los que se agregaban 116 casas de alojamiento. Algunos nombres de conventillos famosos y populosos fueron “Los 400 cuartos” en el barrio Refinería que tenia 95 habitaciones para 370 personas, o también en el mismo barrio “El Atrevido”, “El rápido”, “El Conventillo de Bachicha”. En la zona céntrica fue muy conocido “El conventillo de La  Paloma” de Córdoba al 1600.

  Pero no todos eran habitantes humildes en Rosario, fue surgiendo una pujante burguesía paralela al desarrollo edilicio y de otras modernidades como el agua corriente desde 1888, o el alumbrado publico que hacia 1910 fue dejando de ser a gas para ser eléctrico. (Para  1910 se constatan 4938 familias que contaban con luz eléctrica en sus casas).

   El paisaje rosarino se fue reverdeciendo con el emplazamiento de plazas como la 25 de Mayo o la general Paz (actual  Plaza Pringles). La construcción del Parque Independencia, con su lago y la Montañita, iba a significar mucho para la vida de los rosarinos de las primeras dos décadas del siglo, desde su inauguración en 1902.  

  Las calles se fueron pavimentando con adoquines de piedras al ir deteriorándose los pavimentos de madera. Hacia fines de siglo los tranvías irían extendiendo sus recorridos por la ciudad, al son del trote de los caballos que los traccionaban.  En las calles de las ciudad, sobre todo entre 1900 y 1920, convivirían con el tranvía los antiguos medios de transporte del siglo anterior, desde el caballo a los coches de tracción a sangre, a los que se agregaban las primeras bicicletas y, en poco mas, los primeros automóviles.

  La novedad, sin embargo, con sus estrafalarios ruidos iniciales, la constituirían los automóviles. Los primeros que transitaron por la cuidad irrumpiendo en sus calles en el inicio mismo del siglo XX, casi 40 años después del momento en que Etienne Lenoir logra poner en marcha un motor de su construcción instalado en un carruaje. En 1904, por ejemplo, podía adquirirse un Studebaker, un nash, un Buick o los novedosos Chevrolet y Oldsmobile. (Aparece en 1908 el Ford T), y entre 1910 y 1930 un Fiat, un Daimler y Page, o un Dodge. Ya  cerca de 1930, aparecen los modelos imponentes como el pontiac 6 o el  Gran Paine.

 

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